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Por Diana Mondino - La reciente reunión del G-20 reconfirmó su vocación
por "fomentar la contribución del comercio a nuestras economías".
Reconoce que "el comercio internacional y la inversión son motores
importantes del crecimiento, la productividad, la innovación, la creación de
empleo y el desarrollo".
Cualquier argentino dirá: "¡Chocolate por la noticia!" Sin
embargo, vemos a la administración Trump intentando establecer aranceles y
utilizar al comercio exterior para analizar la relación con cada país. Al mismo
tiempo, leemos en los diarios pedidos de impedir o encarecer importaciones de
vino, latas de tomate y muchísimos otros bienes. Queremos que nos compren, pero
no estamos seguros de querer comprar.
Permítanme discutir algo profundo y que en la Argentina tiene vital
importancia: con un nivel de comercio internacional bajísimo visto desde
cualquier ángulo, tenemos que definir cómo aumentarlo para lograr el
desarrollo.
Rentabilidad vs. productividad
Sabemos que sin rentabilidad las empresas no prosperan y no pueden
invertir ni crear empleo. No es cuestión de más protección, bajar impuestos o
dar permisos solo a unos pocos (encima con trámites interminables). Esa fuente
de rentabilidad no es sostenible, no dura en el tiempo, no es equitativa con
los que siguen en la fila pidiendo lo mismo. O, mejor dicho, es únicamente
sostenible para algunos si otros nos empobrecemos. Solo con mayor productividad
se puede vender más, lograr menores costos, pagar más a los empleados, pagar
más impuestos. Nos falta discutir cómo lograr el aumento en productividad de
las actividades actuales y las que aún no están. De estas últimas, por
definición, aún no sabemos nada. Es necesario mejorar el ecosistema y permitir
que algunas actividades que antes no estaban allí, o eran pequeñas, puedan
tener éxito.
Aprender lo más posible de las actividades que ya están allí, indica que
el ecosistema funciona apropiadamente para ellas, y evidenciaría qué actividades
similares podrían también prosperar. Pero, aún así, ningún gobierno puede saber
lo que está faltando. ¿Quién hubiera podido imaginar la explosión en AgTech
hace 10 años? Pero un sector agropecuario pujante lo genera. En forma similar,
no hay grandes innovaciones en FinTech en Argentina porque nuestro sistema
financiero es pequeño respecto al PBI. Y así sucesivamente.
Una política comercial adecuada es un proceso de acumulación de
información sobre las posibilidades (u obstáculos) que tienen distintos
sectores, que permite ver si hay alguna acción del gobierno que posibilite
mejorarla para que esas actividades puedan prosperar. Es decir, no es dar
dinero a través de subsidios o impuestos diferenciales, sino intentar dar los
inputs que no se han generado espontáneamente hasta ahora. En la academia se
llaman "intervenciones que apuntalan la productividad". Dicho en
cordobés, mi provincia de origen, tratar de reducir la máquina de impedir.
Hay que escuchar al sector privado -pero no solo a los que piden más
dinero- sino ir más allá y entender la problemática de cada sector, ver qué es
lo que impide que las empresas crezcan. Un gobierno no debe intentar satisfacer
los reclamos que piden rentabilidad, sino concentrarse en los reclamos para
mejorar productividad.
En general se aplica el concepto de productividad a la tecnología, pero
nunca está claro qué es. Ricardo Hausman, director del Harvard's Center for
International Development y profesor de The Practice of Economic Development en
la Kennedy School of Government, describe la tecnología como la conjunción de
tres elementos. Está el conocimiento "corpóreo", como puede ser una
máquina o herramienta, solo hay que saber usarla sin necesidad de ser quien la
produce. Un minero o músico no fabrican su propia pala o saxofón. El segundo
elemento es el conocimiento "codificado", que implica saber hacer
algo y poder transmitirlo a terceros, a través de educación, entrenamiento o
simplemente un buen manual de procedimientos. Y tercero, el conocimiento "tácito"
que una persona, grupo o sociedad sabe hacer, sin pensar mucho en ello. Por
ejemplo, la descarga de camiones en los puertos es muy ordenada, pero el
tránsito en las ciudades no lo es, o algunos países tienen trenes que están
siempre en horarios y otros claramente no.
El problema de lograr el éxito al implementar tecnología es entonces
tener las herramientas, la posibilidad de transmitir conocimientos y la
organización para aprovechar esa tecnología. Tal organización requiere no
solamente una persona, sino un amplio grupo que colabora para implementar esa
tecnología. Pensemos en el proceso de exportación de cereales, que implica una
inmensísima red de participantes: productores, proveedores, transportistas,
despachantes, bancos y barcos. Cada uno especializado en una pequeñísima
porción del ecosistema que permite que la Argentina sea exportadora.
Solo el aumento en productividad es un sistema ganar-ganar, que puede
perdurar. El aumento en rentabilidad es indispensable, pero solo como resultado
de un aumento en productividad.
La productividad requiere adecuada infraestructura. Desde 2016 se ha
iniciado un importante proceso de reconstrucción de la dilapidada
infraestructura argentina. Establecer prioridades es difícil: ¿puertos u
hospitales? ¿Autopistas o cloacas? No hay dinero ni tiempo para hacer todo al
mismo tiempo. ¿Favorecer el comercio para que la economía crezca y luego
atender las infinitas necesidades de los argentinos o al revés? Noto un
cuidadoso equilibrio que es excelente para la población aunque demore un
despegue.
Solo tendremos más comercio si somos muy buenos en lo que hacemos. No se
puede ni se debe hacer de todo. Cambiemos el paradigma de defender sectores por
la noción de colaborar para ser más productivos. Utilicemos lo que ya existe
como apalancamiento para lo que aún no conocemos. Hay que crecer para el mundo.
Afortunadamente, aún nos queda un mundo por crecer.
La autora es economista de la UCEMA
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