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Por Claudio Zlotnik - La
imagen de Domingo Cavallo en
los programas políticos de televisión criticando a funcionarios del Gobierno,
"bajándole línea" a Federico
Sturzenegger y aconsejándole a Macri hacer cambios en el
Gabinete es, acaso, el dato más elocuente de que Argentina atraviesa una nueva crisis.
Su presencia en TV,
las repercusiones de sus dichos y su "receta" para dejar atrás la corrida
cambiaria marcan varias cosas: la primera, obvia, que en el imaginario
colectivo -y para algunos en particular- Cavallo sigue
siendo percibido como un bombero
en las crisis.
Esto, a pesar de
que él mismo fue un "pirómano"
en el 2001 y
que aquella debacle le
estalló en sus manos.
Sin embargo, en
momentos de gran confusión, hasta los personajes que parecían "vedados" reaparecen para
marcar su punto de vista, ante una opinión pública que no encuentra respuestas
claras entre los propios funcionarios del Gobierno respecto de lo que está
pasando.
Otro síntoma que
genera escozor es el regreso
de Argentina a la primera plana de los medios financieros internacionales,
algo que no pasaba desde la pelea con los "fondos buitres" o, más
atrás en el tiempo, cuando el país batía récords de suba en el riesgo país.
Ahora, la
revista Forbes se
pregunta si no ha llegado el momento de que losinversores salgan del país, mientras que
el Financial Times se asombra del desplome del peso y de la suba de tasas.
En definitiva, en
estas últimas horas quedó plasmado que la trepada
del dólar va
más allá de una simple corrección cambiaria y que ya se
convirtió en una crisis,
cuyos efectos se harán sentir también en el plano político.
Por lo pronto, están a la orden del día las versiones sobre cambios de nombres
en el equipo económico o anuncios de nuevas medidas.
El hecho de que
este jueves se mostraran imágenes de una reunión -acaso de urgencia- en Casa Rosada, con
presencia de la diputada Elisa Carrió, fue suficiente
como para que la usina de rumores funcione a toda máquina.
De
"lo peor ya pasó" a cuánto más puede empeorar
A esta altura, la sensación instalada entre los operadores del mercado es queno serán suficientes medidas técnicas
del Banco Central para
restituir la calma.
Más bien, en la City porteña
esperan una redefinición del rumbo de política
económica.
Transcurrieron
apenas 64 días desde que Macri dijera en el Congreso la frase "lo peor ya pasó".
Lo hizo al referirse a la dinámica inflacionaria y para hacer hincapié en que
los ajustes tarifarios más
dolorosos habían quedado
atrás.
El equipo económico
le había prometido al Presidente que, a partir de abril omayo, la inflación se desplomaría, ya que
habrían transcurrido para entonces los incrementos más fuertes.
Incluso, ese
diagnóstico era compartido por el propio FedericoSturzenegger hasta hace unos
pocos días atrás.
En su paso por
Washington, hace dos semanas, decía a sus interlocutores que el salto del dólar de
$17,50 a $20 era suficiente como para que el país ganara competitividad cambiaria.
Y que, a partir de
entonces,la cotización se mantendría "planchada" de
cara a los meses subsiguientes. Nada
de eso ocurrió.
La cuestión tarifaria tomó
vida propia y se
convirtió en un evento políticoen sí: la oposición amenazando
con una revisión del cuadro y el Ejecutivo advirtiendo sobre el veto, en caso
de que la iniciativa se convierta en ley.
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alimentos envían listas de precios con fuertes aumentos y se diluye la promesa
del Gobierno de una baja inflación en mayo
La disparada del billete verde terminó
por alterar por
completo el mapa
político y económico.
De hecho, es
altamente probable que ninguno de
los 47
economistas que respondieron la encuesta de expectativas
del Banco Central (REM)
siga creyendo que la inflación de
este año cerrará en el 22%.
Esa estimación
-previa a la aceleración de la corrida de esta semana- ya marcaba una amplia
diferencia con la meta del 15% publicitada por el Gobierno.
Ahora, con un dólar cercano
a los $23, varias de las consultoras sacan cuentas y analizan
el efecto passthrough.
Es decir, cuánto de la suba del billete se trasladará al precio de los bienes y
servicios de la economía.
Sobre todo en alimentos,
rubro con marcada influencia en el campo político.
También se afinaba
el lápiz para tratar de determinar si se está en una fase de overshooting (es
decir una reacción exagerada del mercado a la que le sigue una baja de la
cotización) o si todavía hay margen para
que el dólarsiga
en ascenso.
En tanto, en la
noche del jueves, analistas de importantes consultoras debieron hacer horas
extras para calmar la ansiedad de sus clientes, al tiempo que recibían
versiones y especulaciones de todo tipo sobre posibles medidas a tomar por el
Ejecutivo.
Algunas de ellas
daban cuenta de que el Gobierno
avalaría restricciones al comercio exterior. Básicamente,
que impondría obligaciones a los exportadores de soja para acelerar la liquidación de divisas. O que iba a
limitar la tenencia de divisas a los bancos.
También se especuló
con la aparición
oficial en el mercado de
los futuros.
Hasta ahora fue descartada por el Banco Central,
tras las denuncias de los actuales funcionarios contra las autoridades del
gobierno anterior por haber "vendido dólares baratos" durante 2015.
Con el objetivo de
frenar la corrida, este jueves el BCRA elevó a 38,25% anual la tasa de los
pases activos. De este modo, quiso evitar que
los bancos se fondeen barato en pesos para comprar moneda estadounidense.
Tampoco tuvo efecto.
En este marco, la
pregunta que recorrió las oficinas de algunos financistas fue cuál era la tasa de interés necesaria
para desactivar la compra de dólares, siendo que la
cotización trepó 9% en una sola jornada.
Junto con ese
interrogante, estaba el de "cuándo
pararía la corrida".
La observación más
escuchada fue que el Banco Central,
y el equipo económico en general, se había mostrado muy dubitativo y sin
reacción frente al movimiento cambiario.
Y que, en ese
marco, lo que se inició como un desarme de inversiones por
parte de los fondos extranjeros cargados de Lebac, se potenció a medida
que pasaron las jornadas.
En el gremio de los
operadores y analistas, el consenso es que esta fue la peor semana para Macri desde
que llegó a la Casa Rosada, al menos en el plano financiero.
Sin reacción y sin
dar señal alguna sobre el camino a seguir, con importantes fondos locales
imitando a los de afuera y dolarizando sus tenencias.
Los ahorristas
minoristas, que hasta ahora observaron todo este agitado escenario tratando de
comprender que sucedía, podrían verse tentados a sumarse a la vorágine
cambiaria, si el Gobierno no envía las respuestas contundentes.
Por todo esto, más
que una corrida, este movimiento financiero ya se transformó en una crisis
política, de pleno impacto en lo económico.
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