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Por Sofía Diamante - MENDOZA (De una enviada especial).- Que la
Argentina haya presidido este año la Asamblea Anual del Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) es solo una señal más de la confianza que el organismo
depositó en el gobierno deMauricio
Macri cuando fue elegido, en 2015. Desde entonces, el banco
cuadruplicó sus préstamos al país, que pasaron de US$660 millones en 2014 a los
US$2350 millones aprobados para este año, con la posibilidad de extenderse a US$2750
millones. Además, el brazo privado del BID, el BID Invest, pasó de no dar
financiamiento a la Argentina -"imposible de operar con un tipo de cambio
controlado", decían- a aumentar sus créditos al sector privado en US$1200
millones en los últimos dos años.
Con estos números, es fácil explicar la buena sintonía que existió
entre Luis Caputo , ministro de Finanzas, y su
"amigo" -como él lo llama- Luis Alberto Moreno, presidente del
organismo, durante las reuniones que se desarrollaron en esta ciudad en cuatro
días.
El gobierno argentino buscó aprovechar el hecho de ser el anfitrión, con
la participación en los foros de tres ministros más, además de Caputo,
Guillermo Dietrich (Transporte), Francisco Cabrera (Producción) y Rogelio
Frigerio (Interior y Obras Públicas); el gobernador mendocino Alfredo Cornejo,
y el propio Macri, que abrió con su discurso la asamblea oficial.
"Quiero agradecer a todos los gobernadores que han venido de tan
lejos por confiar en la Argentina para presidir esta asamblea. Gracias
especialmente a Luis Alberto. Tenemos un gran desafío por delante que quedó
bien claro: cómo aumentar nuestra inversión en infraestructura y cómo atraer el
capital privado para lograrlo", dijo Caputo, en el cierre de la reunión
anual.
Capacidad de absorción
José Luis Lupo, representante del BID en la Argentina y responsable de
la entidad para el Cono Sur, explicó que la mayor colaboración entre el
organismo y el país ocurre porque "la Argentina mejora". "Cuando
el país mejora, libera recursos al banco. El banco es una cooperativa, y si un
país grande como la Argentina, que es el segundo prestatario, tiene una
calificación de riesgo negativa, el balance del banco sufre y tenemos que
prestar menos a todos, que es lo que pasaba antes", dice. "Antes
prestarle un dólar a la Argentina significaba inmovilizar 33 centavos del
capital que no llegaban a otros países pobres. La Argentina tiene capacidad de
absorción y tiene muchísima escala para usar. Además, mejoró enormemente su
calificación de riesgo en los mercados", agregó.
Los créditos al país efectivamente mejoraron cuando la Argentina arregló
su situación de deuda con los holdouts y salió del default
después de 14 años de conflicto internacional. Por eso cuando Macri asumió, el
BID se comprometió a otorgarle al país un apoyo financiero de US$6000 millones
para los cuatro de años de su gobierno, y ahora, según explica Lupo, "vamos
a superar es monto en por lo menos un tercio de lo que nos habíamos
comprometido".
Asimismo, señala que como en "la Argentina partimos de una base
pequeña, eso no nos lleva a sobre exponernos con el país. Es razonable por el
tamaño y el capital que tiene y por lo que significa para el banco", dijo.
Sin temores
Lupo afirmó que en la entidad no hay temor de que un cambio de gobierno
se traduzca en un default, porque nunca, "ni en los peores momentos",
el país dejó de pagar. "Cuando un país tiene que arreglar con sus
acreedores, siempre están primeros en prioridad los multilaterales, porque
nuestros préstamos son a plazos muy largos y a tasas muy convenientes. Los
propietarios del banco son, además, los países, que tampoco quieren que sufra
su balance", aclaró el funcionario.
Lupo además destacó que los plazos a los que presta el BID son de hasta
25 años, con cinco años de gracia y una tasa de interés Libor -una tasa de
referencia fijada por la Asociación de Banqueros Británicos-, sumada a un - que
ha ido bajando a menos del 1 por ciento.
Inversión en infraestructura, la clave
Mientras la economía mundial enfrenta potenciales riesgos de mayores
tasas de interés y una corrección de los precios mundiales de los activos, la
perspectiva general de América Latina es positiva, con un índice de crecimiento
esperado del 1,9% este año, según indica el Informe Macroeconómico 2018 del
BID. Sin embargo, esto se encuentra muy por debajo del índice mundial, previsto
en 3,9%, y América Latina y el Caribe seguirán a la zaga a menos que se adopten
sustanciales cambios de política en el frente económico."La estabilidad
macroeconómica es un buen punto de partida para lograr que la economía avance.
Pero para crecer más vigorosamente necesitamos invertir más y más
productivamente y atacar los cuellos de botella que limitan el crecimiento,
incluyendo el diseño de sistemas impositivos, bajos niveles de ahorro,
restricciones crediticias y carencia de mercados competitivos que recompensen
la productividad", expresó Santiago Levy, vicepresidente de Sectores y
Conocimiento del BID.La región decididamente necesita más inversiones,
especialmente en infraestructura. La tasa de inversión promedio entre el
periodo comprendido entre 1990 y 2017 fue 17% del PBI, por debajo del 26%
correspondiente a Asia emergente. Asimismo, la región es 40% menos efectiva que
los países asiáticos en la generación de crecimiento del PBI por cada dólar
adicional invertido. La economía de América Latina, concluye el BID, sería tres
veces mayor si hubiera logrado igualar las tasas de inversión y eficiencia de
Asia emergente desde 1990.
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