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Por Alejandro Vicchi -
El comercio exterior argentino tiene a China como uno de sus protagonistas
principales, siendo el segundo destino de las exportaciones después de Brasil.
El ingreso de divisas es muy valorado, pero la relación aún no es del todo
satisfactoria para la Argentina; la buena noticia es que aún hay muchas
oportunidades de negocios que se pueden explotar y hay casos que demuestran que
es posible lograrlo.
En 2017, la
Argentina compró a China 2,7 veces lo que le vendió, intercambiando
predominantemente productos primarios por electrónicos. El 75% de lo que
exportó a China correspondió a porotos de soja, aceites crudos de petróleo,
carne bovina, camarones y langostinos, mientras que los productos más
importados de ese origen son teléfonos, televisores, computadoras y componentes
electrónicos. Teniendo en cuenta que China es el país con la clase media más
grande del mundo, que demanda productos cada vez más sofisticados, y que sus
importaciones crecen a un promedio del 15% anual desde 1978, no hay dudas de
que hay un mercado que el país podría aprovechar mejor. El camino más rápido
para reducir el desequilibrio y aumentar el valor agregado en las exportaciones
es enfocarse en alimentos y bebidas, terreno en el que se han hecho grandes
avances, como la reciente autorización del ingreso de todo tipo de cortes de
carne vacuna y ovina; los vinos también han consolidado su participación de
mercado y los frutos del mar aceleraron su penetración en los últimos tiempos,
incluyendo la venta mediante el portal Alibaba. Pero más allá de eso, ¿puede la
Argentina exportarle a China manufacturas de origen industrial (MOI)?
China es considerada
"la fábrica del mundo" y tiene fama de ofrecer todo tipo de productos
a precios insuperables, mientras que su mercado parece imposible de abarcar por
su escala. Sin embargo, aunque parezca una imposible, hay empresas locales que
lograron vencer el estigma del "costo argentino" y tienen una
presencia firme en la que hoy es la segunda potencia económica del planeta y el
mayor exportador mundial.
Uno de los casos más
llamativos es el de Indelval, fabricante de pisos de goma resilientes de La
Matanza, ya que su materia prima viene del Lejano Oriente. "Sinceramente
nunca se me había ocurrido que una empresa argentina pudiera exportarle a un
mercado asiático", recuerda su vicepresidente, Carlos Camps; "pensar
que podíamos traer caucho natural desde allá, procesarlo acá y volver a
venderlo allá resultaba al menos aventurado".
Pero su relato es un
ejemplo de cómo un trabajo profesional puede superar a la intuición: leyendo en
2004 un informe del mercado chino, descubrieron que el liderazgo era de
empresas europeas y americanas. "Nos contactamos con un agente en Hong
Kong, fuimos a una feria y a los seis meses del primer contacto hicimos la
primera orden para un hospital", dice Camps, quien advierte que cerrar el
trato tan rápido no es normal, pero la suerte jugó a su favor, ya que el
importador estaba disgustado con el proveedor que tenía. Igualmente, aunque los
tiempos se acortaron, en ese breve lapso Indelval tuvo que hacer sus deberes,
lo que significó comprometerse con la negociación y todo lo que ella demandó:
"En esos seis meses viajé tres veces a China y él viajó a Buenos Aires a
visitar nuestra planta", cuenta.
Desde entonces es el
destino al que más exporta Indelval, cuyos pisos fueron colocados en 35
hospitales, plantas de energía y oficinas de aquel país y tiene previsto hacer
al menos seis embarques este año. La continuidad y la expansión también son
fruto de mucho esfuerzo y dedicación. "La primera compra fue con los
productos que hacíamos para el mercado mundial, pero a partir de ahí tuvimos
que desarrollar productos especialmente para el gusto chino; ellos usan mucho
blanco", añade. "Hubo que hacer muchos cambios paulatinamente en el
diseño, el packaging, en la presentación; nos compenetramos con la idea de que
había que satisfacer lo que el mercado pedía. El mayor trabajo que se hizo fue
en el branding, como una marca de calidad, para no competir con el producto
chino, sino con el norteamericano o el europeo".
También para Telmec,
empresa de Avellaneda fabricante de bombas dosificadoras y engranajes para la
industria hilandera, China puso a prueba su perseverancia. "Fuimos
trabajando con varios representantes que no obtuvieron los logros deseados
-relata su presidenta, Nilda Brovida-, hasta que encontramos al representante
actual, que entiende del producto, conoce el mercado en el cual se utiliza, y
gracias a ello estamos creciendo en las ventas".
Enrique Bechis, que
desde hace 17 años conduce la filial en China de Moore Stephens Global Link
Ltd. (MSGL), reconoce que este tipo de exportaciones de MOI no son comunes,
pero existen: "Hubo una empresa argentina que durante un tiempo fue
proveedora de las tarjetas de banda magnética que el público chino compraba
para ingresar al metro de Shanghai y otros lugares, como el observatorio de la
torre más alta de China".
"Uno de los
casos que hemos desarrollado fueron las pruebas del ingreso de grifería argentina
de lujo para hoteles boutique y grandes desarrollos inmobiliarios de alta
gama", comenta Bechis.
El 75% de las
exportaciones a China en 2017 fueron productos primarios como porotos de soja,
aceites crudos de petróleo, carne bovina, camarones y langostinos
También se han
exportado moda femenina y calzado deportivo; Jazmín Chebar abre locales propios
en Shanghai y Hong Kong, y las zapatillas Pony, que fabricaba GGM, ingresaron a
nichos del mercado que por escala no eran rentables para los fabricantes asiáticos.
Todos los
experimentados aseguran que el empresario chino compra luego de establecer una
relación personal de confianza y compromiso. "Es habitual que el
empresario local pretenda hacer negocios rápidamente, a la usanza occidental,
sin considerar las enormes diferencias culturales", observa Gustavo
Girado, director del posgrado sobre Estudios Chinos en la Universidad Nacional
de Lanús (UNLa).
"En el mercado
chino es muy importante la presencia física, la relación personal",
enfatiza Camps, presidente de Indelval. "Hemos desarrollado una amistad
casi cercana, he sido invitado a fiestas familiares, y voy porque el chino le
da un enorme valor a la relación humana".
Brovida también
recomienda "ir a conocer a los clientes y los representantes; no basta
vender solo por Internet si pretende sostenerse en el tiempo", y remarca
la necesidad de encontrar un representante que conozca las costumbres y
acompañarlo. "Si bien él es el que habla el idioma, estar en la reunión
con el cliente le da fortaleza al representante y se siente apoyado".
Para ambas empresas,
las ferias resultaron claves para conocer usuarios finales y representantes,
pero no basta con ir una vez. "La gente nos ve un año tras otro y
empezamos a figurar como una referencia", afirma Camps.
"El desarrollo
del ingreso de un producto a China requiere de paciencia -dice Bechis- hasta
conocer quiénes son los actores, cómo es la comercialización y estar muy atento
a los rápidos cambios".
"El empresario
chino manifiesta entusiasmo aunque sea una posibilidad remota; puede dar la
idea de que ya está embarcado en una compra sustentable a lo largo del tiempo,
pero esto forma parte de un proceso de prueba y error inherente a su
cultura", advierte el consultor de MSGL.
El porcentaje anual
de crecimiento de las importaciones de China desde 1978 es del 15%. Hoy, el
mercado de ese país demanda productos cada vez más sofisticados debido al
crecimiento de su clase media
"Tiempo y
paciencia al momento de negociar", recomienda Girado, autor del libro
¿Cómo lo hicieron los chinos?, porque "apresurarse se considera una
muestra de inseguridad". "Además, siempre hay que tener información
previa sobre el organigrama de la empresa con la que se negociará y es
indispensable contar con una tarjeta de presentación que identifique el puesto,
en lo posible con traducción", agrega.
También, como
ejemplificaba Indelval, hay que estar dispuesto a invertir para adaptar la
oferta. "Grandes corporaciones han fracasado en su intento de ingresar al
mercado chino por no atender sus características específicas y tratar de
imponer un tipo de producto sin adecuarlo al mercado oriental", comenta
Girado.
Para Bechis, lo más
importante es "la investigación perseverante, estar dispuestos a fallar,
escuchar y percibir qué es lo que puede hacerse". En opinión del experto
de MSGL, "hay más chances para aquellos que presentan algún rasgo de
creatividad reconocible (ya sea en el diseño, en la calidad, creando una
solución mejor a un producto ya existente); es cada vez más difícil
sorprenderlos, a China llega de todo de todas partes del mundo".
Sin embargo, llevar
innovaciones a China también presenta sus riesgos: "Todavía es muy común
que al poco tiempo de que un producto extranjero ingresa a China, si tiene
éxito, aparezca su imitación local, copiando el diseño o la solución
técnica", dice Bechis.
En definitiva,
exportar a China no es imposible, aunque, como todo gran desafío comercial,
requiere profesionalismo, perseverancia. y, en este caso, extremar la tan
mencionada paciencia oriental.
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