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El empresario y economista Gustavo
Lazzari abordó la problemática de la presión tributaria en un artículo
publicado este lunes en El Economista. En base a su experiencia como hombre de
negocios y al análisis de datos públicos, precisó que sobre las espaldas del
sector privado pesan 96 impuestos.
Si se le sumaran el nuevo impuesto
a la renta financiera -se aguarda su reglamentación- y la tasa que empezó
a cobrar el gobierno porteño por circular en el microcentro, la lista
ascendería a 98.
Cada mes deben afrontar 19
vencimientos en 22 días hábiles -siempre y cuando no haya algún fin de
semana extra largo que acote el período de ejecución de las cargas
tributarias-.
"Cuando vos llegás a
la fábrica, y lo primero que preguntás es qué vence hoy, se hace difícil
producir. Todos los días tenés un impuesto que pagar, sin contar el impuesto al
cheque y otras retenciones que tenés por todos lados. A mí me preoucopa porque
lo lindo de una fábrica es cuando pensás qué producir, cómo hacerlo mejor o
cómo recuperar un cliente que te sacó un competidor. Es mucho más lindo que
estar pensando en SICORE o ARCIBA", analizó Lazzari.
Todos estos impuestos recaen
sobre las espaldas de 8 millones de contribuyentes privados, que financian
a las 20 millones de personas que reciben algún tipo de plan social. Hace 15
años, la cuenta estaba equilibrada en 7 millones de cada lado.
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Sobre la carga impositiva
directa que afrontan las pequeñas unidades de negocios, hay que sumar
una maraña de cuestiones regulatorias que no dejan de ser cargas
tributarias escondidas para el empresario. A modo de ejemplo, Lazzari -dueño de
un frigorífico- contó que para transportar una bondiola tiene que
realizar 22 trámites y para producir un pollo debe hacer 164.
"Me han pasado casos de
que piratas del asfalto han robado mis camionetas y la persona que la
manejaba se aferró a la carpeta más que a la camioneta porque el vehículo se
recupera, la mercadería se pierde, pero los trámites son un mes de laburo para
los transportistas", contó.
Ese cúmulo de
regulaciones comerciales, civiles y laborales que suman costos a la actividad
terminan desanimando la inversión y la creación de empleos.
A ello hay que sumarle que en
muchas ocasiones las pequeñas empresas se transforman en agente de
percepción y retención de impuestos que
se trasladan directamente al fisco. Por eso, muchas veces una factura de una
pyme incluye más ítems de cargos que no le son propios que de los
servicios que fehacientemente presta al consumidor final.
Hoy por hoy, la presión
tributaria sobre el Producto Bruto Interno alcanza el 37 por ciento. En los 80′
no alcanzaba el 20% y en los 90′ era de 25 por ciento.
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