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Por Dante SicaEl
proceso productivo es una cadena de integración global en la que los insumos se
fabrican en distintas latitudes para combinarse en múltiples etapas hasta
configurar el artículo final. En este esquema, las importaciones adoptan un rol
clave en el agregado de valor industrial, ya sea con destino local o
exportador. Por eso, el foco de la agenda empr- esaria debe estar puesto en
cómo aprovechar las oportunidades que plantea un escenario de crecimiento de la
demanda global, en el marco de una economía local en proceso de normalización y
más integrada al mundo.
Después de resolver los problemas más acuciantes durante el primer año
de la nueva gestión, el Gobierno parece estar abocado a consolidar la
normalización de la macro y administrar las tensiones derivadas del proceso de
reformas. Una de esas tensiones fue la reciente corrida cambiaria que, como
corolario, mejoró el tipo de cambio y generó una mejor ecuación para las ventas
externas y un incremento en el costo de las importaciones. En el plano
estructural, y dejando el valor del dólar a un lado, las autoridades están
trabajando con el objetivo de aumentar los niveles de competitividad de la
economía para potenciar las exportaciones. El sendero define una vocación clara
basada en elementos como la apertura comercial y el establecimiento de marcos
regulatorios que mejoren el clima de negocios. Esta política tiene como
objetivo el compromiso de incorporarnos a las cadenas globales de valor, tras
una década de aislamiento. Con el propósito de mejorar la inserción externa, se
han puesto en marcha un conjunto de medidas, como la creación de la Ventanilla
Única de Comercio Exterior, eliminación/reducción de las retenciones agrarias y
el incremento de los reintegros a las exportaciones. Otras iniciativas apuntan
a mejorar la competitividad de la economía con mejoras en la infraestructura y
la logística para optimizar la estructura de costos.
Mientras tanto, la eliminación del cepo cambiario, junto al
establecimiento de un nuevo sistema integrado de monitoreo de importaciones en
reemplazo de las DJAI, ha llevado a una normalización de las cantidades
importadas que, de todos modos, no se ubican en rangos históricos alarmantes.
El país debe aprender a convivir con niveles de importación bastante más altos
que en los últimos años, especialmente si desea crecer a un ritmo sostenido.
Veamos qué sucedió en 2017. El déficit comercial alcanzó un pico
histórico al ubicarse en US$ 8471 millones, superando ampliamente los US$ 5751
millones que se registraron en 1994, el último déficit más alto. Las ventas
reportaron un crecimiento inferior al 1% en el año en relación con 2016. En
cambio, las compras al extranjero avanzaron 19,7% con respecto a 2016. Con un
valor importado de US$ 66.899 millones, se acercan a los niveles del pico
histórico de importaciones de 2011.
Así, la cuestión central a plantear sería cómo multiplicar nuestras
exportaciones para equilibrar estos niveles de compras externas de manera
sustentable a mediano y largo plazo. Si bien todavía estamos a años luz de esa
meta, la tendencia es positiva: las exportaciones de origen industrial cerraron
2017 con un crecimiento del 11,1%.
La conquista de nuevos mercados es la carta más importante en el
complejo tablero internacional. El objetivo es que en 2020 la Argentina tenga
acuerdos de libre comercio con los países que representan el 41,5% del PIB
mundial, un salto significativo ya que actualmente este nivel se ubica en el 9%
y hay negociaciones que nos permitirían alcanzar el 32,5% restante. En este
marco, podemos mencionar las tratativas Unión Europea/Mercosur, el EFTA
(Islandia, Noruega, Liechtenstein y Suiza) y bilaterales con México, Corea del
Sur, la India y Canadá. La Argentina gestionará además sumar al Mercosur al
flamante Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (Cptpp),
que integran Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva
Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam.
Nuestro país fue en 2015 la tercera economía con menor incidencia de las
importaciones en el producto del mundo, solo detrás de Nigeria y Sudán. Hoy su
performance es inherente a la de una economía que se normaliza. Este nuevo
escenario de negocios internacionales impone a las empresas la necesidad de
reconvertirse para competir en una economía abierta y expuesta a los cambios
tecnológicos globales. Es fundamental definir nuevas estrategias que incorporen
la reducción de costos, la innovación y la mejora de procesos productivos.
El autor es exsecretario de Industria, Comercio y Minería y director de
la consultora Abeceb
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