En la tradicional entrega, el economista jefe de FIEL consideró que no estuvo
claro cómo operó el Banco Central durante la turbulencia, estimó un menor
crecimiento para este año y niveles de inflación similares a los de 2017.
Rechazó la idea de que el país esté cerca de vivir un contexto similar al de
2001. “La decisión de ir al Fondo tiene algún riesgo, ya que se está usando la
última carta”, observó..
1| Metas de inflación
Es bastante obvio que no se va a cumplir la meta del 15%. Ya era bastante
difícil antes de las turbulencias cambiarias que tuvimos en las últimas
semanas. Después de la depreciación del tipo de cambio, algún traslado a los
precios va a haber. Este año me parece que vamos a terminar unos 10 puntos por
encima de la meta, en niveles similares a la inflación del año pasado. Desde el
comienzo, el Gobierno fue poco ambicioso en lo fiscal y muy ambicioso en
materia de reducción de inflación. Había que financiar el déficit en el
exterior, lo que explicó el atraso cambiario tras la unificación, que se vio
interrumpido por las elecciones del año pasado, cuando la expresidenta lideró
las encuestas en algunos estudios para la provincia de Buenos Aires, que en
parte tiene que ver con esta inconsistencia. El proceso debe ser más armonioso.
Nunca ha quedado muy claro cómo se habían calculado las metas y cuál era la
consistencia macroeconómica de estas. Igual, cuando hicieron la corrección el
pasado 28-D, siguieron poniendo una meta muy optimista, a mi juicio.
2| Déficit: fiscal y de cuenta corriente
El déficit fiscal y el de cuenta corriente están muy relacionados en la
Argentina. Hay literatura empírica y teórica que indica que no son sustitutos
perfectos. Hubo distinguidos colegas que dijeron que no tiene mucho que ver un
aspecto con el otro, señalando que si mejoraba el plano fiscal, los agentes van
a esperar menos impuestos futuros, volviéndose entusiastas y van a consumir
más, de modo que van a terminar desahorrando lo que el Gobierno se ahorró en un
primer momento. Yo no creo que esto funcione en la práctica; habrá alguna
sustitución, pero parcial. Uno no puede ver el resultado externo de un año para
identificar el problema, sino que hay que analizar el proceso. En el artículo
IV del FMI llegaron a la conclusión de que Argentina tendría un nivel cómodo del
déficit de cuenta corriente en torno al 2,5% del PBI, y el año pasado llegó a
5%. Si yo voy a corregir el rojo gradualmente, tengo que hacer un análisis para
ver qué número voy a necesitar para financiar el proceso. Yo había calculado
que en tres o cuatro años se iban a necesitar unos u$s100.000 millones. La
apuesta que hizo el Gobierno de que íbamos a tener este financiamiento fue
riesgosa y no salió bien porque ahora nos obliga a hacer más rápido lo que no
se hizo en el primer año de gestión de Macri para alcanzar la consolidación
fiscal.
3| Negociaciones con el FMI
El Gobierno hizo la cuenta de que no tenía asegurado el financiamiento y va a
necesitar fondos para el próximo año y medio. Para financiar el déficit de
cuenta corriente, la economía va a necesitar unos u$s50.000 millones, pero la
inversión extranjera directa aporta poco y se financia con préstamos a los
sectores público y privado. Si uno mira la pata fiscal, en la proyección para
2019, Argentina tenía un déficit primario e intereses menos lo que le iba a
aportar el BCRA de unos u$s26.000 millones, cifras que van a modificarse, tras
la depreciación y el cambio de metas fiscales. A esto se le sumaban unos
u$s22.000 millones de amortizaciones, lo que indica que el año que viene el
Gobierno iba a tener que ir a buscar un financiamiento importante. La tasa que
ofrece el FMI te permite acceder a un préstamo a un menor costo, pero la
decisión de ir al fondo tiene algún riesgo, ya que está usando la última carta.
Si Argentina busca seguir en el sendero de una convergencia gradual, va a
requerir de financiamiento más allá de 2019, lo que requiere de un programa de
mediano plazo para que uno vea que tanto el déficit fiscal como el de cuenta
corriente se van cerrando. Reducir el déficit fiscal es la madre de todas las
batallas en la Argentina, pero históricamente, el país siempre ha perdido por
goleada.
4| Crecimiento para 2018
Es difícil hacer proyecciones ahora porque va a depender del momento donde se
empiece a normalizar la tasa de interés, que va a llevar un tiempo. Vamos a
tener un tercer trimestre donde la economía probablemente no crezca. Antes de
todos estos líos, proyectábamos un crecimiento del 2,5%, producto de la sequía,
pero en promedio, si este año termina en 1,5% será una buena noticia. Y si uno
hace las cosas bien, puede retomar el ritmo de crecimiento el año que viene.
5| BCRA durante la turbulencia
El Banco Central trata de operar con todas las herramientas que tiene; no se lo
puede limitar porque en algún momento tuvo problemas políticos con las
operaciones de futuros. Ahora, en el transcurso de la crisis no me quedó muy
claro cómo estaba interviniendo, ya que en un principio dio a entender que
buscaba poner el foco en la inflación de mayo, que se esperaba alta, pero luego
no quedó muy claro el objetivo. En la primera parte del año, el BCRA había
agregado un instrumento temporalmente aparte de la tasa, con la venta de
reservas para estabilizar al tipo de cambio en torno a los $20, para usar un
número redondo. Esto se justificaba porque se había detectado que la
depreciación del tipo de cambio entre noviembre y febrero había tenido algún
impacto sobre la inflación core. Pero cuando se desató la turbulencia, uno
entró en otro juego, con la salida de capitales de los países de la región y la
depreciación de las monedas. No entendí por qué vendieron u$s1.475 millones a
una paridad del $20,20, por ejemplo. Quizás pensaron que el fenómeno podía ser
transitorio, pero no quedó claro el objetivo porque vendieron divisas en un
contexto donde el precio crecía, hasta que luego puso la orden de u$s5.000
millones a $25 y el público entendió que había un techo de corto plazo. Eso,
junto a la colocación en pesos del Ministerio de Finanzas, ayudó a calmar las
aguas. La pregunta es por qué no lo hicieron antes, pero a veces es fácil
opinar ex post.
6| Principales riesgos externos
Está el riesgo de que siga subiendo la tasa del Tesoro de EE.UU. Hay informes
de bancos que siguen la coyuntura norteamericana que indican que esto puede no
haber terminado acá y que se puede apuntar a una tasa de interés más alta. Hay
un debate muy interesante sobre la tasa de interés real a la cual converge la
economía americana. Hoy en día, si se mira ajustada por la inflación de EE.UU.,
está por debajo del 1% anual, cuando históricamente se ubicó 3 veces por encima
de esta cifra. La pregunta es: ¿convergemos a un número de la historia o vamos
a niveles más bajos? Aunque crezca un poco, con una inflación del 2% en el
largo plazo, tendríamos mayores subas en las tasas, que podrían ser de entre
medio punto o un punto adicional. La segunda cuestión es que nos ha complicado
que la recuperación en Brasil viene más lento de lo que se esperaba. También
está el problema de la sequía, que se verá parcialmente compensado por los
precios, pero el año que viene se perderán más de 20 millones de toneladas, que
es un número muy importante. Eso también es externo porque es un evento
climático que no ocurre todos los años.
7| Diferencias con 2001
Esto no tiene nada que ver con 2001. En su momento, el país tenía una caja de
conversión, en un momento donde la situación macroeconómica requería de una
depreciación del tipo de cambio real, pero con esta caja no se podía hacer
depreciando, sino deflacionando, una mala solución siempre. La economía tenía
la mayoría de los contratos definidos en dólares; si se salía de la conversión,
se corría el riesgo de que quebraran los bancos y el soberano, lo que terminó
ocurriendo en el 2002. Se decidió armar una asistencia especial para los bancos
y se terminó en el default de la deuda. Hoy en día no estamos en la misma
situación. El tipo de cambio flotante da una mayor ventaja frente a esa
situación, pese a que no arregla todos los problemas mágicamente. Además,
Argentina estaba en una situación complicada porque había salido de los
mercados voluntarios de deuda en marzo del 2000 y tenía cortado el
financiamiento. El tercer elemento es que el país había realizado un blindaje
que no se había cumplido y había recibido un apoyo muy importante de la
comunidad internacional. Y ante el incumplimiento, el FMI dejó de apoyar al
país. Ninguna de estas cuestiones está presente hoy en día. Realizar este
análisis está comparar peras con tomates. Nunca se terminó de comprender el
problema del 2001: era una situación desesperante de falta de plata, pero
estamos a años luz de un contexto similar.
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