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Por Carlos Arbia - En una
entrevista con Infobae el economista Eduardo Levy Yeyati explicó
cómo nacieron las Lebacs y dio detalles del momento de su creación en
marzo de 2002. Levy Yeyati fue Jefe de asesores del presidente del BCRA
Mario Blejer entre enero y junio de 2002, con Eduardo Duhalde como
presidente y Jorge Remes Lenicov como ministro de Economía.
"El nacimiento
de esas letras tuvo lugar en uno de los capítulos más dramáticos del país,
creamos las Lebacs en marzo de 2002, en plena crisis" cuanta el
economista. También explica que se trata de un instrumento monetario que con el
correr del tiempo se transformó en un activo financiero en el que tanto los
bancos como las personas han invertido mucho dinero desde fines del 2015 a la
fecha y que deben ser sacadas de circulación en el futuro.
– ¿Cómo nació
la idea de crear las Lebacs?
– Fue una idea de
quienes estábamos en ese entonces con Mario Blejer en el BCRA
y a mi me tocó ponerles el nombre de Lebac o Letras del Banco
Central. Las creamos para controlar la corrida cambiaria en marzo de 2002
y llegaron a dar rendimientos a los bancos de hasta 140% en lo peor de la
crisis de la salida de la Convertibilidad. Necesitábamos un papel para
intervenir y los únicos bonos que teníamos eran del Gobierno y el Tesoro estaba
en defualt.
– ¿Qué
recuerda de esos días?
– El debut de las
Lebac fue el 13 de marzo de 2002 y la apuesta en ese entonces fue modesta ya
que se colocaron unos $38 millones a 7 días a tasas de 35%, menor que la tasa
de febrero anualizada, en 40%. Blejer nos
dijo: "Muchachos, acá lo que tenemos que hacer es que la codicia
supere al pánico". La tasa subió al 140%. En enero de 2002 nos
planteó que debía lograrse que los depositantes dejaran el dinero y
devolvérselo a los 7 días con un interés y había que frenar la corrida con la
tasa, se hablaba de un dólar a $18 y entonces sacamos las Lebac y les pedimos a
dos bancos grandes que nos dieran pesos y con esas tasas del 140% por dos días
hubo demanda de pesos y frenamos la corrida bancaria.
– ¿Qué hay que
hacer con las Lebac en el futuro?
– Hace muchos
años que vengo diciendo que en realidad las Lebac no deberían existir. Las
creamos en un momento en donde el Tesoro no podía emitir deuda porque estaba en
default. En el Banco Central teníamos que tener un instrumento de
esterilización de política monetaria, no podíamos usar Letras del Tesoro y
dijimos bueno, creemos nuestras propias Letras, Letras del Banco Central. La
primera vez que emitimos no tenían casi ningún impacto porque el dólar estaba
todavía en subida pero después fue el instrumento en el cual se basó la
política monetaria, poca o mucha, que hubo.
– ¿Eran un
instrumento de emergencia en ese momento?
– Eran un
instrumento de emergencia que creamos y emitimos desde el Banco Central porque
no había ninguna otra entidad, no estaba el Tesoro en capacidad de emitir
porque estaba en cesación de pagos. Pasado ese momento siempre tuve la
sensación que lo que teníamos que hacer era reemplazar las Lebac con
Letras del Tesoro, que es lo que hace la mayoría de los países que tienen
políticas monetarias más avanzadas.
– ¿Cómo se debería
sacarlas de circulación?
– Las Letras del
Banco Central, donde existen, son instrumentos de política monetaria, o sea
que son Letras que se emiten básicamente para la relación de liquidez en
relación con los bancos. Que sean instrumentos minoristas no es usual, y genera
un riesgo de liquidez mayor porque con los bancos uno puede de alguna forma
coordinar políticas pero el minorista es más atomizado, es más sensible a las
noticias o a los cambios de tasas relativas como lo que pasó ahora en Estados
Unidos.
– Preguntaba eso
porque una gran cantidad de economistas, por ejemplo Carlos Rodríguez, dicen
que hay que rescatarlas directamente, hay que sacar de circulación las Lebac.
La pregunta es cómo.
– Las Lebac son
deuda, es deuda pública, son pesos que el Banco Central va a tener que dar
a quienes las tienen en su poder.
– ¿Y cómo las
puede rescatar el Banco Central?
– Vos podrías
simplemente no renovarlas y entonces tendrías muchos pesos en la economía, pero
el Tesoro emite Letras por la misma cantidad y esos pesos vuelven a las arcas
de lo que yo llamaría el sector público consolidado.
– ¿Sacar las Lebac
del Banco Central y mandar las Lebac al Tesoro?
– Reemplazar
Lebacs con Letras. Esa sería una alternativa. En una visión consolidada
del sector público lo que se hace es reemplazar unas por otras.
– ¿Hasta qué punto
tiene sentido pagar un 40% porque se renueven esas Lebac ?
– Lo que pasa es que
hoy estás en una situación en donde el costo de esa renovación es si querés el
reflejo, la contrapartida, de una presión cambiaria. Hoy no es necesariamente
el mejor momento para hacer esa transferencia de Lebac a Letras. Trataría
de renovarlas en la medida de lo posible, pero sí creo que habría que reducir
la proporción que está fuera de los bancos. Las podríamos reemplazar con
otros títulos que sean más largos y que sean mejores instrumentos de inversión
para inversores minoristas o porque los bancos toman la mayor parte o porque
las vamos rescatando parcialmente. Pero entonces hay que pensar cómo hacemos
para esterilizar esos pesos que uno emite para rescatar las Lebac.
– ¿Sería mejor
entonces que las Lebac estuvieran solo en manos de los bancos?
– Me parece que una
lección, que no es que no lo supieran pero es algo que se confirma ahora, de
este nuevo episodio es que poner papeles tan cortos en manos de inversores
atomizados con tanta sensibilidad a los riesgos te puede generar eventualmente
un riesgo de renovación. Mientras que si las Lebac estuvieran puestas
exclusivamente en las balanzas de los bancos seguramente sería mucho más fácil
coordinar la renovación. El hecho de que suba tanto la tasa refleja en parte
ese riesgo de renovación que mencioné recién.
– ¿Cómo se hace para
limitar las Lebacs?
– Probablemente sea
una buena idea limitar la cantidad de estos instrumentos de esterilización que
están en manos de inversores minoristas. Pero de vuelta, mirar para atrás
ahora con toda esta información es un ejercicio académico que creo que no es lo
más útil en el momento en que lo urgente es lidiar con una situación, salir
lo más rápido posible y tener el menor impacto en términos por ejemplo de
creación de trabajo.
– ¿Qué análisis
hacés de la vuelta de la Argentina al Fondo Monetario Internacional?
— Creo que el inicio
de negociaciones con el Fondo se debió fundamentalmente al temor de que el
reflujo de capitales de economías emergentes, incluyendo la nuestra, hacia
activos de reserva, la fuga a la calidad que se estaba viendo a raíz de la suba
de la tasa de interés americana, no nos generara a nosotros una situación de
desfinanciamiento.
– ¿ La corrida
cambiaria obligó al Gobierno a acudir al FMI?
– No tiene tanto que
ver con el dólar, tiene que ver más con la posibilidad de que no
pudiéramos emitir bonos y pedir financiamiento externo, algo que todavía
necesitamos y mucho porque tenemos déficits gemelos, fiscal y externo. El
fiscal se está tratando de reducir, el externo todavía está en aumento. Y
necesitamos financiamiento que no podemos conseguir domésticamente porque
nuestros mercados de capitales son muy limitados. Entonces nosotros necesitamos
pedir afuera, si los inversores se empiezan a dar vuelta nos genera un problema
que independientemente de lo que hagamos en términos de economía real, de
trabajo, de desarrollo, de crecimiento, si te quedás sin financiamiento y tenés
un problema de liquidez, te paralizás.
– ¿ Fue en carácter
preventivo, entonces?
– Me parece que en
ese contexto lo que el Gobierno decidió preventivamente incluso es anticiparse
a que esto sucediera. Todavía no sucedió. Pero cuando sucede correrla de
atrás es muy difícil. Entonces me parece que lo que hizo fue dar una señal de
que iba por primera vez en esta corrida a ponerse delante de las cosas y no
correrla al lado.
– Usted negoció con
el Fondo.
– Me tocó hablar
con ellos, yo no negociaba. Bueno, hablar con ellos y sí, dialogar con los
equipos técnicos. Mira, es una negociación en donde los equipos del FMI van a
seguramente venir con una visión más pesimista, ya sea que la compartan o no,
van a enfatizar los riesgos, que por otro lado no está mal porque lo cierto es
que en general cuando uno hace política trata de desenfatizar los riesgos,
entonces cubre menos, y son los riesgos los que te llevan a esta situación
cuando se materializan. Hay ciertas medidas que tienen un costo político
y que uno preferiría no tomar pero que a los ojos del FMI aseguran contra una
crisis eventual.
– ¿Vos crees que le
van a pedir a la Argentina un mayor ajuste del que viene haciendo de 1 punto
del PBI por año del déficit fiscal, de reducirlo de alguna forma?
– Yo creo que le va
a pedir probablemente más velocidad. Aunque el gobierno argentino ya aceleró el
ajuste incluso en los últimos días, porque hubo un anuncio de una meta más
ajustada de déficit primario. O sea que no creo que haya un cambio radical en
lo que pida el Fondo, va a estar en la dirección de lo que viene haciendo el
Gobierno. Por ahí piden un esfuerzo adicional. Hay que verlo, de hecho todavía
no están los datos, estamos especulando.
– ¿Vos crees que el
Fondo financia el gradualismo en el mundo?
– El Fondo no va a
diseñar las políticas ni va a tener una injerencia en ese tipo de decisiones.
No le va a decir a la Argentina qué tiene que hacer, le va a pedir condiciones
sobre ciertas variables que, a juicio del Fondo, determinan el riesgo de
enfrentar efectivamente una corrida, una crisis financiera, que hoy no se ha
manifestado pero que está en la mente de todos. Lo que sí creo es que estamos
hoy en un régimen distinto. Me parece que estamos en un momento donde tenemos que
pensar que algunas de las cosas que nosotros pensábamos que íbamos a hacer o
que estábamos haciendo las vamos a tener que hacer a un lado por un tiempo.
– ¿Por ejemplo?
– Bueno, el tiempo
que pensábamos que teníamos el año pasado para hacer ciertas cosas se acortó.
La capacidad que tenemos de por ejemplo subordinar la política cambiaria, la
reducción de las tasas de inflación, creo que se acortó bastante. Para decirlo
más fácil, no creo que estemos en condiciones de usar el ancla cambiaria para
reducir la inflación. ¿Eso qué implica? Implica que lo que pensábamos que iba a
pasar con la inflación este año no va a pasar. Y no creo que tengamos que
seguir insistiendo en un guión que en el actual contexto se vuelve muy poco
realista. Cuando suben las tasas en Estados Unidos el tipo de cambio en la
mayoría de las economías emergentes sube independientemente de lo que pase con
la competitividad.
– Entonces,
¿cómo sigue esta historia ?
– Entonces me parece
que es el momento un poco de repensar ese guión. No creo que haya nada grave
con repensar el guión. Uno cuando plantea objetivos algunos los cumple, algunos
no los cumple, y hoy creo que la urgencia se ha desplazado hacia cuestiones más
coyunturales, entre otras cosas evitar un estrés financiero y que bien podemos
posponer algunos de los otros objetivos para no generar presiones
contradictorias dentro de las medidas del gobierno.
-¿Con o sin Lebacs?
– Cuando empezamos
en el 2002 el stock fue de $ 2.000 millones a $ 3.000 mil millones con promedio
de 3 años de plazo y con una tasa de 9% y le ganamos la batalla a la suba del
dolar que bajó de $ 3,60 a $ 2,90. Hoy ese stock supera los $ 1,4 millones y
algo hay que hacer con esto.
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