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Por Sofía Diamante - Los cuatro reguladores principales del sistema
financiero argentino -la Unidad de Información Financiera (UIF), los bancos, el
mercado de capitales y el asegurador- se reunieron anoche por primera vez en
público para trasmitir un mensaje unificado que consiste en fortalecer el
control preventivo del lavado de activos y el financiación del terrorismo.
El cambio en las regulaciones comenzó con la modificación de la
legislación del sector financiero y cambiario el año pasado, y finalizó hace un
par de semanas con la resolución que modificó las reglas en el mercado de
asegurados. En el medio, a comienzos de año, se hizo lo propio con el mercado
de valores.
"Cambió la filosofía. Antes, el foco era formalista: los bancos, la
casa de cambio y las aseguradoras tenían que conocer al cliente a través del
pedido de papeles que recolectaban y adjuntaban al expediente. A todos les
pedían los mismos datos", explicó Mariano Federici, presidente de la UIF.
Ahora, en cambio, cada una de las entidades tiene que hacer primero una
autoevaluación de los tipos de clientes y segmentarlos según el riesgo de
evasión: alto, medio o bajo. La norma, entonces, les permite distribuir la
carga de las exigencias de información a pedir en función a ese riesgo.
"Se identifica debidamente al cliente, cuál es su domicilio y la
actividad dónde se desempeña. Cambia la carga de tener que aportar
documentación respaldatoria. Y a los que son clientes de bajo riesgo -por lo
general asalariados y jubilados que tienen la cuenta en el banco- la entidad no
les va a tener que exigir demasiada documentación", dijo Federici.
De esta manera, según indican en la UIF, se ayuda a controlar de manera
más eficaz el lavado de activos. "Si le pedís a todos por igual, se
beneficia a los grandes delincuentes. La mejor manera de esconder un elefante
es ponerlo en una habitación lleno de elefantes. La recomendación internacional
de cómo se tiene que trabajar la prevención es focalizar todo el esfuerzo de
control en donde se encuentran los principales riesgos", agregó.
Mientras que las instituciones que regulan los bancos, el mercado de
capitales y el asegurador deberán enfocarse en su autoevaluación, la UIF tendrá
que supervisar qué tan coherente o razonable es esa segmentación y sugerir correcciones
si no está debidamente calibrada.
El objetivo final, explican, es fortalecer la reputación del mercado y
promover reglas de juego claras para generar confianza en el inversor
extranjero.
"El inversor que queremos atraer es el que valora este tipo de
cosas porque hacen a la protección de la competencia leal. Las personas que
ingresan activos provenientes de actividades ilegales no tienen problema de
perder costos de rentabilidad porque lo ven como el precio que tienen que pagar
por lavar dinero. Entonces van a competir con los demás de forma desleal,
generando volatilidades y burbujas en el mercado", señala Federici.
La UIF, que desde el año pasado goza de un mayor presupuesto, tiene tres
tareas principales: un rol preventivo, de supervisar y sancionar a las
entidades regulatorias; el de análisis de inteligencia financiera, para generar
un clima disuasivo para el delito, y el de colaborar con la justicia penal con
la figura de querellante.
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