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Por Andrés Krom - Color
apagado, aroma a crisis, sabor a poco. Si uno pudiera evaluar el presente
exportador de la industria vitivinícola como se cata un vino, las notas
revelarían un sector que, a pesar de su pujanza, ha perdido fuerza afuera,
sigue relegado frente a sus vecinos y sufre todavía la presión asfixiante de
una feroz carga tributaria.
Los números
presentados a finales de enero por el Instituto Nacional de
Vitivinicultura(INV) son elocuentes: durante el año pasado, el
volumen exportado pasó de 207,1 millones de litros a 192 millones, una baja del
7,3%. La exportación de vino blanco cayó 9,1% y la de color 7%, mientras que el
mosto concentrado sufrió un derrumbe particularmente violento del 40,8% hasta
61,6 millones de litros.
Según cifras
relevadas por el Centro Internacional de Comercio (ITC), en 2016 la Argentina
ocupaba la novena posición en un ranking de mayores exportadores de vino, con
una modesta cuota del 2,5%, equivalente a US$816 millones.
No es sorprendente
que Francia, Italia y España, países con una milenaria tradición vitivinícola
insertados en el mercado común europeo, concentraran el 56,6% de la facturación
del listado.
Sí resulta
llamativo para el lector no avezado la aparición de Chile y Australia en el
cuarto y quinto puesto, con ingresos de US$1900 millones y US$1700 millones y
cuotas del 5,7% y 5,3%, respectivamente. Al igual que la Argentina, estos
países tienen una corta historia en la exportación de vino pero han logrado, a
través de estímulos fiscales y acuerdos comerciales, multiplicar sus envíos y
hacer pie en mercados cada vez más influyentes, como el asiático.
Frente a este
escenario, los bodegueros argentinos empiezan a impacientarse. Saben que son
capaces de crear productos de excelencia y que el malbec nacional posee gran
renombre en el exterior. ¿Pueden dar el salto a la masividad o están destinados
a ser una rareza en las góndolas extranjeras?
Tropezón es
caída
La contracción del
7,3% experimentada por la industria el año pasado está lejos de ser un fenómeno
aislado. "Las exportaciones de vino cayeron 15% desde 2010", graficó
a la nacion Francisco Dopico, director de Relaciones Institucionales del Grupo
Peñaflor y vocero de Bodegas de Argentina, cámara que agrupa a las empresas del
sector. "A fines de los 90 se exportó mucho. Entre 2000 y 2010 se dio el
mayor crecimiento y llegamos a los guarismos de hoy, con 200 millones de litros
de exportación por 800 millones de dólares. Los inconvenientes comenzaron con
el cepo cambiario y los problemas macroeconómicos del país", añadió
Dopico.
En este contexto,
hay un producto estrella. "Cuando se habla de la Argentina se habla de
malbec y viceversa", comentó José Zuccardi, director de Bodegas Zuccardi
(la tercera exportadora el país) y presidente de la Unión Vitivinícola
Argentina (UVA). "Es el producto más emblemático pero luego tenemos
variedades que no están tan difundidas, como torrontés en blancas y bonarda en
tintas."
Con US$226
millones, equivalentes al 32,9% de la facturación total, Estados Unidos es el
principal destino de las exportaciones vitivinícolas argentinas. El top cinco
lo completaron Reino Unido, con US$101,7 millones (12,5% de los ingresos),
Canadá, con US$68,4 millones (8,4%), Brasil, con US$56,4 millones (6,9%) y
Países Bajos, con US$29,3 millones (3,6%).
Recién en el sexto
puesto aparece China, un país con tasas de consumo que lo ponen en camino a
convertirse en el segundo mayor mercado para esta industria en 2020. Según
datos oficiales citados por la revista Decanter, unos 745 millones de litros de
vino valuados en US$2788 millones llegaron a las aduanas chinas el año pasado,
cifras que representan una suba del 16,9% en volumen y de 18% en valor. Casi
US$1050 millones (el 37% de la facturación) correspondió a los vinos franceses,
mientras que Australia y Chile completaron el podio con US$682,4 millones (24%)
y US$266,9 millones (10%), respectivamente.
¿Y la Argentina? En
la décima posición, detrás de países como Sudáfrica, Portugal y Georgia. Sus
ingresos ascendieron a US$22 millones, una baja interanual del 4,5% que apenas
da cuenta del 0,7% de las compras chinas.
Competencia
desigual
De acuerdo a
Dopico, a esta situación hay que agregarle "cuestiones más globales de
cómo funciona el mundo del vino", donde competidores como Chile y
Australia acceden a mercados importantes en el extranjero sin pagar aranceles y
reciben estímulos públicos para la promoción internacional de sus productos.
"Lamentablemente, en la Argentina no contamos con un apoyo
equivalente", sostuvo.
Nuestro país tiene
una deficiencia fundamental a la hora de salir a competir con los productores
"del Nuevo Mundo", como se denomina en la jerga a los mercados que
funcionan por fuera de Europa: los escasos Tratados de Libre Comercio (TLCs) a
los que ha suscripto como integrante del Mercosur.
A la fecha, hay
acuerdos con Chile, la Comunidad Andina, Egipto e Israel, entre otros, pero las
tratativas con la Unión Europea están demoradas y la necesidad de un pacto con
China recién sería planteada en la próxima Cumbre de Asunción, que comandará
Uruguay en junio.
Australia, que
tiene un TLC con China desde 2015, experimentó una reducción del 14% al 2,8% en
las tarifas de importación de vinos, número que caerá hasta el 0% en 2019.
Durante el año pasado, registró un salto del 33,3% en el volumen exportado y
del 25,8% en el valor respecto a 2016. Chile y Georgia también poseen sendos
TLCs con China y vieron crecer 23,6% y 45,3% sus exportaciones en volumen a ese
país tan solo en 2017.
"Creo que una
buena acción del gobierno es tratar de lograr tratados de libre comercio con la
mayor cantidad de países posibles. Hoy Chile nos lleva una ventaja enorme en
Asia que es donde creemos que más va a crecer el mercado", señaló Gastón
Pérez Izquierdo, CEO de la bodega Catena Zapata, que exporta el 60% de su
producción.
Dopico, por su
parte, afirmó que la industria considera de suma relevancia la firma del acuerdo
entre el Mercosur y la Unión Europea, al que considera "el mejor mercado
de exportación" y las negociaciones del tratado de libre comercio con
México que comenzó a pergeñarse durante la visita de una delegación argentina a
ese país en agosto de 2017.
El juego de los
incentivos
En materia de
estímulos fiscales, el gobierno de Australia cuenta con tres programas de
subvenciones dentro del Paquete de Apoyo a las Exportaciones y los Vinos
Regionales, dotado de casi US$40 millones anuales y que tiene como objetivo
ayudar a los pequeños y medianos productores de vino a capturar oportunidades
de exportación en China y Estados Unidos. Además, el gobierno destinará US$10
millones adicionales por año a la promoción del enoturismo a partir de 2019.
Chile, país que
exporta el 80% de su vino (al revés de la Argentina, donde el grueso de la
producción se destina al consumo interno), no exige el pago de retenciones a
los bodegueros, que se benefician no solo de la aceitada red de acuerdos
comerciales de su país sino también de su baja inflación (2,3% en 2017, la
menor en cinco años) y el amplio acceso al crédito internacional.
Dopico sostuvo que
"de este lado de la cordillera, el escenario es bastante más
complicado". "El país no cuenta aún con una política de Estado que
promocione internacionalmente al vino argentino en el mundo. Nuestros
competidores cuentan con vastos recursos del sector público para posicionar sus
productos afuera. Nos debemos desde la industria un trabajo mancomunado con el
sector público para fijar una estrategia de largo plazo que permita ganar
mercados posicionando la marca del vino argentino", opinó.
"La verdad
que, como estímulos fiscales propiamente dichos, no tenemos muchos, más allá de
los reintegros en las exportaciones", dijo Carlos Fiochetta, gerente
general de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). "Hoy el único
incentivo específico en el caso del vino fraccionado son los reintegros, que
están 6% del precio FOB (Free On Board) y el vino a granel, que tiene 5,5%,
medio punto menos. En el mosto es de 6% y después está la uva en fresco y la
pasa que, si bien no son vínicos, tienen un reintegro del 3,5% y el 3%,
respectivamente", agregó.
A la hora de citar
iniciativas para el sector, el Ministerio de Agroindustria, comandado por Luis
Miguel Etchevehere, mencionó a la nacion las líneas de financiamiento
productivo lanzadas junto al Banco Nación, los $400 millones destinados a
combatir la Lobesia Botrana (una plaga que ataca el cultivo de vid) en Mendoza,
la excepción del pago de impuestos internos a la que se sumaron los espumantes
y el Plan Nacional de Promoción y Difusión del "Vino Argentino Bebida
Nacional", que busca promover el alicaído consumo interno, entre otras.
Asimismo, sus tratativas permitieron la apertura de 113 mercados para vino y
mosto, la reducción de aranceles para el ingreso del vino a Estados Unidos y
China y la aceleración del cobro de los reintegros de exportación e IVA
"hasta estar al día con las bodegas".
La cartera también
señaló que desarrolla "una intensa agenda de participación internacional
en ferias y rondas de negocios con empresas y posibles compradores en
diferentes países".
En este sentido, la
Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional detalló a este diario
la agenda de eventos para el sector: Vinexpo Nueva York (5 y 6 de marzo),
Prowein Dusseldorf (18 al 20 de marzo) y Vinexpo Hong Kong (29 al 31 de mayo),
además de la apertura de la tienda online montada en el sitio de Alibaba, el
gigante asiático del comercio electrónico.
Zuccardi relativizó
este punto: "Los presupuestos para la promoción que estamos manejando son
mayoritariamente privados, salvo algunos aportes de Cancillería a través de
Wines of Argentina (la entidad que difunde la marca e imagen país de los vinos
locales). En definitiva, el grueso de los fondos aportados vienen del sector y
nos toca competir con la Unión Europea, que subsidia toda la promoción en el
mundo".
Subsanar la
situación
Un estudio de la
Coviar y el Observatorio Vitivinícola Argentino encontró que la carga impositiva
en el proceso de producción, elaboración y venta de vino argentino en el
exterior alcanza, en promedio, un 20% para los vinos fraccionados y un 30% para
el granel del precio FOB.
Cabe recordar que,
a diferencia de los competidores, buena parte de la producción tiene lugar
lejos de los puertos, en la región oeste del país, especialmente en provincias
como Mendoza, Catamarca, Córdoba, La Rioja, Salta y San Juan. En este marco, el
costo de transporte comprende un 6,8% del precio FOB en fraccionados y del
11,1% en graneles. En promedio, los competidores pagan 40% menos por la
logística.
"El principal
desafío es encontrar la manera de reducir los costos de fletes, que impactan
muchísimo en la competitividad del sector", remarcó Pérez Izquierdo.
Para subsanar
parcialmente esta situación, Coviar presentó al Gobierno un proyecto para
aumentar en tres puntos porcentuales los reintegros con la meta de compensar el
costo adicional por impuestos en flete. La propuesta contempla llevar el
reintegro de vinos fraccionados al 9% y graneles a 8,5%.
En el sector, el
único incentivo específico es el reintegro a las exportaciones
"Un aumento de
los reintegros le implicaría al Gobierno un costo fiscal de US$30 millones,
pero lo que recaudaría por las mayores exportaciones duplicaría ese
importe", señaló una fuente de la industria que pidió no ser mencionada.
De acuerdo a la
Coviar, en 2016 se generaron más de 5700 puestos de trabajo en la producción de
la uva y 6800 en la elaboración del vino. A pesar de su origen agrícola, se
calcula que, por cada dólar facturado, aproximadamente 30 centavos corresponden
a valor agregado.
En el Gobierno
reconocieron que están analizando el proyecto. "Se está estudiando. Hoy el
Estado ya hace un esfuerzo de unos US$ 60 millones en reintegros a la
exportación y ha articulado los mecanismos para que las acreditaciones sean
casi inmediatas. Queremos compensar a quienes mayor esfuerzo hacen en el
agregado de valor", dijeron en Agroindustria.
"Tenemos
muchas posibilidades. No solo con el malbec. El mundo va seguir demandando
Cabernet, Chardonnay y otros varietales que en la Argentina tenemos y debemos
continuar desarrollando", comentó Dopico.
"Venimos de
años muy complicados -añadió Fiochetta- pero creemos que, con algunas
herramientas muy puntuales, el vino argentino tiene una potencialidad
increíble".
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