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Por Claudio Zlotnik - La visita de Christine Lagarde a Buenos Aires
ya provocó corridas y tensiones varios días antes de su llegada.
No por su apretada agenda, que ya fue prolijamente diseñada hace varias
semanas. La jefa del Fondo Monetario Internacional suele seguir una dieta
rigurosa que mantiene durante sus viajes y es fanática de la natación.
No se hospeda en hoteles sin piscina. Quienes la trataron aseguran quesuele
moverse como una estrella de rock.
Pero no será solamente por las exigencias de su estadía que mantendrá
ocupados a los funcionarios. Sobre todo, porque en esta ocasión recibirán de
parte de su máxima autoridad el mensaje que el FMI viene
insinuando desde hace tiempo sobre la Argentina.
¿Cuál es ese mensaje? Que los planes gradualistas también tienen
riesgo de fracaso y que los números que el Gobierno proyecta sobre inflación, déficit
fiscal y crecimiento de la economía pecan de optimistas.
Lagarde llega al país en el marco de la cumbre de ministros de Economía
y presidentes de Bancos Centrales del G20, en la cual la Argentina tiene la
presidencia temporaria.
Se encontrará con el presidente Mauricio Macri, con el ministro de
Hacienda, Nicolás Dujovne y también visitará la oficina de Federico
Sturzenegger, el titular del Central.
Será la primera vez en 15 años que un director gerente
del FMI arriba a
la Argentina. La última fue en un contexto bien distinto; allá por 2003,
cuando Horst Köhler se trasladó para juntarse con el recién asumido Néstor
Kirchner.
En aquel momento, el alemán quiso saber de primera mano cómo se las
ingeniaría el país para salir del default. Historia conocida: el vínculo
se rompió definitivamente un par de años después, cuando Kirchner saldó la
deuda con el FMI de un saque,
aprovechando el boom de la soja y las rebosantes reservas del BCRA.
Próxima a cumplir siete años al frente del organismo, Lagarde asumió en
el Fondo Monetario en un intento por reconstruir la confianza de la
comunidad financiera internacional tras la explosión de la crisis global.
No la tuvo (ni la tiene) fácil. Ingresó en plena ebullición de la
economía griega. Entre sus pares ganó cierto prestigio personal, en
reconocimiento a sus afirmaciones sobre que las turbulencias globales han
desaparecido y que las principales economías vuelven a crecer.
Sin dudas, la reputación del Fondo ganó varios lugares en la Argentina a
partir de diciembre de 2015. Para la administración Macri, el FMI juega un rol
clave en la comunidad financiera.
Ya forma parte de la galería del pasado los contrapuntos entre Lagarde y
Cristina Kirchner, como el de 2012, que fue el más áspero.
Fue a partir de los dichos de la francesa, que comentó que le había
puesto "tarjeta amarilla" a la Argentina por la intervención
al INDEC. Y amenazó con sacar la tarjeta roja, que hubiese sido la
expulsión del país del FMI.
Cristina le respondió, con dureza. En un discurso en la Organización de
las Naciones Unidas dijo: "Mi país no es un equipo de fútbol, es una
nación soberana que toma decisiones soberanamente y no va a ser sometida a
ninguna presión. Y mucho menos a ninguna amenaza de que, si no hace tal cosa,
se le va a poner una tarjeta roja".
De las palabras a los hechos
¿Cuál es la relevancia del FMI, hoy en día, para
la Argentina? Sin un programa formal, la injerencia del organismo es más
reducida que la de los tiempos en que se firmaban las cartas de intención
y los célebres "préstamos stand by".
Claro que esto no significa que el Fondo no sea capaz de ejercer
influencia por otras vías más sutiles que cuando era el principal acreedor del
país.
En primera instancia porque este Gobierno, empezando por Dujovne, está
convencido de que, de ser necesario, el FMI podría
convertirse en un protagonista, si el contexto global se torna complicado, como
parece que está ocurriendo.
Incluso, semanas antes de asumir como ministro, el propio Dujovne dejó
trascender que "si el mundo se complica en lo financiero, más que hacer un
ajuste fiscal no va a quedar otra que acudir al FMI".
Queda claro cuál sería la actitud en caso si el panorama mundial
continúa deteriorándose con el consecuente encarecimiento del crédito para el
país. Es por eso que, en el actual contexto, aquella frase es extrapolable a
estos días.
La visita de Lagarde no sólo adquiere importancia si se miden solamente
las intenciones. Ni en las hipótesis. Es sumamente relevante a raíz
de los últimos hechos que rigieron la política argentina.
Varias de las medidas clave que el Gobierno impulsó en los últimos meses
habían sido previamente recomendadas por los técnicos del Fondo. Por ejemplo:
1. Jubilaciones: cambiar la fórmula de actualización
Tal insinuación figuraba en el denominado Artículo IV, un extenso
informe sobre las cuentas públicas del país.
La propuesta fue incluida en un proyecto de ley, finalmente aprobado en
el Congreso, en medio de una crisis política con violencia en las calles y
cacerolazos.
2. Sin gradualismo en las tarifas
En sus sugerencias, el FMI incluyó una
quita de los subsidios a las tarifas de los servicios públicos.
El objetivo es más que claro: la reducción del déficit primario, algo
que el Gobierno viene cumpliendo a rajatabla.
3. No al atraso cambiario
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tarifas y combustibles
En el último reporte, comandado por el economista italiano Roberto
Cardarelli, se apuntó que "el tipo de cambio efectivo real está
sobrevaluado dentro de un rango de 10% al 25% en comparación con el nivel
implícito en los fundamentals de mediano plazo y las políticas deseables".
Tras esta referencia, conocida a fines del año pasado, el Gobierno
impulsó la suba del dólar tras la corrección de la meta inflacionaria.
Hoy día, el atraso cambiario es sensiblemente inferior. A tal punto, que
el Gobierno afirma que ya se encuentra en un nivel óptimo.
4. Acelerar la reducción del gasto público
El board del organismo volvió a insistir en que el Estado necesita
ajustar aun más el nivel de erogaciones. Y sin demasiados eufemismos puso la
lupa en cuestiones sensibles.
"Es esencial reducir los gastos, especialmente en áreas en las que
ha aumentado muy rápidamente en los últimos años, como los salarios,
pensiones y transferencias sociales", reclamó en el mencionado Artículo
IV.
"Una reducción anticipada del gasto del Gobierno -que apunta a una
eliminación del déficit primario para 2019- permitiría una combinación de
políticas más equilibrada y crearía el espacio para una reducción de la
carga impositiva", mencionó el FMI.
Agregó que "las medidas clave" que se pueden tomar para
racionalizar el gasto incluye la reducción del empleo público. "Entre 2006
y 2017, dos tercios del aumento del 4,5% del PBI en la masa salarial refleja un
mayor empleo a nivel provincial".
La propuesta de los técnicos es que, en lo que queda del mandato de
Macri, el Estado deje de incorporar agentes, con lo cual se lograría un
ahorro equivalente a un punto del Producto.
También en este ítem, los anuncios del Gobierno sobre una disminución en
el organigrama y el congelamiento del gasto en la administración van en el
sentido de las recomendaciones del Fondo.
¿Qué se puede esperar?
En el Palacio de Hacienda dan por descontado que cuando Lagarde se encuentre
con Dujovne, los argumentos de la dirigente francesa serán similares a los que
viene exhibiendo cada vez que se refiere a la Argentina.
Por un lado, habrá elogios al rumbo político. Por otro, un fuerte
mensaje de advertencia sobre los costos ocultos del "gradualismo".
Es lo ocurrido hace un mes, cuando el FMI destacó el
"progreso realizado en la transformación sistémica de la economía
argentina, incluidos los esfuerzos para reconstruir las instituciones y
restaurar la integridad, la transparencia y la eficiencia en el gobierno".
Y, a continuación, hizo hincapié en la agenda por venir: la
mencionada reducción de la inversión pública; la necesidad de extremar los
esfuerzos por disminuir la inflación y la
advertencia por el crecimiento de la deuda estatal.
La última referencia del Fondo al panorama inflacionario de la Argentina
fue hace dos meses durante el encuentro Lagarde-Dujovne en el marco de la
cumbre de Davos.
En aquel momento, la mención tuvo que ver con la suba de los precios. La
explicación oficial fue que el indicador se encuentra permeable al ajuste de
las tarifas y al impacto de "segunda vuelta" de esos aumentos en los
demás bienes y servicios.
En ese sentido, el ministro de Hacienda dirá que la inflación "se
desplomará" a partir de mayo, de acuerdo a lo que
adelantaron fuentes oficiales a iProfesional.
Los otros temas que el FMI pondrá en
agenda son conocidos:
5. Reforma laboral
El organismo hará hincapié en este tema para que bajen los costos
empresarios y se dinamice el mercado del trabajo. Ligado a esta cuestión,
unas de las preguntas que formulará Lagarde se referirá a las paritarias.
Hacienda tiene listo un trabajo con los resultados de los últimos
acuerdos, donde en primer lugar figura el de empleados de comercio, con un
15% de incremento con revisión más adelante.
6. La dinámica de la deuda
Hasta fin de 2017, la deuda alcanzó los u$s342.000 millones,
equivalentes al 60% del PIB.
"Hay un aumento preocupante de la deuda de varios países y debemos
estar atentos", advirtió Lagarde en Davos.
No se refería exclusivamente a la Argentina, pero el veloz
incremento del pasivo empieza a ser una preocupación.
7. Crecimiento 2018
Los técnicos del organismo estiman una expansión del 2,5%, por debajo de
la pauta oficial del Gobierno (3,5%) pero, en sintonía con consultoras
privadas, que ya incorporaron los efectos de la sequía.
A primera vista, la llegada de Lagarde puede no parecer tan impactante
como las de otros tiempos, cuando las misiones del FMI eran
esperadas en Ezeiza por decenas de "movileros" de la televisión, para
asombro de los propios funcionarios del organismo.
Pero eso no significa que la influencia del FMI haya
desaparecido. La historia reciente demuestra que, por el contrario, parece
ir en ascenso.
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