|
Por Sabrina Corujo
- Jerome Powell, Donald Trump y la continuidad de un clima de alta
incertidumbre resultaron ser un combo que los mercados no lograron digerir con
éxito la semana que pasó. No se cree igualmente que haya sido un movimiento
sorpresivo. Se adelantaban semanas complejas, en las cuales, en el mejor de los
casos, una definición de la tendencia de corto por una lateralización debería
ser bienvenida. En consecuencia, una coyuntura a la que se debería, al menos,
tenerle respeto, y en la que la volatilidad sería una variable que no
desaparecería.
En tanto, las
estrategias de trading -que no son para cualquier tipo de
inversor- serían las estrellas. Una última diferencia relevante quizá con
respecto a 2017, y que prácticamente obliga a aquellos que no se sientan
cómodos en esa posición (o en otras palabras, que no sean inversores
cardíacamente aptos) a adoptar posiciones más conservadoras, en las cuales una
mayor selectividad apoyada en los fundamentals vuelve a ser un valor agregado
dentro de las carteras.
De hecho, la semana
que pasó lleva a recordar estos conceptos, y la razón es simple: en un marco en
el que la volatilidad volvió a dispararse, arriba del 20%, los principales
índices americanos cerraron con rojos de entre 1,5% y 3,5%. Movimiento que
imitó el resto. Europa perdió entre 3% y 3,5% en dólares, y la región, hasta
5,5%. Para el Merval, puntualmente, el balance fue negativo en poco más de 4%,
reflejando una diferenciación creciente entre acciones. Los papeles líderes se
movieron así entre 10% y -12,5%.
Ahora está claro
que si la caída fue generalizada no se le puede echar la culpa a lo propio. De
hecho, en la actual coyuntura cualquier movimiento brusco desde Wall Street
puede volver a arrastrar al resto. Esto último, en especial, cuando lo nuestro
parece al menos no sumar mucho de muy corto plazo.
En este marco, si
lo que se busca es encuadrarse respecto de las próximas ruedas y/o semanas, se
cebe hablar en líneas generales de un techo que, casi seguro, se encuentra por
debajo de los máximos de fines de enero, y un piso en los mínimos observados en
febrero o un poco más arriba. Es más, respetarlo o no volver a testearlo en el
corto plazo sería leído como una buena señal.
Algunos niveles
claves para monitorear en el S&P500 en lo inmediato se ubican en los 2645 y
los 2620 puntos, o en su defecto, entre 2565 y 2575 puntos. El viernes se ubicó
en 2675 puntos. Si lo que miramos es el Merval, encontramos en primer lugar la
zona de los 29.750-30.000 puntos, o, en el peor de los casos, entre los 26.000
y los 25.300 puntos. Cerró la semana en 31.914 puntos. Un cruce ya de esos
niveles en el actual escenario no solo podría llevar a profundizar la
corrección, sino a poner cuestionamientos más importantes sobre la tendencia de
fondo, que se mantiene positiva.
En tanto, si se
busca identificar los temas que afectaron al mercado en la semana, lo primero a
decir es que no son nuevos. De hecho, la expectativa de cierta mayor
agresividad por parte de la Fed se había ya disparado desde las presiones
inflacionarias crecientes, por lo que el testimonio del presidente de la Fed
ante el Congreso americano, en el mejor de los casos, lo ratificó. Incluso,
como punto a favor de las cotizaciones, fue hasta bastante " dovish"
(suave) en su visión.
Ahora, hablando de
republicanos, el que sí dio la "excusa" perfecta para recordar que el
mercado no es más el de 2017, fue ni más ni menos que otro presidente. Polémico
primero, y desafiante después, Trump anunció fuertes aranceles impuestos por
Estados Unidos al acero y aluminio. Vale recordar que el último antecedente de
una imposición de este estilo de aranceles fue durante la primera presidencia
de George W. Bush, en marzo de 2002.
En consecuencia, y
sin mucho para analizar, lo que volvió a renacer ante tal acción es la
posibilidad de una guerra comercial en el mundo. En realidad, un riesgo
probable desde hace tiempo, pero mayor ahora ante algo más concreto que antes,
que igual deberá confirmarse. En otras palabras, una historia que continuará, y
que nació incluso antes de la asunción de Trump.
Seguirán así
llegando, en las próximas ruedas, análisis sobre las posibles reacciones e
impacto del anuncio, junto con la atención sobre otros temas políticos de
Europa (básicamente, elecciones en Italia, y definición de Alemania).
Se puede decir,
incluso, que a falta de catalizadores firmes positivos -como podrían ser los
resultados corporativos, o el impulso de la actividad económica-, los ruidos
políticos podrán volver a ser un driver de peso. Sin olvidar,
lógicamente, la agenda que en lo externo marcará como clave (y en especial,
luego de lo sucedido en el mes pasado) el informe de empleo referido a febrero.
|