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Por Claudio Zlotnik - En medio de una fuerte agitación política en
el seno de Cambiemos por la escalada inflacionaria, el Gobierno evalúa
dejar en suspenso la próxima etapa de ajustes de las tarifas de los servicios públicos.
La decisión final será tomada por Macri en los próximos días, pero todo
apunta a que se postergarán algunos de los incrementos que ya
fueron pautados.
El jefe de Estado tiene en su despacho ejercicios con las distintas
opciones que le prepararon los funcionarios del área energética. Hacia
adelante, restan por aplicarse alzas en las tarifas de luz, gas y transporte público.
Deberá convalidar qué aumentos se llevarán a cabo y cuáles no. No
obstante, la decisión política ya está tomada: el Presidente quiere cumplir
con lo dicho en el Congreso, el 1° de marzo último, cuando en la apertura de
las sesiones ordinarias anunció que "lo peor ya pasó".
El mayor malhumor social por la constante suba de precios venía siendo
detectado por las distintas encuestas de opinión pública. Pero este tema tomó
un verdadero impulso político cuando Elisa Carrió puso el grito en el
cielo.
"Lilita" advirtió que iba a presentar un proyecto de
resolución para que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, diera explicaciones
sobre los cuadros tarifarios y los controles que se les aplican a las
compañías de servicios públicos.
El radicalismo -socio de Macri en la alianza Cambiemos- acompañó el
reclamo de Carrió, y directamente pidió una moderación en las alzas
tarifarias.
El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, habló de "errores
políticos" al referirse a los aumentos concedidos por el
Ejecutivo.
El radicalismo sospecha que parte de esos ajustes serán utilizados para
que las empresas recuperen algo de la rentabilidad perdida durante el
kirchnerismo. Y que, por lo tanto, no tienen nada que ver con la necesidad de achicar
el desequilibrio de las cuentas públicas.
Federico Pinedo, presidente provisional del Senado, sinceró el debate
que se da puertas adentro: "Tenemos un planteo interno en el Gobierno de
gente que pide que los aumentos se dilaten un poco, que se hagan más
lentos", admitió el senador, uno de los interlocutores más cercanos del
jefe de Estado.
De todas maneras, recordó que el camino tomado ha respetado cierta dosis
de gradualismo: "Este año estamos pagando los incrementos que tendrían que
haber sido el año pasado. No por las elecciones, sino porque era muy duro
en ese momento", afirmó.
En este contexto, Marcos Peña dijo que accederá a darle explicaciones a
Lilita. Y trató de "actitud demagógica e irresponsable" al reclamo de
Cristina Kirchner de retrotraer los niveles tarifarios a inicios de 2017.
Por lo pronto, en Casa Rosada están decidiendo qué hacer con las
subas que ya están en agenda. Es decir, con las que aún no han sido
aplicadas pero que fueron comprometidas por el Gobierno ante las compañías.
Aranguren previó
el cambio de clima
Un
indicio de que el esquema previsto sufrirá alteraciones lo dio el propio ministro
de Energía, Juan José Aranguren (uno de los "halcones" del Gobierno),
partidario de los reacomodamientos de las tarifas y el más
apuntado por Carrió, UCR y oposición.
En una planilla oficial, ya rebajó el precio al que debería
llegar la tarifa del gas para el próximo año: corrigió esa meta de u$s6,80 por
millón de BTU (unidad de medida del gas) a u$s6,40.
Esa merma implica de por sí un menor reconocimiento a las
compañías gasíferas que vienen reclamando incrementos. Esta
corrección deja bien en claro que los propios funcionarios están tanteando el
límite del público a los ajustes.
Además, fuentes oficiales y analistas del sector admitieron a iProfesional que
el precio del gas en boca de pozo (es decir, el que recibe el productor
antes que sea transportado y distribuido en la red) podría permanecer un tiempo
más en torno al valor actual (u$s4,70), pese a que el cronograma
vigente haga referencia a una suba en octubre (a u$s5,30).
Este ajuste, del 13%, se trasladaría al costo de los hogares. En el
esquema del Gobierno, el precio del gas al consumidor debería elevarse cerca de un 20%
adicional en el segundo semestre, si se mantuviera el plan original.
En otras palabras, el metro cúbico para el segmento residencial, que
hasta el año pasado incluía 53% de subsidios, debía pasar al 37% (subsidiado)
en 2018 y a tan sólo 10% en 2019.
El precio del fluido no es el único incremento en carpeta. Todavía resta
un retoque en la energía eléctrica, en el tramo de la generación.
En su momento, Aranguren estimó que las tarifas de luz subirían
entre un 25% y 30% hasta fines de 2019, más los ajustes semestrales
por inflación.
En el calendario también queda un 26% de suba en las boletas de
Aysa(agua potable), empresa que atiende en la Ciudad de Buenos Aires y parte
del conurbano bonaerense.
Pero el golpe más duro para el bolsillo llegará del transporte
público, para el que también se viene cumplimentando un cronograma.
El boleto mínimo en el área metropolitana se elevó de $6 a $9 bajo
el régimen multimodal y debería escalar a $10 en junio.
También está previsto un ajuste para el subte: el pasaje
debería elevarse de los actuales $7,50 a los $11.
Inflación y política
El último revuelo político en torno a las tarifas se inició cuando el INDEC dio
a conocer la elevada inflación de marzo (2,3%) y al trascender que abril
será peor a raíz -precisamente- de los aumentos en el transporte públicoaplicados
este mes.
El hecho de que los ajustes tarifarios se trasladen a los precios de los
alimentos de la canasta básica agitó la interna. Y la voz imperante de Lilita
Carrió completó el escenario.
La inflación viene siendo identificada por los ciudadanos
como el problema más grave. La sitúan incluso por delante de la
inseguridad o el temor a perder el empleo.
Este cuadro no era el previsto por Macri hace algunas semanas, cuando en
el Congreso dijo que lo peor había pasado y que ahora llegaban "los
años en los que vamos a crecer. Las transformaciones que hicimos empiezan a dar
frutos, a sentirse".
El senador Pinedo puso blanco sobre negro la situación: "El
Presidente pensaba que el agua del otro lado de la orilla iba a estar más
cerca. Siente que estamos a poco más de la mitad del río y que dar vuelta
sería muy negativo".
"Más que enojado (por la situación económica) está preocupado
y ocupado", sostuvo el legislador oficialista.
En este agitado contexto, en Casa Rosada ya está evaluando moderar
el calendario de subas, pero la cuestión central pasa por qué decisión tomar en
el caso de los ajustes ya pautados.
Algunos de ellos, como el de la electricidad, no deberían implicar
la rebaja del déficit fiscal, porque no tienen que ver con la merma de
subsidios sino con mejorar la rentabilidad empresaria.
Por eso mismo, varios dirigentes de la UCR le han reclamado al
Gobierno ponerle más atención a las demandas de la sociedad que a los
pedidos de los ejecutivos de las compañías.
Un prominente dirigente radical confesaba, en diálogo con iProfesional,
el temor al impacto político que puede recaer sobre el
Gobierno cuando empiecen a llegar las boletas de gas con las nuevas tarifas engordadas por el mayor
consumo invernal.
Macri, siempre atento a lo que dicen las encuestas de opinión, tendrá
quetomar una decisión trascendental: si modera el tarifazo o si
apuesta a la aceleración de las reformas estructurales.
La definición tendrá un inocultable rasgo político. Una suspensión
del ajuste (o de parte del mismo) significará el lanzamiento de la Casa Rosada
a la carrera por la reelección.
A nadie le escapa que, justamente, este 2018 se apuntaba
como el año de los sinceramientos tarifarios, porque los argentinos no
tienen que concurrir a las urnas.
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