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Por Martín Torino - Ante el temor por el impacto político de la caída de
expectativas en la ciudadanía, el Gobierno salió a apurar números económicos
favorables en busca de mejorar la relación con la población y persuadirla de
que "vamos a estar mejor". En esa línea, el jefe de Gabinete, Marcos
Peña, buscó instalar el fin de semana que la Argentina acumula 7 trimestres
seguidos de crecimiento económico, a pesar de que todavía falta para que termine
marzo. Tras la apertura de sesiones en el Congreso por parte del presidente
Mauricio Macri con pocos datos que avalen una mejora de la macro, desde el
Gabinete aprovecharon la Fiesta de la Vendimia en Mendoza donde expusieron
números positivos y apostaron a la mirada en el futuro.
Al Gobierno lo recibieron con críticas por los impuestos a los vinos
espumantes en el desayuno de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), el
sábado. Allí el jefe de Gabinete respondió con un discurso que apeló a las emociones
más que a los argumentos. En plena Vendimia pidió a los argentinos
"enamorarnos del futuro que estamos construyendo" y pidió más
"entusiasmo", en un discurso en el que parecía pedir más confianza a
la gestión nacional, luego de que las encuestas mostraran una renovada caída en
las expectativas. Esta es la línea que está siguiendo el Gobierno y que supone
dejar de lado un discurso más confrontativo como el de la herencia recibida del
kirchnerismo.
Tan urgido de emocionar a los oyentes en su visita a Mendoza, Peña salió
a apurar datos que todavía no se concretaron, como que el país ya acumula 7
trimestres seguidos de crecimiento. El jefe de Gabinete no esperó a que termine
marzo y asumió que los datos de enero y febrero le marcan una tendencia favorable.
"Las cosas están mejor y van a estar cada vez mejor", señaló en un
mensaje que parece la continuación de la línea esgrimida por Macri en el
Congreso, al afirmar que "lo peor ya pasó". Pero que también parecía
la respuesta al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, que unos minutos
antes, y en el mismo escenario había pedido que "las cosas empiecen a
estar un poco mejor".
El planteo del mandatario peronista consiente en que si bien a largo
plazo el camino adoptado por el Gobierno es el correcto, reclama que se atienda
a las economías regionales también en el corto plazo. Lo mismo le enrostró a
Peña el gobernador aliado de Mendoza, Alfredo Cornejo, cuando planteó reclamos
del sector vitivinícola: "el Gobierno tiene buenos argumentos para bajar
el déficit fiscal, pero espero que tengan en cuenta los argumentos mejores que
planteamos desde el sector", apuntó.
Peña evitó responder puntualmente los reclamos. Sólo pidió dejar de lado
"las mezquindades" y trabajar juntos "con mística", en un
discurso que se focalizó en el futuro. El más duro fue el ministro de
Producción, Francisco Cabrera, quien desde Mendoza, antes del desayuno de
Coviar, señaló que "lo que no vamos a hacer es castigar a todo el pueblo
argentino para enriquecer a empresas grandes".
Cabrera había llegado a Mendoza un día antes y participó del Foro de
Inversiones provincial, donde desplegó una serie de datos para convencer al
público de que la macroeconomía va por buena senda, tal como hizo luego Peña.
Por ejemplo, aseveró que la inversión representó el 20% del PBI en 2017. Y
habló del déficit comercial pero con una óptica optimista. "El nivel de
importaciones en equipamiento ha sido récord en 2017, lo que muestra el índice
de confianza del empresariado argentino, invirtiendo y preparándose para una
economía más competitiva", aseveró. Además, reconoció una retracción del
2% en el consumo masivo. Pero Cabrera lo atribuyó a un cambio de paradigma. La
lógica es la siguiente: el Gobierno indica que el salario creció por sobre la
inflación, pero la población prefiere invertir en bienes de consumo durable
gracias a las oportunidades que ofrecen los créditos hipotecarios. De ahí que
resalten las transacciones en propiedades, autos y motos, tal como hizo el
propio Presidente en el Congreso el 1 de marzo.
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