Santiago Bulat (*) - La ciencia económica ha estudiado en diversas
oportunidades, y a lo largo de su propia gestación, que no todos los procesos
funcionan de la misma forma en sociedades diferentes, así como tampoco en
tiempos históricos diferentes. Durante los últimos años, particularmente desde
2011, la dinámica del crecimiento en la Argentina se dio en forma de
"serrucho". En los años electorales se lograba alcanzar una expansión
respecto del año previo, mientras que al año siguiente la economía volvía a
decrecer, dinámica que se sostuvo durante 5 años en la cual la economía en
términos netos exhibió un crecimiento nulo.
Haciendo un breve repaso por los resultados del pasado, tras la brusca caída
del año 2002, producto de malos manejos macroeconómicos, la brecha entre el PBI
real y el PBI potencial fue una de las mayores de la historia. Es decir, muchos
recursos (mano de obra y capital), quedaron fuera de uso y la recuperación de
ese producto bruto, fomentado por políticas fiscales y monetarias pro-cíclicas,
generaron que esa brecha se achicara año a año, producto de los datos positivos
de crecimiento económico. Sin embargo, el principal desafío se encontró en los
últimos años, cuando el modelo económico encontró un límite al impulsar la
actividad económica basándose en el fomento artificial de la demanda (vía
consumo y el aumento del gasto público). Esto, sumado a la caída en los
términos de intercambio, llevó a que la economía creciera en un solo componente
de la ecuación y no pudiese generar las condiciones necesarias para aumentar la
capacidad productiva.
Uno de los principales logros que podría conquistar el actual Gobierno es el de
lograr dos años consecutivos de crecimiento económico. Durante 2017, el
crecimiento de la economía fue del 2,9%, y encontró sustento en la inversión
que creció a un ritmo del 11% anual, muy por encima del nivel de crecimiento
del consumo, que avanzó en torno del 3% entre el público y privado, al ritmo
del crecimiento de la economía en su conjunto. Sin embargo, el consumo
representa la mayor parte de la demanda global (83% a fines de 2017), lo que
explica el leve crecimiento del PBI a pesar que la formación bruta de capital
fijo (inversión) muestre aumentos de dos dígitos, mostrando por qué el
crecimiento de la economía resulta "invisible" para los agentes de la
economía.
Está claro que fomentar el componente de inversión dentro del PBI es condición
necesaria para que el nivel de expansión que pueda alcanzar cualquier economía
sea superior. Sin embargo no es condición suficiente para mostrar grandes
resultados en las tasas de expansión, ni ofrecer la "sensación" de
reactivación en la economía cotidiana. Además, el poner un freno en el avance
del consumo resulta también una política antiinflacionaria, que es una de las
principales batallas que el Gobierno quiere dar.
Es por eso que el actual plan del oficialismo tiene una lógica fundamentada en
otra "pata" del PBI (la de inversión), pero muestra escasos avances en
el principal componente del PBI. Esto ofrece perspectivas de crecimiento para
este año más saludables, pero que irán a un ritmo más lento de lo esperado.
La base de crecimiento, según el arrastre estadístico del año previo, se
encuentra en torno del 1,3%. El salario real mostrará un crecimiento exiguo,
con paritarias que en promedio han finalizado en torno del 15% sujetas a una
cláusula de revisión y una inflación que interanual se encuentra en el orden
del 19,9% hacia diciembre, según el REM. Cabe aclarar que las paritarias
comienzan a cerrarse en marzo o abril y se ejecutan en más de un período,
mientras que la medición del REM es interanual a partir de diciembre. A su vez,
la expectativa de crecimiento de la inversión marcará nuevamente un crecimiento
de dos dígitos y probablemente supere el ritmo de crecimiento evidenciado
durante 2017. Desde el frente externo se estima que el déficit comercial supere
el nivel alcanzado en el año previo, rondando cerca de los u$s11.000 o
u$s12.000 millones, afectado a su vez por la crisis de la sequía que acecha a
la Argentina. A partir de estas premisas, el crecimiento de la economía se
situaría por debajo del 3,5% estimado por presupuesto, en el rango de 2,3% y
2,5% según estimaciones privadas.
En síntesis: el camino de recuperación resulta más propicio para poder expandir
el producto real de la economía. Durante 2017 el EMAE marcó un avance del 2,8%
(sin corrección) y un crecimiento de 14 de los 16 sectores relevados respecto
de 2016. A su vez marcó un aumento del 0,5% en relación con los números de
actividad observados en 2015, y un crecimiento en 11 sectores, quedando aún
solo 5 sectores por debajo tras la pérdida de 2016. Es por eso que 2018
encontrará un desafío en lograr mayor difusión y un crecimiento homogéneo de
todos sus sectores, tal como lo hizo en el año previo, evitando así que la
expansión sea heterogénea e imperceptible para determinados segmentos de la
sociedad.
|