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Por Juan Diego Wasilevsky - La lógica del lema "America
First" finalmente se está imponiendo en toda su magnitud y la Argentina,
sin ser el objetivo principal de esta cruzada lanzada por la administración
de Donald Trump, igualmente es uno de los tantos países que más lo
está sintiendo en uno de los frentes donde más le duele: las exportaciones.
Ya caído el mercado estadounidense para el biodiésel nacional por la
imposición de aranceles –en 2016 se habían exportado u$s1.138 millones;
en 2017, u$s400 millones menos y para este año se espera un nivel cercano a cero-,
ahora la cruzada del macrismo es por salvar el segundo
gran negocio: el de los metales.
Con la finalidad de frenar el ingreso de aluminio y de acero del
exterior –especialmente el que proviene de China-, la Casa Blanca comenzará a
aplicar -a partir de este 23 de marzo-, aranceles del 10% y del 25%,
respectivamente.
Fuentes que conocen de cerca la operatoria de Techint, el principal
exportador siderúrgico del país, indicaron a iProfesional que esta
medida, de implementarse, "le quitará toda competitividad al producto
nacional".
"A lo sumo se podrán exportar algunas especialidades de alto margen
y mucho valor agregado. Pero serán negocios muy pequeños al lado de lo que se
perdería", indicaron.
Entre aluminio y acero hay más de u$s700 millones en juego. Por
eso, en la cumbre de ministros del G20 que se realizó en Buenos Aires, el
propio ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, insistió frente al
secretario del Tesoro de EE.UU., Steve Mnunich, que exceptúe a
los productosargentinos de este golpe arancelario.
Sin embargo, las expectativas no son alentadoras.
El pedido oficial que se realizó en Buenos Aires, fue el segundo
que se hace por el mismo tema, luego de que el secretario Miguel
Braun viajara a Washington para solicitar la excepción, al argumentar que
la Argentina influye apenas entre el 0,6% y el 2,3% del total importado.
La Casa Blanca remarcó, dentro de lo previsible del protocolo, que
"analizará" la solicitud, tal como lo hizo con otra veintena de
países. Este trato difiere del que le dio a otros proveedores, que pasaron a
gozar del beneficio casi de inmediato, como Canadá, México y Australia.
El segundo punto importante es que, una vez que entren en vigencia
los aranceles, la definición por parte de la administración de Trump
respecto de las exportaciones argentinas podrá demorar más de 90
días, con lo cual, buena parte del año se perdería.
Las mismas fuentes que conocen al detalle la operatoria de Techint
marcaron que "hay algunos antecedentes positivos, como cuando Estados Unidos puso en marcha una salvaguardia para
productos siderúrgicos en el año 2000 y exceptuó a varios países en
desarrollo comprometiendo cuotas".
Sin embargo, afirmó que, en base a la estrategia que está desplegando
Trump, "no hay mucho espacio para ser optimista", respecto de
que la Argentina pueda ser beneficiada.
"Podrán conceder cupos pero muy chicos",
afirmó, dejando en claro que lo que viene es un escenario de menos exportaciones.
"Los republicanos tienen una base de votantes fuerte entre los
obreros de la industria. Y también hay un lobby interno muy intenso al cual
responden", sostuvo.
A partir de ahora, la Argentina cuenta con dos vías posibles para
podersortear el cerco arancelario.
Pero ambas opciones dejan entrever que serán procesos muy
complejos y, sobre todo, largos:
1. Presentaciones individuales
La Casa Blanca abrió una ventana de hasta 90 días para que
empresas estadounidenses que utilizan algunos de estos metales importadosplanteen
una solicitud de exención, en nombre de las firmas exportadoras afectadas (en
el caso argentino serían principalmente Aluar y Techint).
El Departamento de Comercio de ese país analizará variables como
calidad, participación en el mercado e impacto de las importaciones en la
producción local, antes de dar luz verde.
En caso de que una compañía estadounidense obtenga permiso para importar
acero o aluminio (en este caso, de Argentina), tampoco se levantarán las
barreras de manera automática: habrá espacio para que cualquier actor del
sector privado plantee alguna objeción, lo que retardaría por tiempo
indeterminado dicho permiso.
2. Planteo formal a nivel país
El otro camino que tiene la Argentina es avanzar con una presentación
formal desde el propio Gobierno, con todas las argumentaciones del caso para
que Washington proceda a exceptuarlo de la controvertida medida.
El problema es que, tras el viaje de Braun a los EE.UU., el Departamento
de Comercio de ese país todavía no oficializó el
procedimiento para que se pueda realizar el pedido a nivel país.
"A este ritmo y en un escenario positivo, corremos el riesgo perder
entre cuatro y cinco meses de exportaciones de acero y aluminio", plantearon
fuentes a este medio.
De no mediar ningún revés administrativo, esto implicaría que se demorarían
envíos a ese país por u$s300 millones en concepto de esos dos
productos.
"Está claro que este año las exportaciones a los Estados Unidos van a
sermás pobres", advirtió Marcelo Elizondo, consultor y ex director de
Fundación ExportAr.
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millonario negocio para la Argentina en menos de 10 días
"No tendremos el negocio del biodiésel y hay problemas con estos
dos nuevos artículos. Pero esto no hay que verlo como una medida personal en
contra de la Argentina. Este es un problema 100% de caja que tiene
Washington, básicamente porque su déficit comercial superó los u$s860.000
millones 2017, convirtiéndose en el más elevado a nivel mundial",
describió.
En este contexto, lo que está sufriendo el macrismo no es más que
el efecto de la "onda expansiva" de la guerra
comercial que Trump lanzó contra China.
"El 40% de su déficit lo tiene con el gigante asiático. Y,
bajo su doctrina 'America First', lo que está haciendo es tratar de achicar
ese rojo, que es insostenible en el largo plazo", agregó.
El problema es que, si bien no es una "cuestión personal"
contra la Argentina, igualmente la gestión de Macri está pagando los platos
rotos: "Trump está asumiendo una postura mucho más dura en relación
al comercio exterior y esto augura que, durante su
presidencia, va a ser más complejo entrar a ese mercado".
Limones sí; carne, veremos
En medio de este revés por los embarques de metales estratégicos y del
biodiésel, el Gobierno seguramente presente la inminente primera
exportación de limones argentinos –tras 17 años de
prohibiciones- como fruto del buen diálogo bilateral.
Sin embargo, la realidad es que esta medida habrá sido consecuencia
de la presión de la diplomacia argentina en los tribunales de la
Organización Mundial del Comercio (OMC) ante las restricciones fitosanitarias que
impusieron sucesivas administraciones de Washington.
El aviso del levantamiento de las trabas había llegado en diciembre de
2016 y, por una cuestión de tiempos, las empresas locales tuvieron que pasar de
largo la cosecha 2017 y recién ahora podrán realizar el primer
despacho.
"La primera exportación de limones a los EE.UU. va a hacerse a
mediados de abril", confirmaron a iProfesional fuentes de la
Asociación Tucumana del Citrus.
En tanto, desde Agroindustria confiaron a este medio que ahora la
estrategia apuntará a lograr la apertura para los cítricos
dulces, como las naranjas y las mandarinas.
"Esto generaría una gran oportunidad para los productores
de Entre Ríos. Ya estamos trabajando en eso", aseguraron.
Respecto del potencial que tendrá el mercado estadounidense para laindustria
nacional del limón -cuya principal provincia exportadora es Tucumán- desde
el Ministerio de Producción estimaron que las empresas locales podrán colocar
entre u$s20 y u$s50 millones anuales.
Esto significaría que la reapertura estaría lejos de propiciar un
boom de exportaciones.
Cabe destacar que Estados Unidos importó el año pasado cítricos por u$s1.222
millones –unos u$s345 millones fueron desde de Chile-, de modo que la
Argentina tendría una cuota de apenas 4%.
El caso que luce más complejo es el de la carne vacuna: en 2015,
tras casi 15 años de prohibiciones y un largo reclamo ante la OMC, el ex
presidente Barack Obama había acordado la apertura del mercado
estadounidense, pero dejó su cargo sin cumplir su promesa.
Y Trump sigue sin dar el brazo a torcer.
"Ya respondimos el último cuestionario que nos enviaron. Así
que la parte técnica está lista. La pelota está del lado de ellos.
Confiamos en que estamos muy cerca de lograr la reapertura",
aseguraron fuentes de Agroindustria.
Según explicaron, el acuerdo prevé un cupo de importación de 20.000
toneladas anuales de cortes vacunos con un arancel bajo, del orden de los
u$s44 por tonelada, menor al 1% del valor promedio al que viene
exportando la Argentina.
El problema es que, pasado dicho cupo, el arancel saltará al 26,4%,
lo que dificultaría el negocio.
Pese al entusiasmo oficial, fuentes de la Cámara de la Industria de la
Carne, plantearon sus inquietudes: "Desde hace dos años que Estados Unidospromete que va a resolver el tema y no pasa
nada. En el sector hay cierta reticencia a creer".
Y agregaron que "20.000 toneladas es una gota en un océano. Es un
país que importa por cerca de 1 millón de toneladas anuales, con lo cual, vamos
a tener una participación totalmente marginal si se levantan las
restricciones".
La pulseada por el cerdo
Mientras se espera la "decisión política" de que Trump habilite la
cuota para el "bife argentino", como contrapartida, desde Washington
esperan que el macrismo de una señal con la carne de
cerdo, luego de la promesa de abrir parte del mercado nacional a los
exportadores estadounidenses.
Desde el Gobierno tratan de llevar tranquilidad al asegurar que, por
año,ingresará mercadería por menos de u$s10 millones, con lo cual, el acuerdo
tendría impacto limitado.
Sin embargo, desde la Asociación Argentina de Productores Porcinos
mostraron su temor: "Puede ser peligroso para el sector. Si se
abren las barreras para el producto estadounidense, podrían verse afectados
más de 1.000 pequeños emprendimientos, de los 4.600 que operan en el
país".
"La industria ya viene bastante golpeada, especialmente por la suba
de costos tras la disparada del precio de los granos", alertó la misma
fuente.
Desde la entidad agregaron que, mientras que la producción creció
a un ritmo del 7% el año pasado, hasta las 7000.000 toneladas,
las importaciones se duplicaron los últimos dos períodos de
manera consecutiva, hasta representar más de 48.000 toneladas.
"Con la escala que tiene Estados Unidos, estamos realmente preocupados por los efectos
sobre la cadena", señalaron.
Esta suerte de "juego de ajedrez" por el negocio de la carne
parecería un tema menor para Trump. Pero en momentos en que se negocia
"kilo a kilo", todo sirve para achicar el histórico déficit que tiene
el país del Norte.
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