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| Powell se consumió la primera ficha: ¿qué hará la Fed en 2018? |
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26/03 - 08:40 Ambito Financiero |
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Por José Siaba Serrate - Jerome Powell presidió su
primera reunión en la Fed y, ni lerdo ni perezoso, despachó su primera suba de
tasas (la sexta desde que el banco central terminó con la política de tasas
cero en diciembre de 2015). Siendo abogado, será justicia. ¿Y qué planes se
trae entre manos? ¿Son los mismos que dejó Janet Yellen -tres aumentos en
2018-, o hay novedades? La tasa de fed funds -ubicada ahora en el rango entre
1,50% y 1, 75%- ya se alineó con la inflación efectiva en los EE.UU., que
todavía galguea sin alcanzar la meta del 2%. ¿Habrá lugar en 2018 para aplicar
cuatro retoques de tasa como sugirió el mismo Powell tras su paso por el
Congreso? No existía inquietud previa más punzante. Y si bien la Fed de Powell
alteró el mapa de puntos que legó Yellen -la hoja de ruta tentativa en materia
de tipos de interés- la mediana de las proyecciones no se apartó de las tres
alzas consabidas. La primera ficha, por ende, ya se consumió. La próxima está
telegrafiada para junio.
Que se quiere dar un mensaje más áspero, no hay duda. Si se mira el bendito
mapa todos los puntos se movieron hacia arriba. Todos, salvo los que aporta
presumiblemente James Bullard (de la Fed de St. Louis), tenaz en su prédica de
no cambiar las tasas del lugar en el que están. En su visión de equilibrio de
largo plazo -con la economía en una situación ideal y una política monetaria
neutral que no ejerza influencia- la Fed elevó una décima la tasa que
aplicaría: 2,9%. Pero, otra novedad, quizás deba apretar el cinto los dos
próximos años y -con una tasa de 3 3/8- tornarse restrictiva hacia fin de 2020.
¿Es la señal de un halcón? Tal vez de un pichón que, en verdad, no asustó a
nadie.
¿Qué hará la Fed de Powell? Para saberlo conviene tomar distancia del discurso
y examinar su posición. Allí anida la clave: el banco central está encerrado
entre Trump y la pared. La economía luce impecable. No sólo porque crece con
ganas, sino que opera a régimen pleno, suma empleo a una tasa que excede el
aumento poblacional y no provoca presiones de salarios ni de precios. Lo menos
que la coyuntura precisa es estímulo, y lo que busca la Fed hace años es
retirar el suyo -por eso eleva las tasas y reduce su hoja de balance- sin
causar trauma. La rebaja tributaria de los republicanos fue, entonces, el peor
regalo de Navidad. Estrenar una política fiscal de estímulo es un corso a
contramano de la política monetaria (porque no, no es un ejercicio de economía
de oferta o "supply side"). Si Yellen tuvo mano de seda, la espada
fiscal obliga a Powell a calzar otra empuñadura. Por eso la búsqueda de
cualquier rastro de inflación o alza salarial sospechosa. Y la alternativa de
las "cuatro subas" que se blande como posibilidad.
Si Trump se quedase quieto sería más fácil. Pero el presidente que baja los impuestos
y desata un mayor déficit fiscal (y un incremento del gasto y del déficit
externo) también es un cruzado de la protección del comercio (que no tolera más
rojo en las cuentas externas). Así, lo que comenzó con un fuerte aumento de
aranceles al acero y aluminio (a dedo), y empalmó con restricciones a las
importaciones de China, vaya a saber dónde termina. Si la situación se
desmadra, el comercio mundial pasará factura y la bonanza no saldrá indemne.
¿Qué debe hacer la Fed? La política fiscal puede recalentar la economía, y
demanda mayor celo monetario. Sin embargo, la política comercial amenaza
arrojar la recuperación al trasto de basura. Por supuesto, la baja de impuestos
es un hecho; la guerra de comercio es el típico bluff de Trump, quien primero pega
y así inicia toda negociación (que lo diga Kim Jong - un). Por eso se entiende
lo que hizo el banco central. Mantuvo su curso de acción y subió el tono de su
retórica. Y nos presagia picos más altos en el mapa de puntos. ¿Será cierto? La
Fed no tiene tanto espacio de maniobra. No sólo está encerrada entre Trump y la
pared, sino en la módica altura que media entre la tasa de dos años y la de
diez. Apenas 56 puntos base. Se diría que alcanzan para dos aplicaciones
adicionales de un cuarto de punto. No es verdad. En la medida que la brecha se
cierre crecerá el temor por una recesión en ciernes. Son los bonos -los
"bond vigilantes"- los que tendrán entonces la última palabra.
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