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Por Verónica Dalto
- El cambio de política monetaria hacia el doble objetivo de bajar la inflación
pero también cuidar el nivel de actividad evitó un deterioro de los déficits
gemelos desde 11,1% a 11,5% del PBI, según una estimación hecha por el Estudio
Broda, debido al alivio en las cuentas externas generado por la devaluación del
peso.
En tanto, espera
que el gobierno sobrecumpla la meta fiscal en 0,2% del PBI, ayudado por la
renta que generan las colocaciones tempranas de deuda a plazo fijo en el Banco
Nación, aunque elevará en la misma proporción el déficit cuasifiscal del BCRA.
La jefatura de
Gabinete impulsó en diciembre una modificación de la metas de inflación y con
ello de la política monetaria, la cual pasó a tener un objetivo dual: dinamizar
la actividad y desinflar la economía, según la visión del estudio.
El nuevo esquema de
política económica viró a apuntalar el nivel de actividad, relajar las metas de
inflación, una gradual reducción del déficit fiscal financiado con
endeudamiento externo pero también más emisiones en pesos y una administración
cambiaria (flotación entre bandas).
Antes, el gobierno
promovía la desinflación, el endeudamiento externo y la flotación cambiaria con
un peso más apreciado por la tasa de interés real.
Si bien el giro de
la política económica elevó las expectativas de inflación a 19,9% y quitó
independencia al BCRA, para el Estudio Broda lo positivo es que ha corregido
parte del problema de la sobrevaluación del peso y el país se ha alejado de una
eventual crisis gatillada por el desequilibrio externo. También pondera el
hecho de que el Gobierno esté buscando aumentar el financiamiento en
pesos".
Según este
análisis, los déficits gemelos iban a avanzar hacia 11,5% del PBI este año, y
ahora prevé que se mantenga en 11,1%, como en 2017. En el marco de un peso más
depreciado, será menor el rojo de la balanza comercial y el déficit de cuenta
corriente del balance de pagos. También puede atenuarse un poco el drenaje de
divisas producto del gasto de turismo en el exterior y la demanda de dólares
para atesoramiento. A pesar de la sequía, que, estimó, costará 0,7 a 0,8% del
PBI.
Según el estudio,
el déficit en cuenta corriente iba a crecer entre 5,5 y 6% del PBI antes del
cambio de política y ahora prevé que acabe en 5,4% del PBI, desde el 5% en que
terminó en 2017. Supone que la mejora cambiaria en vez de llevar el déficit
comercial a u$s 13 mil millones este año, lo dejará en 10 a 11 mil millones de
dólares, desde u$s 8471 millones de 2017.
Ingresos fiscales
adicionales
Respecto del
déficit fiscal, prevé un rojo primario en línea con el oficial (3,2% del PBI),
aunque no descartó que se sobrecumpla la meta a un 3%.
Según los cálculos
del Estudio Broda, el fisco podría obtener ingresos adicionales, por 0,2% del
PBI, por rentas de la propiedad que le ayudarían a cumplir la meta fiscal. El
análisis parte de una observación: el Tesoro colocó a plazo fijo en el Banco
Nación los ingresos que obtuvo por las colocaciones tempranas de deuda, pero
que todavía no ha tenido que gastar. Los depósitos oficiales subieron $ 224.594
millones en el primer bimestre. Y eso generará una renta de $ 24.705 millones a
180 días, lo que mejorará el resultado primario en 0,2% del PBI.
El problema, sin
embargo, lo tendrá el BCRA, porque el déficit cuasifiscal se deteriorará 0,2%
del PBI. Se debe a los intereses ($ 23.590 millones) que deberá pagar la
entidad monetaria por el incremento en el stock de Lebac para esterilizar la
expansión monetaria por la compra de dólares al fisco.
Para este año, el
Estudio Broda espera que ascienda a 5,7% del PBI. Al sumarle el resultado
fiscal de las provincias (1,1% del PBI) y el cuasifiscal del BCRA (2,4%),
alcanzará 9,2% del PBI.
El problema será en
2019, porque para esa fecha ya no habrá muchos más subsidios para recortar (el
área que permite realizar el mayor esfuerzo fiscal). El punto adicional de rojo
primario deberá reducirse del gasto social o en infraestructura.
El análisis que
hacen los economistas del Estudio Broda sobre el manejo fiscal no es tan duro
como el de aquellos que reclaman un ajuste más profundo. Admiten que el
Gobierno hizo un esfuerzo de reducir la presión tributaria (ingresos cayeron
1,3% del PBI) y el gasto primario (que se redujo 0,9%) en 2016 y 2017, pero
subió el déficit fiscal (1,4% del PBI), luego de que los intereses avanzaran 1%
del PBI.
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