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Por Carlos Burgueño - Mauricio
Macri confía en la estrategia monetarista a
la que adhiere la mayoría de los integrantes del gabinete económico y que se
está desplegando en estos tiempos para bajar la inflación. Las ideas sobre la
velocidad del dinero y el déficit fiscal como motivos del alza de los precios
continuará siendo el Plan A del oficialismo; al menos hasta que se conozcan, a
mediados de junio, los resultados del IPC de mayo. Si para ese época no hay
resultados a la baja, y el indicador no perfora el 2% mensual y no se ubica más
cerca del 1,5% el macrismo piensa ya en un arma letal: desenfundar y poner en
práctica las ideas que siempre defendió Elisa Carrió para bajar la inflación, y
que se asemejan más al intervencionismo puro y duro que a las teorías que hoy
se aplican para la cuestión. Según la visión de la legisladora, el alza del IPC
tiene en la Argentina más que ver con los "formadores de precios" que
con las teorías y los libros escritos fuera del país sobre cómo manejar y
frenar la inflación. Puertas adentro de Cambiemos a la disputa se la llama
"monetaristas vs. formadores".
Según los primeros, la inflación en la Argentina es culpa de la emisión
monetaria, de la cantidad de pesos que circula en el mercado y de la velocidad
de las transacciones. Y mientras en el país el déficit fiscal continúe en
niveles superiores al 2% del PBI, (para este año, según las proyecciones del
Ministerio de Hacienda de Nicolás Dujovne sería sensiblemente menor al 3%), no
debe esperarse otra respuesta que una presión importante en el alza de la
inflación. Aceptan en esta teoría que hay impactos necesarios como la suba de
las tarifas de los servicios públicos y los aumentos en las naftas y que por
este motivo el IPC mostró un incremento tan importante en el primer trimestre,
y continuará en la misma senda (o peor) en abril. Siguiendo esta lógica
defendida en viernes en público por Dujovne, la inflación bajará en mayo y
cuando se anuncien el 14 de junio los datos de ese mes, se confirmará que la
variable está en baja y que no habrá problemas en lograr en diciembre atenuar
la gran preocupación de Macri: una inflación anual de menos de 20%.
Los "formadores" comparten parte de la visión "monetarista"
(especialmente en el capítulo alza de los servicios públicos", pero
consideran que, en parte, la estrategia peca de optimista, y no tiene en cuenta
factores criollos que fomentan el alza de precios. Carrió y el radicalismo, los
principales defensores de esta visión dentro de Cambiemos, piden considerar
también a las conductas culturales de los privados como factores inflacionarios,
incluyendo a muchas de las grandes compañías productoras de alimentos, bebidas,
artículos de limpieza, textiles, etc. Incluyen además a varios oligopolios o,
directamente, monopolios, en el fenómeno, especialmente a productores de
insumos para la fabricación de algunos bienes. Ya Carrió había embestido con su
teoría en mayo de 2016 durante el debate de una fallida ley antidespidos,
asegurando que "los formadores de precios se humillaron con Guillermo
Moreno y se desataron con la libertad", agregó que "Arcor y Molinos
Río de la Plata tienen que bajar los precios" y le pidió "a la
sociedad que no compre las primeras marcas que suben los precios",
apuntando en ese momento contra Arcor y Molinos. Según la legisladora se
trataba de dos compañías que en su momento se habrían sometido a los dictámenes
de Moreno y habían aceptado, sin discutir, sus políticas de controles de
precios y de cierre de mercados. Esta actitud se habría mantenido luego con
Augusto Costa en la Secretaría de Comercio y recién cuando Mauricio Macri
triunfó en las elecciones presidenciales estas compañías habrían dejado de
obedecer al kirchnerismo, siempre según la visión de la legisladora. Carrió
avanzó luego en firme y presentó su propio proyecto de ley de Defensa de la
Competencia, que es el que ahora el gobierno piensa desenfundar como "Plan
B". (ver nota aparte).
La diputada sigue siendo (como desde sus inicios en la política), crítica con
los empresarios y la falta de apoyo de los privados con el Gobierno de Mauricio
Macri. Habla de "formadores de precios" y "carteles" y
mencionó sectores concretos: los súper e hipermercados, los más importantes
fabricantes de alimentos y bebidas, los de productos de consumo masivo,
materiales para la construcción, insumos básicos y los exportadores de
productos primarios. Comenzando por la empresa que tendría el monopolio de los
envases para mantener los productos envasados en el largo plazo. Como se dijo,
el problema que tiene esta embestida es que el resto del Ejecutivo no cree en
la visión de Carrió, y siguen confiando en la estrategia clásica de baja de la
inflación vía políticas monetarias restrictivas, presión sobre el déficit y
acciones del Banco Central.
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