|
Por: Walter Graziano - ¿Qué es lo que el FMI le va a pedir a la Argentina?
¿Qué es lo que Argentina le va a ofrecer? Esas son las grandes preguntas que se
escuchan no solo en la “city” porteña sino también en la mayoría de las
empresas que operan en el país. Hubo y hay rumores de toda clase. Desde el
oficialismo se dejó trascender que el Fondo Monetario le pediría a la Argentina
un sacrificio adicional de reducción del déficit fiscal primario hasta el 2,5%
del PBI para 2018 y de 1,5% para 2019.
Pero eso no pasa de meras versiones. Lo único cierto es que el
Fondo dio una instrucción clara y precisa para empezar a discutir con seriedad
un acuerdo stand by. Y esa instrucción es la flotación del tipo de cambio, que
aún no se ha producido debido a que el Banco Central interviene en el mercado,
sea vendiendo, sea poniendo un “techo” en $ 25.
A muchos les puede parecer raro esto. Ocurre que el FMI se ha
caracterizado últimamente por negociar reducciones de gasto público, aumento de
impuestos y liberalización del mercado laboral. ¿Por qué entonces el interés
del organismo en la flotación cambiaria? Porque si un país no tiene acceso al
crédito internacional y padece una corrida contra su moneda, la flotación se
traduce de manera inmediata en una devaluación. Y no en una devaluación
impuesta por capricho al nivel deseado por las autoridades, sino en una
devaluación hasta el nivel en que el ingreso y el egreso de divisas se
equilibra.
Se trata entonces, de devaluar todo lo que haga falta para
equilibrar el mercado de cambios. Dado que este factor no ha sido plenamente
implementado porque el Banco Central sigue vigilante el mercado de cambios, las
negociaciones aún no han comenzado en firme y lo único que hay son rumores o
datos muy preliminares y parciales.
La flotación tiene para el Fondo no solo la ventaja de producir un
ajuste en el mercado de cambios que garantice que la fuga de divisas se
neutralice por sí misma, sino que además opera como verdadera “licuadora” de
salarios, jubilaciones y todo tipo de ingresos fijos. O sea, la suba del dólar
produce inflación y esa inflación carcome el valor de los ingresos de un
vastísimo y mayoritario sector de la población haciendo de por sí innecesario
una reducción nominal de salarios y jubilaciones que de otra manera habría que
practicar para equilibrar las cuentas externas.
Se trata entonces, de elegir entre medidas impopulares: la suba del
dólar es impopular, pero la hace “el mercado”, frente al cual el Gobierno puede
darse el lujo de aparecer como víctima al igual que el resto de los argentinos.
En cambio, aplicar una reducción de salarios y jubilaciones debería ser
implementado directamente por el Poder Ejecutivo, que quedaría como gran
victimario y no ya como impávida víctima.
Un tema que permanece en forma de incógnita es por qué el Banco Central
ha puesto una especie de “techo” al nivel del dólar en torno a los $ 25 siendo
que el FMI ha pedido otra cosa. Frente a este hecho hay dos interpretaciones
posibles. La primera es que en el Banco Central no desean que el ajuste en el
tipo de cambio sea muy brusco y por lo tanto hayan decidido poner un “techo”
transitorio en ese nivel para luego de unos días o unas cortas semanas volver a
liberar el mercado y dejar que el mismo regule el precio.
La otra posibilidad, mucho más traumática, es que el Banco Central esté
nuevamente cayendo en el error de creer que puede poner efectivamente un techo
al dólar en ese nivel y en realidad sea partidario del “dólar libre que fijo
yo”, o sea un total contrasentido: dejar flotar la moneda cuando conviene, y
fijarla, cuando la flotación no conviene. Y es que la pérdida de reservas en
caso de intentar fijar un valor para el dólar, que viene de un retraso muy
considerable, puede ser un factor muy traumático cuando más adelante haya
que efectuar pagos en dólares, sea de capital e intereses de la deuda o
por importaciones.
Vale recordar que en el año 2017 – en el que no se sintió en el mercado
de divisas la sequía del campo -el déficit de sector externo superó los
US$30.800 millones-, lo que hace que con algo de crecimiento en este 2018, y
con la sequía a cuestas, ese déficit se podría haber perfilado a cifras muy superiores
si no hubiera sobrevenido la suba del dólar.La misma no fue mágica ni
inoportuna, sino la lógica colisión del plan económico con una realidad externa
caracterizada por una mayor iliquidez y una realidad interna de déficits
“gemelos” fuera de control. En tal sentido, pretender que los inversores, sean
estos nacionales o extranjeros, financien en forma permanente déficits
divergentes de cualquier equilibrio es, directamente, no entender nada de
economía.
Por lo tanto, si el Banco Central realmente cree que estamos en un tipo
de régimen al estilo de “flotemos como yo quiero y hasta donde yo quiero”, o
sea, fuera de la realidad, en la espera de que el valor del dólar se quede
eternamente en estos niveles o que cuando se mueva lo haga muy poco, es no solo
peligroso, sino también inconsistente con el resto de las variables
financieras. Vale recordar que hasta hace días teníamos $1.400 miles de
millones de títulos de corto plazo del Banco Central al 26,75% por año, y ahora
tenemos $1.300 miles de millones de esas mismas Lebac y Leliq a una tasa
que se perfila al 40% por año.
Adicionalmente vale mencionar que esta semana las autoridades
legitimaron tasas de interés en pesos a 8 años de nada menos que el 19% anual,
lo que equivale a conceder que no va a haber ninguna baja importante en los
guarismos inflacionarios durante larguísimos años. ¿Con qué criterio entonces
el Banco Central podría ponerle en forma efectiva un “techo” al valor del dólar
con tasas de interés de corto, mediano y largo plazo por las nubes? ¿O acaso
presupone el Banco Central que puede generar otro ingreso masivo de capitales
golondrina como en el bienio 2016/7?
Si esta es la infantil creencia que domina el pensamiento en el Banco
Central valdría la pena que sus autoridades despierten en serio porque lo que
algunos llamaban “Plan Perdurar” ya no tiene vigencia y solo porque el FMI
puede poner algunas decenas de miles de millones de dólares en varias etapas,
el dólar no vuela en Argentina. Pero el Fondo Monetario no va poner esos
dólares para financiar una fuga de capitales ni para que Argentina repita
en 2018 el déficit externo de 2017. No lo va a hacer, ni de muy lejos. Por eso
mismo pidió la flotación cambiaria.
La “apuesta fuerte” de poner a la venta US$5.000 millones en un día será
un éxito solo en la medida de que no haya que vender ni una fracción de esa cifra.
Y es difícil, muy difícil, que sin plan económico, tasas de corto plazo en 40%
anual y déficit externo volando, los capitales golondrina, a esta altura muy
magullados, no intenten “salvar la ropa” e irse al menos con lo puesto,
agregando presión al mercado cambiario por sobre el déficit externo ya
abultado. Por eso, si el BCRA se enamora del número mágico de $ 25 por dólar
estaremos en muy serios aprietos.
|