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Por
Alejandro Tagliavini - Los políticos suelen ser voluntaristas. Así, Macri dijo
que espera que la visita de Rajoy "ayude a convencer a los españoles... de
que... no van a encontrar... un país que los reciba con tanto afecto".
¿Afecto? Los capitales no se mueven por afecto, sino por eficiencia, gracias a
Dios, de otro modo se perderían, se perdería el trabajo de todas las personas
que intervinieron para juntar esos fondos. Los afectos son para cosas más
importantes que el dinero.
El año pasado, Macri fue recibido en España, precisamente, con mucho afecto...
pero los capitales nunca llegaron, por suerte, ya que hubieran sido malgastados
dado que, más allá de algunos sectores apalancados por el Gobierno como la
construcción -a un costo exorbitante que en su momento habrá que pagar-, el
resto no es atractivo debido al "costo argentino", empezando por la
carga fiscal.
Por caso, según la fundación Pro Tejer, una remera por la que el consumidor
paga $100 tiene un costo de fábrica de solo $ 8,50, un 50,3% son impuestos, 9%
se va en logística y comercialización, 12,2% se lo llevan los bancos, 12,7% se
destina a alquileres, 4,8% es la rentabilidad de la marca y el 2,5% se va en
publicidad y diseño. Este costo fiscal exorbitante explica que, en los
shopping, el 70% de la ropa sea importada. Claramente no conviene producir en
forma local y, por tanto, tampoco invertir.
El Gobierno dice que la presión fiscal baja. Pero eso no se condice con la
recaudación que, por ejemplo, en marzo aumentó 37% -exceptuado el efecto del
blanqueo de 2017- respecto del mismo mes del año anterior, superando a la inflación
-en torno al 25%- sumada al crecimiento del 4% anualizado, en el primer
trimestre, según desliza el oficialismo.
Al mismo tiempo, confundiendo a la opinión pública, el oficialismo argumenta
que este aumento de la recaudación se debe a la reactivación. A ver, el aumento
está justificado sobre todo por el IVA Impositivo que creció 57,3%, contra
marzo del año pasado, gracias a los dibujos ya que parte de la percepción de
"combustibles" y otras alícuotas se computaron como IVA con lo que se
agregaron unos 7 puntos.
Por cierto, aumentar las barreras aduaneras para que entren menos productos
importados sería contraproducente y, entre otras cosas, presionaría hacia un
aumento de la "inflación", el IPC, al sustituir importados por
productos nacionales más caros. Y la cosa no está para bromas. La
"inflación" núcleo se disparó en marzo: 2,4% en CABA y 2,6% en la
medición del IPC.
Y en esto podría impactar la guerra comercial entre China y EE.UU., bajando los
precios en Argentina a costa de aumentar las importaciones. Trump está asustado
porque el déficit comercial con China creció el año pasado 8%, hasta los
u$s375.200 M. Aunque Beijing tiene otra versión: el superávit con EE.UU. es de
u$s275.810 M, un récord pero menor (en u$s100.000 M) que lo calculado por
Washington. El comercio con la primera potencia mundial generó el 65% del
superávit comercial chino global.
Así, Trump ha empezado su guerra comercial contra China, pero sin toda la
artillería. Según Standard & Poor's, los aranceles que aplicaría EE.UU. afectarían
al 12% de los productos chinos, con lo que suena más a una estrategia
negociadora cuyo objetivo es reducir el déficit en u$s100.000 M. Beijing
contraataca donde puede hacer más daño. La agricultura generó más de 19.000 M
en exportaciones hacia China en 2017. La segunda mayor partida son aviones
comerciales, con 16.260 M, seguida por los automóviles, con 10.500 M. Estas
tres categorías serían aranceladas por China en caso de que Trump acabe por
oficializar esta nueva ronda de aranceles contra productos de alta tecnología
chinos.
Así las cosas, el riesgo real de una guerra comercial es bajo y con poco
impacto en Argentina, pero podría derivar hacia otro lado. Según Bloomberg, el
gigante asiático no descartaría una futura devaluación del yuan, lo que
impulsaría la exportación, aunque también conllevaría otros riesgos. Entre
ellos estarían los relacionados con el pago de la deuda de las empresas locales
y sus efectos devastadores en los mercados, como sucedió en el verano de 2015
y, además, alimentaría una respuesta más dura por parte de las autoridades
estadounidenses.
Beijing, que había devaluado el yuan en varias ocasiones durante 2015 y 2016,
se comprometió a no utilizar la guerra cambiaria. Pero desde la llegada de
Trump a la presidencia de EE.UU., el yuan acumula una subida del 9% contra el
dólar.
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