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Por Javier Blanco - El cambio de estrategia de financiamiento que
decidió el Gobierno, al optar por endeudarse ahora localmente, y las
dificultades que comenzaron a encontrar para descargar parte de la nueva
cartera hipotecaria -y así obtener nuevos recursos para sostener esos
préstamos- inquietan a los banqueros nacionales de cara al futuro. El tema
ocupó buena parte de la reunión de trabajo que mantuvieron anteayer en Adeba la
cámara que nuclea a los bancos de capital privado nacional con la cúpula del
Banco Central (BCRA), encabezada por su presidente, Federico Sturzenegger.
El crédito bancario se convirtió en uno de los motores de la
recuperación de la economía en 2017, básicamente por el impulso que la banca
pública dio a los préstamos UVA con políticas de oferta agresivas, ahora
puestas en revisión (en especial, por el Nación) para dosificar la demanda, y
por el acompañamiento que debieron darles los bancos privados que buscaron no
ceder cuota de mercado.
A eso se sumó la competencia que sufrieron en la captación de ahorros
por el éxito de las Lebac. Sin embargo, la clave pasa por el cambio que tuvo el
negocio, que de estar volcado a financiar el consumo por largos años, ahora
necesita adaptar su oferta para financiar la inversión de personas o empresas.
Para poder seguir en condiciones de prestar a mediano y largo plazo, los
bancos necesitan estirar los plazos de fondeo, lo que se les complica en un
mercado que -debido a la inflación- volvió a acentuar su sesgo cortoplacista.
La preocupación creció por los reparos con que se toparon el Hipotecario
y el Ciudad al intentar vender ( securitizar) cartera hipotecaria.
Sus asesores legales les advirtieron que esa descarga, pensada para hacerse de
recursos, se dificultaría por la cláusula que obliga a los bancos a ofrecerle
al deudor extenderle hasta un 25% los plazos de pago en caso de que el
indexador UVA supere en más de un 10% la variación del coeficiente de variación
salarial.
La norma busca que la cuota no supere una proporción mayor al 25% del
salario para evitar riesgos de impago, pero en los hechos implica que un
crédito a 20 años podría extenderse a 25. Para los abogados que trabajan en la
estructuración de estas carteras para su venta, eso dificulta ofrecer a los
inversores certeza sobre el flujo de pagos, lo que afectaría la valuación de
esas carteras o desalentaría su suscripción por parte de compañías de seguros.
Y les entorna a los bancos una de las fuentes de fondeo que tenían previstas y
eran alentadas por el Ministerio de Finanzas.
Para los técnicos del BCRA, el inconveniente puede zanjarse
temporalmente colocando en el mercado bonos ajustados por UVA, como ya hicieron
varias entidades. Y haciendo campañas y siendo más agresivos con la tasa en la
captación de depósitos indexados.
Para los banqueros eso sería posible si el BCRA acorta el plazo de
inmovilización de esos ahorros de 6 meses (como rige hoy) a 3. "Lo que hay
que lograr es que el ahorrista se acostumbre al producto y lo conozca",
sugirieron.
En la reunión, que los consultados por LA NACION definieron
como "franca y productiva", también se analizaron temas como el
manejo del efectivo (los bancos prevén comenzar a cobrar una tasa del 1% a los
grandes depósitos desde mayo), el aliento al pago electrónico, estrategias para
alentar la inclusión financiera y la bancarización y la competencia que definen
como "desleal" de algunas fintech.
Además de Sturzenegger, participaron su vice, Lucas Llach; el
superintendente Fabián Zampone; los directores Francisco Gismondi, Horacio
Liendo, Demián Reidel, y el gerente general, Mariano Flores Vidal, por parte
del BCRA.
Del lado de Adeba, estuvieron su presidente, Jorge Brito; su director
ejecutivo, Javier Bolzico, y una nutrida cantidad de banqueros que incluyó a
representantes de los bancos Provincia y Cuidad y al titular de la Asociación
de la Banca Especializada, Gregorio Goity.
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