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Por Néstor O. Scibona - Dicen en los pasillos oficiales que la
sorpresiva decisión de recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) en busca
de apoyo financiero "preventivo" surgió de una evidencia inquietante:
ayer, la demanda de dólares en el mercado cambiario amenazaba con disparar las
cotizaciones a niveles exorbitantes, o bien obligar al Banco Central a volver a
vender reservas a granel para contenerlas, pese a haber fijado tasas de interés
no menos exorbitantes en los últimos días. "Nos llevaban puestos", se
sinceró anoche un funcionario.
Este "efecto susto" hizo que la Casa Rosada comprobara en
carne propia la lógica de los fondos internacionales de inversión, donde en
cuestión de semanas un país puede pasar de deudor confiable a demasiado
riesgoso. Y considerara que no había tiempo para que baje la polvareda tras la
artillería pesada de medidas monetarias y cambiarias disparada por el BCRA, en
un intento ortodoxo de frenar la corrida contra el peso sin sacrificar más
reservas.
El diagnóstico oficial de desconfianza sobre el manejo de la crisis
llevó así al presidente Mauricio Macri a anunciar el primer pedido argentino de
auxilio financiero al FMI en 15 años. Fue una señal a los mercados externos,
que relegó a segundo plano su previsiblemente alto costo político en el plano
interno.
Ante la falta de confianza, una forma de "alquilarla" era
ubicarse bajo el paraguas y la auditoría del organismo, que puede prestar
fondos a tasas mucho más bajas que las de mercado. Además, su titular,
Christine Lagarde, había elogiado hace menos de tres meses en Buenos Aires la
política gradualista del Gobierno para bajar el déficit fiscal y la inflación.
El propio Macri admitió que ese gradualismo depende mucho del
financiamiento externo. Pero no que el Gobierno dejó de colocar deuda en los
mercados internacionales porque su costo en dólares trepó al 8% anual, no tanto
por la suba de la tasa de interés en los Estados Unidos (a 3%), sino porque el
riesgo argentino le agrega casi 5 puntos y su proyección complica el objetivo
de reducir los déficits "gemelos" (fiscal y externo) a mediano plazo.
De todos modos, el formato del anuncio reflejó el apuro del Presidente y
su equipo económico, que anoche mismo partió hacia Washington.
Sin precisiones sobre el tipo de asistencia, su monto y características
(con o sin condicionalidad), las reacciones iniciales fueron dispares. De ahí
que el dólar bajara después del breve mensaje de Macri y repuntara tras las
escasas precisiones aportadas luego por el ministro Nicolás Dujovne, para
cerrar por encima del lunes.
Aún faltan varios capítulos para saber cómo termina la película. No es
lo mismo comprar un matafuegos con caja de vidrio para romper en caso de
incendio que llamar de urgencia a los bomberos.
Aparentemente, la intención del Palacio de Hacienda sería negociar con el
FMI una línea sin condicionalidad previa y con revisión ex post de
las metas fiscales anunciadas por el Gobierno para reducir el déficit fiscal
primario (que no incluye intereses de la deuda). Aquí pesa no solo la decisión
de recortar gastos de capital (obras públicas) por $30.000 millones, sino que,
con un tipo de cambio más alto, el gasto se reduce en dólares.
Por ahora, la apuesta oficial es que un dólar más caro (y una
devaluación del peso mayor que otras monedas) desaceleraría el ritmo de las
importaciones y viajes al exterior, mientras que las altas tasas de interés
(que el BCRA definió ayer como transitorias) enfriarán la actividad económica y
el consumo y atenuarían el traslado a precios de la devaluación.
Sin embargo, lo que cuenta para el Fondo y los mercados es la capacidad
de repago de la deuda soberana, medida en términos de ingresos genuinos de
divisas por exportaciones e inversión directa. Que a su vez se relaciona con el
tipo de cambio real y la competitividad de la economía.
Aunque en las últimas semanas abundaron los titulares periodísticos
sobre "récords históricos" del dólar, se trata de cotizaciones
nominales. En términos reales, en cambio, está lejos de constituir un récord
para la historia económica reciente. Según un cálculo del Estudio Broda, el
tipo de cambio real multilateral (TCRM) frente a una canasta de monedas
integrada por el dólar, el euro y el real brasileño, a precios de abril de
2018, promedió $27,20 desde 1980 (sin incluir las hiperinflaciones) y $26,30
desde 1997. Sus extremos fueron de $15,60 antes de estallar la convertibilidad
y superiores a $50 pocos meses después, en plena crisis de 2002. Su actual
cotización casi equivale a los $23,30 de abril de 2016 a valor constante.
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