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Por Sabrina Corujo - La primera semana de abril bastó para reflejar que
la alta sensibilidad con la que opera el mercado no se fue con el cierre del primer
trimestre. La volatilidad volvió a saltar arriba de 20 y se aleja de forma cada
vez más sostenida del promedio de 11 del año pasado, si se toma como referencia
el VIX del S&P500. Es un rasgo que para los amantes de la adrenalina es
"oro en polvo", pero que sigue reflejando que no es un mercado apto
para cualquier tipo de inversor, sobre todo si el horizonte es de corto plazo.
Los drivers que siguen agitando al mercado externo no son nuevos (lo
cual puede ser bueno). Cuentan desde el temor a una guerra comercial que se
profundice y termine afectando el crecimiento (ante las idas y vueltas entre
Estados Unidos y China que parecieron redoblarse a medida que avanzaba la
semana), pasando por la continuidad de noticias sobre el escándalo de Facebook
y la acusación de Trump a Amazon (una de las empresas más rentables para los
inversores en 2017), hasta la incertidumbre sobre la política monetaria de la
FED que, si bien se desvanece por momentos por datos que llevan cierta
tranquilidad, es un tema que se mantendrá vigente ante cada indicador clave o
cada comentario de algún funcionario.
A estos viejos temas conocidos deberemos sumar uno en las próximas
semanas, que quizás sirva para desviar al mercado de lo diario y focalizarse en
los precios y sus fundamentos. A fines de esta semana entrante comenzará la
temporada de resultados del primer trimestre. Se esperan los reportes de Citi,
JP Morgan y Wells Fargo para el próximo viernes. Y luego se irán acelerando las
presentaciones.
Dos datos para ir teniendo en cuenta, que servirán como referencia. El
primero es que los analistas esperan un crecimiento interanual de las ganancias
de las empresas del S&P500 del 18,4%, una tasa que se ubica por arriba del
promedio de poco más del 12,7% de los trimestres del año pasado, y que estaría
por debajo de las expectativas actuales para los próximos trimestre. Esa
lectura, sin dudas, se debe en gran parte al resultado de la reforma fiscal de
Trump. Los sectores con mayor incremento en sus ganancias serían el energético
(70,5%), el de materiales (27,1%), el financiero (24,4%) y el tecnológico
(23,4%), según Reuters. En cuanto a las ventas, se espera que subn un 7,3%
interanual, un poco por arriba respecto de año pasado. El segundo dato es que
estas expectativas realmente favorables han ido revisándose al alza en el
último tiempo. FactSet indicó que desde fines del año pasado y hasta marzo, el
consenso de los analistas aumentó las estimaciones del BPA para las compañías
del S&P500, en promedio, un 5,4 por ciento.
En este punto y más allá del optimismo de fondo, se sigue manteniendo
cierta cautela de corto. Hace semanas que se espera un driver nuevo más
concreto y real. Y los temas políticos que apuntan a negociaciones complejas no
se resolverán de un día para el otro. Ese driver, entonces, podría claramente
ser la temporada de balances. Sorpresas positivas permitirían poner mayor
claridad a las valuaciones, e intentar mostrar un piso más claro. El S&P500
sigue "jugando" entorno a la media móvil de 200 ruedas y testeando la
zona de mínimos de febrero en 2530 puntos, un nivel que, de perforarse, sería
una señal negativa. En cambio, y teniendo en cuenta las expectativas altas del
mercado, las decepciones podrían llegar a costar más "caro" de lo
lógico. Al final y al cabo, la sobrereacción de las cotizaciones están a la
orden del día.
En este escenario deberá leerse el comportamiento del mercado local. En
especial, de las acciones. Un buen dato es que las últimas bajas no están
siendo acompañadas por volumen, lo cual deja cierto guiño positivo. En lo que a
los datos locales se refiere, el mercado deberá incorporar el número de
inflación de marzo (que se espera alto, pero no será una sorpresa) y, poco
antes, habrá una nueva reunión del Comité de Política Monetaria. Tampoco en
este punto se esperan sorpresas. Si el Banco Central no se quiere enredar en su
propio discurso y hasta en su acción, debería mantener la tasa de referencia en
el 27,25% anual. Estos niveles, sumado a un tipo de cambio contenido por las intervenciones
de la entidad que se esperan que se prolonguen hasta al menos tener una mayor
oferta, mantienen el atractivo de las colocaciones en pesos. Por otra parte, la
agenda financiera marca una colocación de Letes por parte del Tesoro.
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