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Por Francisco
Jueguen - Cuando el 28 de diciembre el Gobierno anunció el cambio de metas de
inflación, también puso sobre la mesa -sin explicitarlos- una preocupación y
una intención. La primera surgía de los números: el Indec había difundido dos
días antes el dato del intercambio comercial argentino (ICA) de noviembre. Allí
ya se veía que el país tendría su mayor déficit comercial nominal histórico y
uno de los más altos en términos del PBI. Ante estos números, la intención
oficial fue evidente: devaluar para terminar con el atraso cambiario, mejorar la
competitividad e impulsar la actividad económica.
Un mes después, los
datos de 2017 mostraron un rojo comercial de US$8471 millones. Ayer, el Indec
confirmó que la tendencia se mantiene. El ICA de enero dejó un déficit de
US$986 millones, cifra casi 20 veces mayor a la del mismo mes de 2017 (-51
millones). Las importaciones crecieron 32,1%. Subieron tanto la compra de
bienes de consumo como los insumos para la producción nacional. Las
exportaciones avanzaron un 10,7%. Entre los rubros de mayor aumento estuvieron
biodiésel, oro y aluminio, bienes de escaso valor agregado. También mejoraron
las manufacturas de origen industrial (29,6%), en parte motorizadas por las
ventas de autos (15,7%).
Una coincidencia en
el sector privado es que el déficit preocupa, sobre todo porque es financiado
con colocaciones de deuda y no con inversión directa. Otra es que los problemas
del frente externo, una de las principales causas de las crisis económicas
argentinas, depende muchas veces de factores exógenos (por ejemplo, los movimientos
de tasa de la Reserva Federal y su impacto en las materias primas). La tercera
coincidencia entre los economistas es que el déficit comercial se extenderá en
el tiempo.
¿La diferencia?
Algunos consideran que la mejora de la economía mundial (sobre todo, Brasil),
el salto del dólar y el arranque de la reforma tributaria suavizarán el
déficit. Otros, en tanto, consideran que la amplia brecha entre importaciones y
exportaciones se profundizará en 2018, con la sequía entre otros factores.
En el Gobierno son
optimistas. En el Ministerio de Hacienda pusieron el énfasis en la mejora de
las exportaciones. "Alcanzaron su mayor valor paraun enero desde 2013 y su
mayor volumen, en cantidades, desde 2008", afirmaron. "Uno de los
principales factores de aumento fue la venta de manufacturasindustriales.
Crecieron 29,6% interanual, el mayor crecimiento desde agosto de 2011",
indicaron. Sobre el alza de las importaciones, dijeron que son un reflejo del
crecimiento.
"Los datos del
comercio exterior y de cuenta corriente preocupan. Es el gran talón de Aquiles
de la gestión en 2017. Un fenomenal déficit del sector externo, que llegó el
año pasado al 5% del PBI", afirmó Lorenzo Sigaut Gravina, director de
Ecolatina. "El déficit fiscal se estabilizó, pero el comercial creció
exponencialmente por el atraso cambiario, la mayor apertura y la mejora de la
economía", dijo el economista. Ecolatina proyecta que este año el déficit
comercial pasará los US$10.000 millones. En sintonía, para la consultora LCG
será de US$10.500 millones.
Lo mismo opinan en
FIEL. "Los números son preocupantes", indicó Juan Luis Bour,
economista jefe. Cree que el déficit llegará este año a US$13.000 millones,
impulsado, por la sequía en el campo. En tanto, el rojo de cuenta corriente
llegaría a 6 puntos del PBI. "La Argentina está en una posición delicada
en materia externa, por eso su prima de riesgo subió respecto de Brasil y de
México unos 60 puntos básicos", explicó.
"Es un tema
para poner una luz amarilla. Si no, te puede condicionar", advirtió Dante
Sica, director de Abeceb, que estimó, sin embargo, que este año el déficit será
menor porque Brasil crecerá cerca de 3% y el tipo de cambio va a mejorar algo
la competitividad. "Vamos a tener que convivir los próximos años con
déficit, porque la minería y la energía, por ejemplo, traccionan mucho en
contra y ahora se van a recuperar", dijo. Y agregó: "El país necesita
mejorar la competitividad sistémica y tener estabilidad institucional. Para eso
se necesita tiempo".
Por su parte,
Marcelo Capello, economista jefe del Ieral, es un poco más optimista: "Un
mayor tipo de cambio alienta exportaciones y desalienta importaciones. Además,
en un 2018 en que los salarios difícilmente le ganen a la inflación, no habría
una mejora en el consumo masivo, y eso puede desacelerar levemente las
importaciones".
De todas maneras,
señaló que se requiere mayor énfasis en alentar las exportaciones, "como
política de Estado, y generar mayores incentivos para el turismo interno, que
ayuden a mejorar la balanza de servicios".
"Creo que este
año se van a recuperar los productos primarios porque bajarán las retenciones a
la soja. Pero habrá que ver qué pasa con la sequía", advirtió Marcelo
Elizondo, director de DNI. El experto indicó que las exportaciones a Brasil se
van a recuperar y remarcó la buena noticia del alza de las manufacturas
industriales. Elizondo afirmó que las importaciones crecerán entre 7 y 8% este
año, mientras que las exportaciones subirán apenas 5%, y pidió estar atentos a
las decisiones de la Reserva Federal sobre las tasas de interés y su impacto en
las commodities.
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