Por Walter Graziano
- Digámoslo sin preámbulos ni vueltas: Bajo ninguna circunstancia el país está
en situación de tolerar fugas de capitales de cientos de millones de dólares al
día. No importa si vende el Banco Central o el Banco Nación. Tienen que vender,
porque de otra manera el tipo de cambio se escaparía de los $ 25. Salgan o no
salgan de las reservas del BCRA, lo cierto es que los dólares escapan de la
banca pública. No se puede seguir así. La única explicación posible a esta
situación en la que alegremente las autoridades toleran la fuga de capitales es
que haya una media palabra de asentimiento del FMI a la venta de divisas
diaria. Sin embargo es sumamente improbable que ello sea cierto dado que la
instrucción del Fondo Monetario había sido meridianamente clara: Argentina debe
dejar flotar su tipo de cambio con el fin de que ingresos y egresos de divisas
se equilibren. ¿Por qué las autoridades se empeñan en resistir esa indicación?
Probablemente, porque observan que los dólares financieros aportados por
capitales golondrina ya no ingresan ni ingresarán. Por lo tanto, sumido el país
en un déficit de balanza comercial superior a los u$s10.000 millones anuales,
un déficit en la balanza de servicios reales (turismo, etc) de más de u$s12.000
millones anuales y un déficit de servicios financieros (intereses de la deuda,
etc.) de otros u$s12.000 millones requeriría, para anularse, una cotización del
dólar sumamente indeseable. Sin embargo, sería la cotización del dólar
compatible con la realidad de la balanza de pagos. Eso es lo que razona el FMI
y los tironeos pueden empezar a notarse con rapidez apenas las negociaciones
ingresen en una faz más intensa. La solución que propone el FMI es lo que la
fría técnica económica indica como correcto. ¿Cuál es la alternativa? ¿Hay
alternativa? Sí, hay alternativa. Y la misma pasa por desdoblar el mercado de
cambios. ¿Qué implicaría ello? Que en vez de ir hacia una flotación cambiaria
se vaya a un tipo de cambio doble, como en buena parte de los años 80: un tipo
de cambio comercial, por el que pasaría el comercio exterior: exportaciones e
importaciones, y un dólar financiero y turístico flotando libremente a una
cotización mucho más alta. ¿Cuáles serían los beneficios de un esquema así? Que
se desengancha el tipo de cambio al cual pasan los alimentos, las tarifas
públicas, y el resto del comercio exterior del resto de la demanda de dólares
provenientes mayoritariamente de ahorristas y turistas. Bajo un desdoblamiento
del mercado de cambios se logra una menor tasa de inflación que si se va a una
flotación cambiaria, dado que esta cotización no se vería influenciada por la
fuga de capitales. Otra ventaja es que diferencia el poder adquisitivo de la
población de bajos recursos -favoreciéndola con un precio de los alimentos y
tarifas públicas más accesible que una flotación- de los segmentos de población
de altos ingresos que compran dólares para ahorrar y viajan al exterior,
quienes pagarían un dólar mucho más caro. La lógica indicaría que en un
desdoblamiento del mercado de cambios, con dos tipos de cambio simultáneos
flotando o uno flotante ( el financiero) y otro muy influenciado por el BCRA (
el dólar comercial), el dólar que impacta a los bienes exportables e
importables sería más bajo que en una flotación, y el otro, el dólar financiero
sería superior a la existencia de un tipo de cambio único.
El FMI no mira con buenos ojos la existencia de un sistema con tipos de cambio
múltiples pero tiene una larguísima trayectoria de créditos stand by a una
variada gama de países, entre ellos la Argentina, en los que ha tolerado y
aceptado este desenganche del tipo de cambio. El hecho de que la propia
Christine Lagarde haya anunciado que este será un "stand by argentino,
elaborado por argentinos" marca a las claras que no es nada imposible que
el desdoblamiento cambiario pueda efectuarse si las prioridades del Gobierno
pasan por minimizar la tasa de inflación y aliviar la existencia de los más
desposeídos.
Sin embargo, hay algunos problemas que un desdoblamiento cambiario debe
enfrentar en el caso argentino en particular. Básicamente son tres los frentes
de problemas. El primero de ellos es cuál sería la alimentación del tipo de
cambio financiero dado el contexto de fuga de capitales. La única respuesta
fácil que surge es que a un determinado tipo de cambio deberían aparecer
vendedores privados dispuestos a ahorrar en pesos. La otra posibilidad es que
la canilla de créditos privados desde el exterior se restablezca. Pero es
precisamente porque en eso no se puede confiar, y la probabilidad parece baja,
que se piensa en flotación o en desdoblamiento cambiario. No se puede confiar
en ese factor como elemento para determinar la adopción de ningún sistema
cambiario. El segundo gran problema que un desdoblamiento provoca es que los
deudores de dólares se ubican en una zona gris: ¿se deja que paguen sus deudas
por el dólar comercial? ¿O deben repagar sus deudas por el tipo de cambio
financiero? Esto último podría colocarlos en muy serios aprietos. Este es un
problema que debe resolverse antes de pensar en un desdoblamiento cambiario. El
tercer problema a pensar con anticipación es como lograr un equilibrio de
divisas en el tipo de cambio comercial, dado que el nivel de importaciones
supera con amplitud al de exportaciones. ¿Financiaría el Banco Central el
faltante de divisas que podría superar los u$s10.000 millones anuales?
¿Aceptaría eso el FMI? ¿Cuál sería la durabilidad de una pérdida de reservas
causada por la brecha entre lo que se compra al exterior y lo que se vende al
extranjero? ¿O acaso habría que pensar en desdoblar también el tipo de cambio
comercial en dos: uno para las exportaciones, y otro bastante más alto para las
importaciones?
Como se ve, las posibilidades se van ampliando a medida que se razonan las
diversas variables a tener en cuenta. No sabemos cuan probable o improbable es
un desdoblamiento cambiario. La tentación de aplicarlo puede ser muy grande,
pero no está exento de problemas de envergadura. Ahora bien, si se piensa en
todo esto es porque el efecto inflacionario y empobrecedor que tendría una flotación
del tipo de cambio en un contexto de fuga de capitales golondrina es tan
grande, que van a pensarse y considerarse alternativas.
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