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Por Federico Furiase - Producto del reacomodamiento de precios relativos y la
turbulencia cambiaria, la inflación de 2018 difícilmente termine por debajo del
25% anual, con efectos de segunda ronda en naftas, servicios regulados con
costos en dólares y paritarias con cláusula de revisión activándose. Pero si el
blindaje del FMI recrea la credibilidad del mercado y permite surfear un frente
político más complicado, la "tormenta perfecta" podría pasar y
mejorar los espacios para bajar la inflación.
Las condiciones del
desembolso del FMI, además de acelerar la trayectoria del ajuste fiscal,
cerrarán las canillas de la "dominancia fiscal" asociadas a la
emisión monetaria que se generó en el financiamiento monetario directo del BCRA
al Tesoro (adelantos transitorios y giros de utilidades) y en la compra de
dólares de la deuda del Tesoro. Si bien el financiamiento monetario viene
perdiendo terreno a ritmo acelerado, pasando del 5% del PIB en 2014 al 1%
actual, la "dominancia fiscal" sigue operando en los factores de
expansión de la base monetaria. Desde 2016 a la actualidad, la expansión
monetaria originada en la compra de dólares al Tesoro nacional fue de $533.300
millones, mientras que la emisión por giro de utilidades y adelantos
transitorios (financiamiento monetario directo) fue de $368.200 millones. La esterilización
vía Lebac, Leliq y pases pasivos compensó, sólo parcialmente, la emisión
monetaria por compra de dólares al Tesoro y financiamiento monetario directo, a
costa de acumular una alta concentración de vencimientos de Lebac de corto
plazo, que devengan una alta tasa real requerida para que los inversores se
queden en Lebac y no vayan al dólar. Por lo tanto, si se cierran las canillas
de la "dominancia fiscal", la emisión monetaria por financiamiento
directo e indirecto del déficit fiscal empieza a desaparecer, bajando las
necesidades de esterilización vía Lebac y mejorando los espacios para bajar la
inflación.
La "bola de
nieve" de las Lebac
En el corto plazo,
el BCRA viene recomprando esos títulos a tasas altas (y en consecuencia,
precios bajos) para descomprimir vencimientos, moderando la expansión monetaria
resultante con la venta de dólares al Tesoro para pagar deuda. Esto, a su vez,
modera la presión cambiaria y el corrimiento de las expectativas de inflación.
Así, el ratio pasivos remunerados del BCRA/reservas brutas se mantiene en torno
a 1, frente a un promedio de 1,19 desde 2016 y un ratio heredado de 1,34 en
diciembre de 2015. Por otro lado, el BCRA viene testeando el mercado con un
swap de Lebac para estirar el perfil de vencimientos. Con poco margen para
bajar la tasa de corto plazo, dada la aceleración de la inflación y el
corrimiento de las expectativas, el BCRA debería convalidar tasas más altas en
los tramos más largos de Lebac, consistente con una curva con pendiente
positiva, compensando el "efecto interés compuesto" del roll over en
el tramo corto de Lebac, dado que el mercado por ahora no espera baja de tasas,
para generar atractivo en los tramos más largos.
Sobre este punto, la
tensión cambiaria y la necesidad de descomprimir los vencimientos de Lebac
llevaron a barajar la alternativa de un canje voluntario de esas letras por
bonos del Tesoro. Más allá de los problemas de implementación, no queda claro
el espacio regulatorio para aumentar la exposición del balance de los bancos a
la deuda del Tesoro, no sólo a nivel local sino también a nivel de las reglas
de Basilea. Por eso, las autoridades apuntan a priorizar la desactivación de
los motores de las Lebac, rotando hacia un esquema de financiamiento donde el
Tesoro volcará los dólares del FMI al mercado para hacerse de los pesos y
financiar la caja, limitando el efecto crowding out sobre el sector privado.
Apunta así a que el aumento en la demanda de pesos resultante absorba
gradualmente la emisión monetaria por el desarme gradual de Lebac.
Naturalmente, una
vez que la credibilidad del BCRA impulse expectativas de inflación a la baja,
la demanda de dinero absorberá gradualmente el desarme de Lebac cuando los inversores
roten, por incentivos de tasa, desde Lebac hacia el tramo más largo de la curva
de bonos del Tesoro en pesos, para evitar el riesgo de reinversión a tasas más
bajas.
El temor por el
dólar "real"
A $25 el dólar
mayorista, la foto del tipo de cambio real con el dólar vuelve a los niveles
del primer trimestre de 2016, tras la salida del cepo. Dado el déficit de la
cuenta corriente, la tensión cambiaria y los altos vencimientos de Lebac, aún
no sabemos si este es el nuevo tipo de cambio real de equilibrio. Esto
dependerá de la magnitud del desembolso del Fondo frente a las necesidades
financieras del Tesoro que quedan en 2018 (0,6% del PIB) y 2019 (en torno a 5%
del PIB) y de la viabilidad política para llevar adelante el ajuste.
En este contexto,
con tipo de cambio real más alto, blindaje de dólares del FMI y una expectativa
de mayor oferta de dólares por la normalización de la cosecha, las expectativas
de devaluación deberían descomprimirse, mejorando la eficiencia de la tasa para
anclar las expectativas de inflación y bajando la tasa requerida para renovar
vencimientos futuros de Lebac.
La tasa del 40%
incentiva un desarme de inventarios de las empresas una vez que perciban que el
dólar alcanzó un techo transitorio, en un mercado con una demanda debilitada
por el aumento del costo financiero y la licuación del poder adquisitivo del
salario. Pero, además, a medida que el BCRA recupere la credibilidad, el
proceso de formación de precios tomará con mayor relevancia las expectativas y
la meta futura del BCRA, en detrimento de la inercia pasada, frente a la
"espada de Damocles" que implica la amenaza de un aumento de la tasa
de interés del BCRA si los precios suben por arriba de los objetivos.
En cuanto a las
tarifas, terminado 2018, el Gobierno habrá hecho buena parte del sendero de
aumentos requerido para bajar la carga de subsidios y ayudar a recortar el
déficit fiscal computado antes del pago de intereses. De todas formas, la suba
del dólar aumenta el subsidio requerido en pesos por la energía eléctrica y el
transporte, con una matriz de costos en dólares, manteniendo el statu quo
tarifario.
Recapitulando, si
bien el BCRA calzó el aumento del stock de Lebac con reservas, el atraso
cambiario implícito en el esquema de financiamiento con deuda en dólares del
Tesoro, en combinación con la esterilización del BCRA, vía Lebac, de los pesos
emitidos incentivó el aumento del déficit de la cuenta corriente, mientras la
banca pública incentivó el crédito al consumo, elevando la tasa requerida
frente a la alta concentración de vencimientos de Lebac de corto plazo. Pasada
la tormenta, si el blindaje de dólares bajo un acuerdo con el Fondo, el Banco
Mundial y el BID logra estabilizar la macro -para lo cual se requiere una red
de contención mayor a US$35.000 millones- y permite surfear un frente político
más complicado -para lo cual se requiere que las condiciones del ajuste sean
viables políticamente-, los dólares del FMI y de las exportaciones permitirían
financiar un proceso de crecimiento moderado a pesar del mayor ajuste fiscal.
Director de Eco
Go y profesor de la Maestría en Finanzas de la UTDT
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