|
Por Juan Diego Wasilevsky - El Gobierno, sin dudas, viene de
redondear uno de los mejores tramos de gestión desde las últimas
elecciones, al poder mostrar números positivos por primera vez en meses.
Entre ellos figuran el indicador de pobreza, que bajó tres puntos
en su última medición; la actividad viene de registrar una mejora del 4%
interanual; en tanto que la industria anotó un crecimiento del 8% y
la venta de autos redondeó el mejor primer trimestre de la
historia.
Sin embargo, hay otro indicador que también viene tocando un récord. Y
esto preocupa especialmente a los industriales, porque es una
variable que se suele disparar en momentos en que el tipo de cambio muestra
algún nivel de debilidad competitiva.
Se trata del déficit de la balanza comercial, que se
disparó hasta los u$s1.900 millones entre enero y febrero, un rojo siete
veces superior al de igual lapso del año pasado.
Las importaciones, en tanto, totalizaron casi u$s10.950 millones,
anotando un récord histórico para un primer bimestre.
Estas cifras fueron el marco de la dura contienda que
mantuvieron la UIA y el Gobierno: desde la cúpula de la entidad hicieron
un fuerte reclamo por el salto importador y por la presión impositiva, que
terminan impactando en la producción nacional.
Luego de que el ministro Francisco Cabrera lanzara munición gruesa
contra los industriales –los trató de quejosos y los criticó por no
tener "una agenda adulta de competitividad"-, hubo una cumbre donde sellaron
la paz.
Pero la tensión por la política comercial, la carga
tributaria y el retraso en la agenda para bajar el llamado "costo
argentino", quedó al descubierto.
Desde el Ministerio de Producción tratan hasta el día de hoy de
desactivar la teoría de la "invasión importadora", alegando
que se viene de un largo período con restricciones y que una proporción
importante (cerca del 70%) son bienes de capital o insumos para la
industria.
Y agregan que el problema no está tanto en lo que compra la Argentina al
mundo sino en la baja performance exportadora. Todo un sincericidio.
Desde un amplio abanico de sectores productivos afirman que
los problemas para hacer frente a la competencia importada y pelear en las
góndolas del exterior es una realidad.
El consenso entre los industriales es que el avance del dólar, que se apreció cerca de un 17% en los últimos tres
meses y casi 30% en doce meses, se va diluyendo frente al avance del costo
argentino, esa pesada "mochila" que incluye presión impositiva,
costos laborales y logísticos y demás variables.
"La ganancia de competitividad cambiaria fue sólo una bocanada
de oxígeno para los sectores industriales. El tipo de cambio real culminó
en marzo un 5% por debajo del promedio de 2016",
indicaron desde Ecolatina.
Desde la consultora agregaron que incluso se espera "que se
profundice la apreciación del peso en el corto plazo". Dicho en otras
palabras, prevén la vuelta del atraso cambiario.
Desde el Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) también
advierten que el último impulso del billete verde quedó parcialmente neutralizado por
la suba de costos.
Los analistas de la entidad plantean que, para recuperar los niveles de
competitividad cambiaria que había apenas llegó el macrismo al poder, entonces
la divisa hoy debería cotizar cerca de los $27.
En diálogo con iProfesional, Ariel Schale, ex subsecretario de
Política y Gestión Comercial y actual director ejecutivo de Fundación ProTejer,
afirma que "el dólar influye poco cuando la industria en general
opera en un escenario de falta de competitividad sistémica".
"Hoy, la ropa sigue siendo cara en la Argentina. Pero los
alimentos también. Y esto se vincula con una sumatoria de factores para los
cuales no hubo mejoras. La economía todavía padece de una elevada incidencia
fiscal, un alto costos de capital, altas tasas de interés, inflación y fuertes
costos logísticos y de energía".
Fabricantes de ropa: quejas por aluvión chino
Dentro del entramado textil, los fabricantes de ropa son los más
expuestos a la competencia importada.
Desde la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) señalaron
a iProfesional que, en el primer bimestre, las compras al exterior
–principalmente a China- superaron los u$s110 millones entre enero y febrero,
marcando un salto del 54% respecto a igual lapso de 2017, mientras
que en volúmenes la suba fue mayor: 72%.
"Estos niveles de importación son récord desde la salida de la
convertibilidad", plantea Alicia Hernández, gerenta de la CIAI.
Según la directiva, "la última devaluación no funcionó como un
dique de contención, porque también nos subieron los costos el último
año".
Hernández plantea otro tema: el tipo de cambio real con el yuan
chino -país que explica el 75% de las importaciones textiles-, mejoró en
enero pero se volvió a deteriorar en marzo y hoy está un 15% por debajo de
los niveles de comienzo de 2016, tras la primera devaluación macrista.
Línea blanca: heladeras chinas, 40% más baratas
La competencia con lo que llega del exterior también la están sintiendo los
fabricantes de heladeras, que hoy padecen la entrada de productos deChina,
Turquía y México.
"Con el dólar actual, comparando un mismo modelo importado
de Asia, puesto en el puerto, y uno nacional, en el portón de la fábrica, ellos están un 30% a 40% más baratos, casi igual
que el año pasado", plantea uno de los directivos de la cámara de línea
blanca, quien también dirige su propia Pyme.
Así las cosas, el empresario agrega que este año se prevé que la
producción nacional cierre en 1 millón de heladeras, "un nivel muy similar
al de 2017", básicamente por la mayor competencia importada.
"El año pasado, la participación de los equipos del exterior
era del 8%. Este año vamos a estar en un 15% de share, casi el doble.
Y son unidades que compiten de manera directa con lo que fabricamos
nosotros", señala.
Te puede interesar
Dólar versus inflación: por qué el mercado cree que la
tasa de devaluación puede superar el aumento de los precios en 2018
Un informe presentado por la Cámara Argentina de Comercio (CAC) en
agosto del año pasado en el que se analizaban los altos costos que pesaban
sobre la industria nacional mostraba que los precios de la línea
blanca en el país eran casi 25% más altos -en promedio- que en
Chile, debido a la presión impositiva y a los elevados costos laborales y
financieros.
Y el mercado muestra que las grandes brechas todavía se mantienen:
-Una heladera nacional marca Mabe, con dispensador de agua y
300 litros de capacidad cuesta en Falabella Argentina el equivalente a u$s800,
esto es un 45% más que en la nación trasandina, donde la misma tienda
vende un producto similar de esa marca pero hecho en México.
-En el caso de un lavarropas LG con tecnología Inverter y
capacidad de carga de 9 kilos, en la Argentina, Falabella comercializa un
modelo nacional a u$s640. En Chile, en tanto, se ofrece uno hecho en China
a u$s460, una diferencia de casi 40%.
Industria del calzado: alta capacidad ociosa
La Cámara de la Industria del Calzado todavía está procesando los datos de
importaciones correspondientes al primer bimestre. Pero su presidente, Alberto
Sellaro, plantea a iProfesional que el "feeling" que hay en
el sector es que siguen en alza.
"La capacidad ociosa que tenemos sigue siendo muy
elevada, del orden del 40%, prácticamente la misma que el año pasado",
asegura, para luego agregar que "la suba del dólar no es suficiente para equilibrar al
sector".
La Argentina también tiene problemas para competir en el mercado mundial
del calzado: en 2017 exportó 1 millón de pares, cuando hace unos cuatro o
cinco años se enviaban entre 2 y 4 millones.
Industria automotriz: autos caros en dólares
En el sector automotor se vive un período de mayor optimismo. Básicamente por
el repunte de Brasil, principal comprador de vehículos
nacionales.
Gracias a este impulso, las terminales prevén producir 565.000 unidades,
un 20% más que en 2017, mientras que proyectan exportar unas 300.000
unidades, con un alza interanual del 43%.
Las tasas de crecimiento parecen explosivas. Pero esto se debe a que se
parte de un piso bajísimo.
No hay que perder de vista que en 2011, cuando se alcanzó un
récord, la industria produjo 828.000 autos, 263.000 más que los que
se prevén para este año. Ese mismo año se logró una marca histórica en
exportaciones, con 500.000 0Km despachados, 200.000 más que los
previstos para 2018.
En este contexto, Alejandro Sureda, de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad Austral, plantea que hay "bajas
probabilidades" de cumplir las metas del plan 1 Millón de Autos, que
se trazó el Gobierno.
"Entre las principales dificultades para vender los vehículos
producidos en la Argentina está la falta de competitividad a nivel
internacional y, fundamentalmente, en la región de Latinoamérica",
plantea Sureda.
"La Argentina, por lejos, sigue teniendo los autos más caros
de la región y esto se debe a los mayores costos de mano de obra y la
elevada carga impositiva", señala el experto.
Según un informe elaborado por Bain & Company, en 2017, el país
tenía, en promedio, un costo de producción 25% mayor que Brasil y 65% mayor que
México, "lo que pone en juego la sustentabilidad del sector automotriz
nacional".
Para Sureda, tras la devaluación, "no prevemos demasiados cambios en
esta variable, porque los costos locales de la industria, especialmente los
componentes, también aumentan cuando se eleva la divisa".
El relevamiento de la CAC del año pasado planteaba que la brecha de
precios respecto al mercado chileno era de un 30% en promedio. Y las
diferencias se mantienen:
-Un Renault Fluence Privilege en la Argentina cuesta el equivalente
a u$s27.862, un 35% más que en el país trasandino, donde se consigue
a u$s20.541.
-En el caso de un Ford Focus 2.0 L automático, aquí se comercializa
a u$s25.666, un 25% por encima del valor vigente en el mercado
chileno.
-Las diferencias son más amplias en algunos importados, incluso los de
baja gama, porque para entrar a la Argentina tributan aranceles: así, un Chery QQ básico se ofrece en
concesionario porteño a u$s11.000, casi 50% más que en Chile.
Agroalimentos: devaluación con sabor a poco
Los problemas van más allá del sector industrial y también complican a
productores de alimentos y bebidas.
En diálogo con iProfesional, Marcelo Loyarte, director de la Cámara
Argentina de Fruticultores (CAFI), que opera en la Patagonia, afirma que tras
la devaluación, "la competitividad mejoró un poquito. Estamos
levemente mejor que en 2017 pero no alcanzó para recuperar los niveles de
2016".
El último año, el dólar se apreció un 30%. Pero, en ese mismo lapso, indica,
los costos de la industria frutícola crecieron 27%, lo que diluyó la mayor
parte de la mejora.
"Todavía sufrimos por la competencia, especialmente en Brasil,
donde Chile nos gana por precio", plantea el directivo.
Para este año entre peras y manzanas, el sector prevé exportar unos
puntos más que las 420.000 toneladas despachadas en 2017, "pero
esto será por el mejor clima y el aumento de la oferta exportable que por un
salto de competitividad", agrega.
En cuanto a la industria vitivinícola, Mario Giordano, gerente de Wines
of Argentina, sostiene que "el país se ha posicionado en el mundo en el
segmento de precios más elevados, donde le va muy bien. Pero en la categoría
de vinos medio-bajos, la industria sigue sin ser
competitiva".
"No ha habido un cambio sustancial tras el avance del dólar, porque hay elementos en la estructura de costos del
sector que han seguido en alza", advierte.
"No estamos peor que el año pasado, pero tampoco se puede plantear
que por el sólo hecho de que se movió el dólar va a haber un crecimiento exponencial de las
exportaciones", agrega.
El experto afirma que en la categoría de vinos que cuestan por debajo de
los u$s10 la botella en una góndola de Estados Unidos y que es la que más
volumen general, "la Argentina no es competitiva y le cuesta mucho
exportar".
|