Por
Luis Palma Cané - Desde la fundación de la Comunidad Europea por los 12 países
-que en 1993 firmaron el Tratado de Maastrich-
se planteó la necesidad de perfeccionar la Unión Europa en cantidad de miembros
y en calidad institucional.
Han pasado 25
años y lo cierto es que, respecto a la primera cuestión, es mucho lo que se ha
avanzado. En efecto, en la actualidad, la Comunidad está integrada por 28
países que constituyen un mercado libre, con una población de unas 510 millones
de personas y una economía con un PBI consolidado de 15,3 billones de euros,
sólo menor al de EE.UU.
Sin embargo,
respecto a la institucionalidad, han sido numerosas las críticas que se le han
efectuado; las cuales, especialmente, se han reflejado en el surgimiento de
partidos nacionalistas euroescépticos que propugnan -lisa y llanamente- la
salida de la Comunidad. Al respecto, quien ha comenzado la ruptura es el Reino
Unido (Brexit).
El argumento
básico de los euroescépticos es que los límites impuestos por la Comunidad a la
capacidad de decisión de cada uno de sus miembros superan largamente a las
ventajas de pertenecer a un mercado común con libertad de bienes, servicios,
personas y movimiento de capitales.
Estos
movimientos eurofóbicos han ido deteriorando la consolidación política y
económica de la Comunidad. Sin embargo, a nuestro juicio, la solución no
consiste en eliminarla o debilitarla sino, por el contrario, perfeccionarla. La
asunción de Emmanuel Macron en Francia y de Ángela Merkel en Alemania -dos
reconocidos y fervientes europeístas- permite albergar esperanzas de una
"refundación" de la Comunidad que perfeccione su funcionamiento,
consolide la unión de sus miembros y constituya -de esta manera- un importante
contrapeso en el sistema político global.
¿Cuáles serían
las principales reformas que debieran encararse? Entre otras, pueden
mencionarse:
Desburocratizar
y reducir su compleja y pesada estructura de decisiones, hoy conformada por un
cuerpo político -el "Consejo de Gobierno"- integrado por los primeros
niveles de decisión de cada uno de los 28 países miembros; un órgano ejecutivo ("Comisión"),
encabezado por un presidente y 28 miembros a modo de gabinete de ministros,
pero sin autoridad vinculante; todo ello sumado a un cuerpo legislativo -el
"Parlamento Europeo"- conformado por 751 eurodiputados
Reducir la
exuberante cantidad de organismos técnicos, políticos y sociales que conforman
la infraestructura de la Comunidad
Completar la Unión
Bancaria, mediante la designación de un único supervisor y el establecimiento
de un fondo común de garantía para los depósitos bancarios
Confeccionar un
presupuesto fiscal consolidado que sea vinculante para cada miembro y
controlado por un "super" Ministro de Finanzas
Establecer una Unión
Fiscal, que de homogeneidad a las políticas impositivas
Constituir un Fondo
Monetario Europeo para enfrentar eventuales crisis de balanzas de pagos
"Mutualizar"
riesgos mediante la posibilidad de cada país miembro de emitir eurobonos con
garantía de la Comunidad
En síntesis,
resulta claro que la Comunidad Europea necesita una "refundación" que
elimine sus actuales falencias, explícitamente puestas de manifiesto por los
movimientos euroescépticos. Por ahora, la punta de lanza de dicho proceso la
constituye el eje franco- alemán. Su éxito o fracaso definirá el futuro de
Europa.