Por CarlosBurgueño - "Nunca pidió nada, y siempre trabajó
bien". Mauricio Macri en persona explicaba este fin de semana a sus
colaboradores directos los motivos por los cuales eligió a Nicolás Dujovne en
el preciado cargo de coordinador del gabinete económico. En teoría (se
confirmará o rechazará con el correr del tiempo), será lo más parecido posible
a un "superministro" dentro del esquema de administración de Macri.
El jefe de Estado siempre renegó de un cargo que aglutine todas las decisiones
económicas, ante el temor de generar un Domingo Cavallo o un Roberto Lavagna.
Sin embargo, las circunstancias (algunas charlas con economistas cercanos y
sugerencias del Fondo Monetario Internacional), hicieron que cambie de opinión.
Aunque sin fanatismos. Las tareas que el ministro en su rol recargado deberá
asumir serán puntuales y específicas. Para el resto de las misiones económicas,
aún Marcos Peña será el responsable directo. Y según dejó claro el jefe de
Gabinete, tanto él como el vicejefe, Mario Quintana, seguirán siendo al menos
veedores de la situación. A la espera de mejores vientos. Una incógnita a
despejar será el rol que hacia delante tenga el jefe de asesores económicos de
Peña y Quintana, Vladimir Werning, que por ahora seguirá en su puesto, pero que
tendría en el mediano plazo destino ministerial.
Nicolás Dujovne recibió la novedad no sin sorpresa. El nuevo mandato que
Mauricio Macri pensó para él será ahora el ministro coordinador del nuevo
esquema de gabinete económico con el que el Presidente quiere llegar a ser
reelecto en octubre del año próximo. Su asunción informal será mañana, cuando
en el Palacio de Hacienda reúna por primera vez alrededor de la mesa del Salón
Manuel Belgrano del quinto piso a los titulares de los ministerios de Finanzas,
Transporte, Trabajo, Interior, Producción, Agroindustria, Energía, Turismo y
Modernización. Además de Hacienda. Ese día presentarán credenciales al nuevo
coordinador Luis Caputo, Guillermo Dietrich, Jorge Triaca, Rogelio Frigerio,
Francisco Cabrera, Luis Etchevehere, Gustavo Santos y Juan José Aranguren. Todos
aplaudirán y, obviamente, se pondrán a disposición de Dujovne. Llegará después
el momento de las reuniones privadas y de las primeras instrucciones sobre qué
implica el poder de Dujovne para cada área y cuáles serán los tópicos donde los
ministros coordinados aún tendrán libertad de acción.
En lo concreto, la primera misión de Dujovne será presentar el plácet ante las
autoridades del FMI, en el inicio formal de las negociaciones. Su primera
misión ante los hombres de Washington será que éstos avalen la meta de déficit
fiscal de 2,7% fijada por el Gobierno para este año. O que, en su defecto, que
las presiones del organismo no hagan que se obligue a bajar a menos de 2,5%.
Según las primeras interpretaciones de guiños recibidas en Buenos Aires, el
Fondo podría ser condescendiente en este primer reclamo. El problema será
cuando deba comenzar a negociar a doble comando el número del déficit de 2019.
La orden que Dujovne deberá cumplir es que el desequilibrio primario entre
ingresos y gastos no debería ubicarse mucho más allá de un real 1,5%. Como
adelantó este diario el viernes 11 de mayo (a 48 horas de anunciado el acuerdo
con el FMI), el Gobierno debía poner énfasis en el diseño de la Ley de
Presupuesto para el próximo año, con un déficit fiscal acorde con un acuerdo
stand by con el organismo. En un primer momento, esa tarea debería caer en
Dujovne, pero con la coordinación, monitoreo y fiscalización de Quintana. En el
nuevo esquema de poder, el ministro de Hacienda tendría las facultades
plenipotenciarias para sentarse frente a los hombres del FMI y diseñar las
áreas donde continuará el ajuste fiscal para el próximo año. En realidad, no es
una tarea extraña para Dujovne. Ya la había protagonizado durante todo el año
pasado, cuando preparó las reformas tributaria y previsional que luego se
enviaron, no sin conflicto, al Congreso. Ese mecano fiscal implicaba un ahorro
de 1 punto porcentual entre 2017 y 2018, llevando el déficit a 3,1%. Luego
Dujovne, con la evolución impositiva sobre la mesa, impuso (corrida mediante)
la nueva meta de 2,7% para este año.
Dujovne tendrá que preparar ahora un nuevo paquete de ajuste fiscal que deberá
ser incluido en el Presupuesto 2019, y que deberá especificar las áreas y
políticas concretas donde habrá que bajar el gasto. Tendrá a su favor la
posibilidad de desplegar todo el organigrama de la administración pública
nacional y, por qué no, provincial y municipal para decidir cómo avanzar. La
tarea debería estar avanzada hacia fin de mes, cuando el FMI avale (o rechace)
las metas fiscales para el próximo año. Si, como se descuenta, el organismo da
un guiño a los números que presente el ministro coordinador, será el momento de
que la propuesta pase a la flamante mesa política, donde además de Peña ahora
trabajan Ernesto Sanz y Emilio Monzó.
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