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Por Juan Bergelín - La jugada
de pizarrón que el viernes último realizó el Banco Central sirve en lo
inmediato para frenar la corrida cambiaria y va mucho más allá de la abrupta
suba de tasas. Los puntos claves pasan por la amenaza a intervenir en los
mercados a futuro y el límite a la posición en dólares de los bancos, una bala
de plata a la que el kircherismo recurrió cada vez que no logró contener una
disparada del dólar. Si bien en la city consideran que no es mucho lo que los
bancos tienen por desarmar de su posición en dólares -ya que estaban lejos de
ocupar ese 30% que tenían permitido hasta hoy-, saben que limita la demanda futura
de las entidades, toda una señal.
De todos modos, la reacción
tardía del Central deja varias lecturas adicionales:
► El hecho de que esta vez
Federico Sturzenegger no estuviera en los anuncios del gabinete económico y
haga lo suyo a través de un comunicado parece un detalle menor pero contribuye
a que el organismo recupere algo de la independencia perdida aquél 28 de
diciembre.
► Además, el Central no sólo
demostró que está dispuesto a recurrir a todos sus instrumentos para frenar al
dólar sino que los usó, salvo el de operar a futuros, algo que por el momento
esquiva la actual conducción del organismo.
De todos modos, esta por verse
si con eso logra revertir la mala impresión que dejó en el mercado el miércoles
25, cuando arrancó la corrida en un contexto de devaluación de monedas en la
región, y vendió casi u$s1.500 millones para mantener, innecesariamente, el
precio congelado.
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