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Por Martín Kanenguiser - La polémica generada por el proyecto para
reformar el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) no es nueva e
incluso tiene varios antecedentes en la Argentina, que llegan hasta, por lo
menos, la década del 70. Sin embargo, los conflictos de intereses con los
números públicos nunca alcanzaron la profundidad que tuvo el desmantelamiento
del organismo en la última década kirchnerista.
El primer ministro de Economía de la última dictadura militar, José
Alfredo Martínez de Hoz, utilizó un índice de precios al consumidor (IPC)
"descarnado", es decir, sin incluir el rubro carne, porque
argumentaba que distorsionaba el dato de inflación. En realidad, era la manera
de lograr un índice más bajo.
En su momento, el todopoderoso ministro del menemismo, Domingo Cavallo,
se quejaba porque el Indec difundía cifras de desempleo superiores a las
deseadas por el gobierno, mientras que durante el gobierno de Néstor Kirchner
el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, se atrevió a cuestionar las
cifras de pobreza oficiales que brindaba el organismo estadístico y propuso uno
alternativo. Nunca se hizo.
La intervención
Sin embargo, cualquier crítica desde el gobierno de turno o intento de
cambio de las estadísticas en la historia reciente agentina es incomparable con
el desastre institucional registrado desde enero de 2007, cuando el
kirchnerismo ordenó la intervención de hecho del organismo para alterar las
principales estadísticas públicas a las órdenes del secretario de Comercio,
Guillermo Moreno. Así lo reflejó un informe de cinco universidades públicas y
la sanción por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI). Se comenzó
falseando el IPC, pero se terminó destruyendo todo el sistema (los datos de
pobreza, el PBI y el desempleo, entre otros).
El actual proyecto oficial plantea la autonomía del Indec -ya que actualmente
depende del Ministerio de Hacienda-, pero en el instituto tienen dudas sobre la
posibilidad de que haya alguna injerencia política. En Hacienda juran que la
iniciativa garantiza más que ahora que las cifras, la metodología y los
funcionarios del organismo no sean influenciados por el poder político.
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