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Por Francisco Jueguen
- "Con quien tienen que hablar es con Dujovne ". La
frase del presidente Mauricio Macri ayer,
en la tradicional reunión de gabinete en la Casa Rosada, buscó blindar aún más
el nuevo rol de ministro coordinador que el titular de Hacienda estrenó la
semana pasada, una vez superada la crisis cambiaria .
Macri -cuentan cerca del nuevo hombre fuerte del equipo económico-
volvió a expresar que para pedir un ajuste primero es necesario dar el ejemplo
desde la política. Por eso, Dujovne ya se reunió uno por uno con sus pares de
las áreas económicas para "pasar el peine fino" a todos los gastos de
los distintos ministerios. Viáticos, autos, viajes enbusiness, entre
otros rubros, están bajo la lupa, como contó LA NACION el domingo pasado.
Pero pese a que la información ya trascendió en los medios más
importantes, cerca de Dujovne afirman que buscarán formalizar el ajuste de
gastos de la política con un anuncio conjunto del ministro de Hacienda y su par
de Modernización, Andrés Ibarra .
Sin embargo, el equipo de Dujovne entiende que solo se trata de un gasto
simbólico para el público y que para convencer al Fondo Monetario
Internacional (FMI) de que aporte el nuevo colchón de dólares
para sostener un gradualismo a medias deberán acelerar el ajuste. Incluso ayer
Sebastián Galiani (viceministro), Guido Sandleris (jefe de asesores), Rodrigo
Pena (secretario de Hacienda) y Santiago Bausili (secretario de Finanzas)
viajaron a Washington para retomar las negociaciones con los subordinados deChristine Lagarde ,
directora del Fondo. Las tratativas son hasta ahora herméticas. Pese a que
trascendieron cifras de préstamos, recortes y condicionalidades, nada era
confirmado ayer por Hacienda ni por la Jefatura de Gabinete.
No hay aún precisiones, pero sí confirmaciones. Una es que el acuerdo se
firmaría en las próximas dos semanas. Incluso, las versiones indican que
Dujovne viajaría para sellar él mismo el acuerdo con Lagarde. Otra, que el
Gobierno impulsará un ajuste más profundo. "Nos cambió el mundo",
contaron en Hacienda. "Necesitamos del FMI para asegurar la
financiación", aclararon cerca de Dujovne. Sin embargo, como ratificó
Macri dos semanas atrás, los requerimientos del Fondo no serán cualitativos,
sino cuantitativos.
En ese sentido, luego de que en medio de la tormenta cambiaria Dujovne
anunció en conferencia de prensa que, gracias al sobrecumplimiento previsto,
formalizarían un cambio de meta de reducción del déficit fiscal para este año
(de 3,2% del PBI a 2,7%), ahora ya se escenifica una nueva señal para el año
electoral: el sobrecumplimiento, dicen en Hacienda, llevaría el déficit
primario del año próximo a 1,7% del PBI (la meta es 2,2%). "No es un
pedido del Fondo", aclararon, por las dudas, cerca de Dujovne.
La reducción del rojo fiscal se convirtió en el nuevo leitmotiv
del Gobierno, bandera que es izada con orgullo desde que Dujovne se convirtió
en el coordinador y la figura fuerte que -explican en el Gobierno-
"buscaba el mercado".
Con ese nuevo rol, Dujovne ganó además poder para una revisión completa
de las obras públicas nuevas y de la política de reducción de subsidios, sobre
todo a la energía, ejes retocables de un gasto considerado "muy
rígido".
Pero de reojo los ojos del equipo económico estarán también puestos en
el crecimiento. Pese a que la devaluación licuará gastos, la volatilidad
cambiaria, sumada a la sequía y a un reajuste de la economía brasileña,
impactará en el nivel de actividad de este año. Del 3,5% fijado en el
presupuesto a un mucho más humilde 1,5% o 2%. Cerca del ministro de Hacienda,
hasta ayer, aún creían que lograrían que el país volviera a tener crecimiento
en un año par (no electoral). La mala noticia: el cimbronazo global también
afectó a Brasil. Los analistas privados redujeron la expectativa de mejora de
esa economía de 2,92 a 2,37%. La actividad acumula en ese país tres meses de
caída.
La inflación y el preocupante traslado a los precios del movimiento
cambiario será otro de los indicadores a monitorear por el ministro de
Hacienda. Para eso, Dujovne también tendrá la misión, ya asumida, de mejorar la
coordinación entre la política fiscal, aplicada por él, y la monetaria, que
controla el Banco Central (BCRA). Dujovne y Federico Sturzenegger tienen una
relación más afable que la que el presidente de la entidad monetaria mantenía,
por citar un caso, con Mario Quintana, coordinador de Jefatura de Gabinete.
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