Por Walter Graziano - Federico Sturzenegger acaba
de embarcarse en una peligrosa mano de truco con los mercados financieros, por
más que le muestre a todo el mundo que tiene el ancho de espadas. Sus
declaraciones acerca de que subiría las tasas de interés en una magnitud
indeterminada en caso de que la inflación no descienda rápidamente en mayo es
inoportuna. Y es inoportuna porque ya le puso un techo de corto plazo al dólar,
factor que si bien puede tardar en poner techo a la inflación, suele ser
efectivo tras unos meses.
Lo que en cambio sí es inefectivo, en el contexto argentino en particular, es
usar la tasa de interés como instrumento antiinflacionario. Ya hemos dicho que
el total de agregados monetarios de Argentina es de alrededor de solo el 30%
del PBI, y el crédito total en pesos no supera el 15%. Con guarismos tan bajos,
¿Qué es lo que cree Sturzenegger que puede lograr subiendo las tasas? Lejos de
luchar contra la inflación lo que va a lograr es probablemente aumentar el
stock de Lebac, Leliq y pases que ya llegan a un nivel cercano a valor de
u$s70.000 millones, aumentando así la deuda pública, para colmo de plazos muy
cortos. El Banco Central va a encontrarse con que con una suba de tasas
significativa no va a bajar la inflación más de lo que lo hubiera hecho con el
dólar "planchado" y sin esta amenaza de suba de tasas que comienza a
operar en la mente y en la actitud de los operadores desde hoy mismo, dado que
la está anunciando.
¿Qué necesitaría Sturzenegger para que una suba de tasas implique una reducción
en la tasa de inflación? Muy sencillo: una magnitud de créditos en pesos en la
economía no menor al 60% del PBI o sea cuatro veces superior al actual que haga
que frente a la suba de rendimientos muchas empresas y particulares decidan
cancelar o precancelar créditos, realizándose así un proceso de contracción
monetaria y ventas de stocks de mercancías, que es lo que produce descensos en
los precios en las economías donde la política monetaria funciona. Pero con el
exiguo 15 % actual de créditos en pesos, una economía con bajo nivel de
monetización y tomadores de créditos muchas veces obligados a hacerlo solo por
circunstancias especiales que no van a promover cancelaciones crediticias hay
que olvidarse de que la política monetaria ocupe un papel de relevancia a la
hora de bajar la inflación. Si lo logra, no será por esto, que solo incidirá en
mayores males vía incremento en la deuda pública de corto plazo.
Una palabra aparte merecen las declaraciones del mismo funcionario en la misma
conferencia de prensa acerca de que no descarta nuevas intervenciones en el
mercado cambiario en caso de ser necesarias para frenar el precio del dólar.
Entonces ¿En qué quedamos? ¿La suba de tasas es efectiva o no lo es para bajar
la inflación? ¿O acaso a la inflación hay que "tirarle con todo lo que se
tenga a mano, cueste lo que cueste"? Una de dos: o se confía en la
política monetaria, o se lucha contra la inflación clavando el precio del
dólar. Pero ambas cosas a la vez no. Está contraindicado. Es como tomar dos
antibióticos en forma simultánea. Puede ser letal para la economía porque ahí
sí que no solo está dando un seguro de cambio implícito a los capitales
golondrina sino que está intentando en forma deliberada que los mismos entren,
confiando en ellos. Y lo peor es que esto no comenzará a operar desde el
momento en que entre en vigor la suba de tasas, sino que empieza a operar desde
ahora. El seguro de cambio está ya implícitamente dado, la puerta abierta a los
capitales golondrina también, y todo en la propia palabra de Sturzenegger. Es
por eso que hay que monitorear muy especialmente el nivel total de Lebac, Leliq
y pases que últimamente se había estabilizado bastante lo que implica que los
capitales golondrina habían cesado de ingresar pero no habían comenzado a
salir. Si el nivel general de esos activos empieza a volver a aumentar a buen
ritmo implica que estamos ante otro round de ingreso de capitales golondrina
que se pagará más tarde, como siempre, con sangre, sudor y lágrimas. Alarma de
mediano plazo. Si en cambio el stock de estos activos sigue estabilizado sin
empezar a crecer de manera importante significa que el mercado está saturado de
capitales golondrina, estos no quieren seguir ingresando ni aún con seguros de
cambio implícitos y suba de tasas. Y esto es una alarma no ya de mediano plazo,
sino para el propio corto plazo.
La economía argentina necesita para salir del atolladero en el que está
sumergida un urgente cambio de foco en sus políticas económicas. En vez de
fijar objetivos en tasas de interés y valor nominal del dólar, debe fijar
objetivos en el nivel de déficit total del Estado incluido el cuasifiscal y el
valor real del dólar que ha quedado muy retrasado e impide que se pueda crecer
con fortaleza. Pero bajar el déficit fiscal y aumentar el valor real del tipo
de cambio no puede hacerse con gradualismo. El gradualismo no sirve en las
actuales circunstancias porque su propia lentitud marca su seguro camino al
fracaso. Aunque la inflación argentina no supere el 30% anual es necesaria una
política de shock para bajar la inflación al 5 % anual, pulverizar el déficit
fiscal y reconstituir el nivel del tipo de cambio real. Todo este juego de
artificios en el que Sturzenegger juega al truco con el mercado tirando en la
primera mano el ancho de espadas de poco sirve si el mercado sabe que para la
segunda y la tercera mano que sobrevendrán tiene un par de sotas. Y si hay algo
que el mercado sabe de sobra es que en Argentina, cada vez que se apostó a que
los capitales golondrina financien estabilidades transitorias se terminó por
tener todos los planetas alineados en contra causando la tormenta perfecta.
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