Por Fernando Gutierrez - Seguramente Macri no tenía en mente que,
apenas tres días después de anunciar que el acuerdo con el FMI iba a
garantizar el plan "gradualista", el mercado le respondería llevando
el billete verde a $23,73. Tampoco, que la cotización de futuros
de dólar para fin
de año llegaría a $29,30.
El clima de estas jornadas está marcando el verdadero flanco débil para
el Presidente: podrá estar negociando un crédito rápido de más de u$s40.000
millones. Podrá recibir mensajes de apoyo de los gobiernos, como el de EE.UU y
de China, pero no logra persuadir a los argentinos sobre el margen
de acción que tiene para seguir con su gradualismo.
Mientras el Gobierno se empeñaba en enviar señales de confianza, como la
reunión con gobernadores peronistas o la del ministro de Producción, Francisco
Cabrera, con los popes empresariales, los pequeños ahorristas se
dedican entusiastamente a comprar dólares.
A tal punto que los bancos ya
tuvieron que montar un operativo especial de logística para
poder abastecer de billetes verdes a sus sucursales. Dicho en
términos técnicos, la caída en la demanda de dinero (pesos) está ingresando en
una nueva fase.
De manera que lo que empezó siendo una corrida contra bonos y luego
contra la moneda local, se acerca a ser una corrida contra los bancos.
En ese contexto de hipersensibilidad, el gran desafío de Macri es
que la devaluación también mantenga un ritmo gradualista.
Trascendió que en una de sus reuniones con aliados de Cambiemos, cuando
le plantearon avanzar en una corrección cambiaria brusca, negó esa posibilidad
por temor a que los ahorristas entraran en pánico.
Desde entonces, y contra su voluntad, el peso subió $1,70 adicionales.
El Banco Central volvió
a quemar reservas y empezó a operar en elmercado de futuros para
tratar de detener la devaluación.
Este tipo de decisiones claramente dan por "enterrada" la adhesión
ideológica del macrismo a la libre flotación cambiaria.
En rigor de verdad, apoyó ese régimen sólo cuando el dólar flotó "para
abajo", pero no dudó en usar la mano dura cuando lo hizo hacia
arriba:
- Ocurrió en el verano de 2016 cuando, por primera vez, Macri
presionó al Banco Central para
que "topeara" al dólar en $16.
- Volvió a pasar en agosto 2017. En plena campaña electoral de
medio término, el presidente del BCRA recibió esta orden: "Federico, hay
que sacar al dólar de
la tapa de los diarios".
- Y, finalmente, en esta crisis cambiaria, el Central lleva
vendidos unos u$s9.000 millones, con los resultados que están a la vista.
Esa actitud ambigua de proclamar que el precio del dólar debe ser
resultado del libre juego de oferta y demanda pero, a su vez, gastar "fortunas"
en intervenir en el mercado para bajar su cotización, ahora se enfrenta a
una prueba de fuego.
El FMI tiene
verdadero apego por la libre flotación y, a diferencia de
los funcionarios macristas, ve con mejores ojos cuando el
billete "flota hacia arriba" que cuando cae.
"No hay que tener miedo. México aceptó flotar libremente
cuando entró en crisis y superó el trance rápidamente. Se benefició.
Lo mismo Brasil en su momento: optó por este sistema, superó el shock
inicial y también le sirvió. Hay que flotar libremente", asegura
Alejandro Werner, quien dirige el departamento occidental del FMI.
Werner nació en Argentina pero es ciudadano mexicano. Tal vez por ese
motivo no termine de entender el terror al "overshooting" (cuando la
divisa se dispara más de la cuenta para luego retroceder) y al pánico de
pequeños inversores que desvela a funcionarios locales.
O acaso simplemente esté advirtiendo que el FMI no está
dispuesto a seguir financiando una fuga de capitales -a
un promedio de u$s3.000 millones por mes- que le permitió a casi cinco millones
de argentinos recorrer el mundo.
Lo cierto es que la velocidad de la devaluación parece ser la única
discrepancia fuerte entre el Gobierno y el FMI.
A fin de cuentas, en el resto de los temas importantes -el
recorte fiscal, la flexibilización laboral, la reforma jubilatoria- hubo hasta
ahora un alto nivel de coincidencia.
La cuenta maldita
El FMI no
recomendará un precio "meta" para el dólar. No está entre sus
conductas habituales, dado que prefiere que sea el mercado el
que le encuentre el nivel de equilibrio.
Lo que sí tiene muy en cuenta es un indicador que los
funcionarios argentinos evitan mencionar: el déficit de la cuenta
corriente.
Ese rojo (diferencia entre los dólares que entran y los que
salen del país) está en un nivel de 5%, uno de los más altos de la
historia y similar al del momento previo a las grandes
crisis del pasado reciente.
Cada vez que se generó semejante desequilibrio -porque había
tipo de cambio fijo o por la salida de divisas para pago de intereses de deuda-, se terminó en
un ajuste violento.
Pasó en el "Rodrigazo" de 1975, en la ruptura de la "tablita"
de 1981, en la crisis del Plan Austral en 1988, en el "Tequila"
de 1995 y con el colapso de la convertibilidad en 2001.
Salvo el caso del Tequila, de todas esas crisis se salió con
una fuerte devaluación. Así, entre los economistas va ganando
el consenso de que esta vez no será la excepción.
En otras palabras, el ajuste que el sector
"ortodoxo" le reclamaba a Macri por la vía de un recorte fiscal se
terminará dando por un lado cambiario.
Si bien aún no se tiene precisión sobre el nivel de dólar que
cerraría esa brecha de la cuenta corriente, lo cierto es que los economistas
argentinos hacen referencia a un posible nivel de estabilización en
torno de los $25.
Se trata de un valor al que muchos creían que se podría llegar a fin
de año, pero los tiempos parecen acelerarse: en el mercado de
futuros ya se pactan contratos a $29,30 con fecha diciembre.
En otras palabras, el gradualismo aplicado a la política
cambiaria se está haciendo difícil de manejar, aún con la noticia de
que se contarán con los dólares del FMI.
Así las cosas, el momento le impone a Macri una disyuntiva complicada:
determinar cuál de los dos miedos es peor, si el del dólar alto o
el de la volatilidad.
- Si es lo primero, se justifica la devaluación gradualista y
controlada
- Si es lo segundo, es preferible una devaluación de un saque.
Luego congelar el precio y disfrutar el rédito de la competitividad recuperada.
El mercado financiero parece haber dado su diagnóstico:
prefiere el ajuste rápido.
El turismo en la mira
Hasta ahora, los funcionarios han tratado de evitar una mega devaluación, ya
que temen no poder contener el efecto del contagio a precios.
Como mal precedente, tienen la corrección cambiaria de 2016 tras el
levantamiento del cepo, cuando el ex ministro Alfonso Prat Gay había
subestimado el impacto inflacionario de la medida.
Es por eso que están evaluando medidas alternativas que
cumplan la función de "devaluar sin devaluación".
En otras palabras, que se atenúe la salida de dólares sin tener
que recurrir necesariamente a un dólar demasiado
alto.
Tales iniciativas cobrarían la forma de un impuesto o regulación para
algúnrubro específico. Y el sector que tiene todos los boletos comprados es
el turismo.
Los números son de una contundencia que exime de todo comentario: desde
que Macri asumió salieron del país u$s20.000 millones, que fueron a manos
de viajeros que despegaron de Ezeiza.
Incluso esa cifra es el resultado neto. Es decir descontándole el dinero
ingresado por los turistas extranjeros que llegan al país. Si sólo se
considerase la cifra bruta, sólo el año pasado salieron u$s12.660
millones.
Para tener referencia de la magnitud, este caudal es tres veces
superior a la facturación declarada por los 40 shoppings que
operan en Capital y elGran Buenos Aires.
En estos días, se habla de algún tipo de impuesto al turismo. Y el
primero en hacerlo abiertamente es Carlos Melconian, muy influyente por ser
considerado un "ministeriable".
"El dólar del que
quiere viajar no puede valer lo mismo que el 'dólarfideo'. El que
quiere ir a Miami que pague eso más un impuesto", afirma, para sorpresa de
quienes sintieron en esa propuesta una réplica a las intervenciones en la era
kirchnerista.
Si bien apela a cifras a título ilustrativo y a modo de ejemplo, no pasa
desapercibido que en su cálculo, el "dólar turista"
resultaría ser 25% más elevado que el valor nominal del billete
verde.
La idea de encarecer los destinos fronteras afuera también resuena
con fuerza en la City. Desde Balanz Capital alertan: "La cantidad de
argentinos que viaja y traen sus valijas llenas de
productos del exterior está completamente fuera de control".
"Claramente, más y más personas de clase media se suben a los
vuelos y disfrutan las facilidades otorgadas por las deudas
bancarias y de tarjeta de crédito", recalcan.
Frente a este panorama, desde Balanz "recomendaron" al BCRA
que "imponga cargos de capital más altos" al financiamiento con plásticos.
También, que el Gobierno "limite la cantidad de cuotas
mensuales" que ofrecen las agencias.
El margen se
estrecha
Hay, sin embargo, quienes todavía creen que el acuerdo con el FMI le puede dar
margen a Macri para sostener el gradualismo en el plano cambiario, siempre y
cuando dé firmes señales de recorte fiscal y mantenga abierto el comercio.
El economista Federico Muñoz recuerda que el "turismo shopping"
hacia Chile se desplomó cuando el Gobierno dio de baja
los aranceles para los artículos tecnológicos.
"Si se hiciera algo similar en el rubro textil,
también caería el gasto en el exterior por compra de ropa. Aunque parezca
paradójico en un momento de salida de divisas, creo que el FMI recomendará
más apertura comercial antes que un impuesto al turismo", argumenta.
En su visión, una focalización en el equilibrio fiscal traería
naturalmente una mejora en la cuenta corriente, ya que el mayor desajuste
corresponde al sector público.
En cualquier caso, se trata de medidas desagradables para el
Gobierno y desafían seriamente su objetivo del "gradualismo".
La realidad es que con un diagnóstico generalizado sobre un billete
verde por debajo de su punto de equilibrio, y sin un flujo
de capitales que justifique el atraso cambiario, sólo queda por delante
el ajuste.
Todo indica que, contra lo que dijo el ministro Cabrera -"la crisis
del dólar en pocos
días será historia"- esta situación dominará la agenda nacional.
El tiempo dirá si Macri emergerá fortalecido o si
habrá hipotecado su reelección de manera irreversible.
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