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Por Claudio
Zlotnik - Desde hace unos días, circula la versión de que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional está
"casi" cerrado. Esto ha generado entusiasmo en
el mercado y alivio tanto en funcionarios como en un empresariado
ávido de buenas de noticas.
El problema es
en qué consiste el "casi".
No es ni un pequeño de detalle ni un ajuste en la letra chica. Más bien, el
punto en el que delegación argentina y los técnicos del FMI no terminan de ponerse de acuerdo es de extrema sensibilidad.
Más aún, lo que se
decida puede inclinar la balanza hacia el lado de un acuerdo beneficioso para el país o hacia la
profundización de la crisis.
¿Cuál es ese tema
tan crucial, capaz de mejorar las expectativas o derrumbarlas por completo?
Nada más y nada menos que el manejo del dólar en Argentina.
Los expertos del organismo
de crédito insisten en que la cotización debe estar dictaminada por
el mercado, según el libre juego de oferta y demanda.
Entrelíneas,
significa que no les agrada la actual política del Banco Central, que todos los días se "planta" con
una mega oferta de u$s5.000 millones para topear el precio mayorista
en $25, al tiempo que el Banco Nación vuelca billetes al circuito para
abastecer el canal minorista.
En consecuencia,
como gran condición para poner la firma a la línea de asistencia,
quieren que el gobierno argentino libere por completo el mercado cambiario,
algo a lo que los funcionarios le tienen mucho miedo.
Y no es para menos.
Todavía está muy fresco el recuerdo de la traumática devaluación del mes pasado
como para que asuman el riesgo de una eventual nueva disparada
del dólar, que nadie se anima a calificar de imposible en este
contexto de incertidumbre.
Diagnóstico: no es
momento de flotar
Fuentes que siguen de cerca las conversaciones en Washington señalan a iProfesional que
el Gobierno confía en que el anuncio del acuerdo con el FMI, por sí solo, mejorará las expectativas del
"mercado".
Además, entienden
que descomprimirá las tensiones cambiarias que se han mantenido
incluso durante las negociaciones.
Convencidos de que
la noticia tiene la fuerza suficiente como para que así suceda, prefieren
"no innovar" y mantener la actual política cambiaria. Al menos
hasta que pueda implementarse el crédito stand by del FMI.
Esto no es
compartido por los técnicos del Fondo quienes, desde el inicio, han planteado
otra cosa. Concretamente, que el Gobierno tiene que dejar flotar al dólar desde antes de que eso suceda.
El organismo no
está dispuesto a repetir sus malas experiencias del pasado, como
sucedió en Rusia 1997 o en la propia Argentina 2001, en las que terminó financiando
la fuga de capitales.
En este sentido,
Argentina adolece de un grave problema estructural, que viene siendo
monitoreado de cerca por la línea técnica del FMI: la salida de más de u$s20.000 millones anuales
adjudicada, en gran medida, a la política de dólar "barato" aceptada (y a veces hasta
promovida) por el Gobierno.
El organismo viene tomando
nota de lo que sucede con el tipo de cambiodesde hace varias semanas:
- Tras ceder a las
presiones y devaluar, el Banco Central comenzó a poner diariamente sobre
la mesa una oferta de u$s5.000 millones, a $25, en la plaza mayorista
- Desde que dio a
inicio a este plan, la cotización prácticamente se pegó a ese
techo
- Paralelamente,
el Banco Nación se ve obligado a intervenir casi todos los
días para abastecer la fuerte demanda de billetes verdes
Conclusión: incluso
con un dólar que está casi 24% más caro que al
comienzo de la corrida -en el segmento mayorista- la demanda, lejos de
mermar, se mantiene elevada.
La otra la lectura
inmediata y lineal es que buena parte del público cree que el billete
verde podría estar más arriba, de no ser por esa agresiva postura de Federico
Sturzenegger.
En tanto, la caída
de reservas del Banco Central (por debajo de u$s50.000 millones, el peor
nivel en nueve meses) alimenta las sospechas de los más pesimistas.
Recientemente
Nicolás Dujovne convocó a influyentes economistas de la City
como Miguel Ángel Broda, Ricardo Arriazu, Miguel Bein y
Pablo Guidotti.
En ese encuentro,
hubo diferentes puntos de vista sobre cómo abordar los problemas de la
economía, pero en lo que sí todos coincidieron es en un punto: como
están las cosas, lo peor que podría hacer el Gobierno es dejar
al dólar bajo un sistema de flotación pura (precisamente
lo que pide el FMI).
Este consenso revela
un mismo diagnóstico: la economía sufrirá más de lo que pueda ganar
con una eventual nueva corrida, por el alto contagio a los precios (pass
through) derivado de las devaluaciones.
De hecho, las
consultoras están revisando al alza sus proyecciones de inflación para el año,
dado que ese efecto contagio recién se verá en toda su plenitud en los meses de
junio y julio. Es por ello que algunas creen que rondará el 30%.
La búsqueda del camino
del medio
Los principales bancos de inversión, tanto locales como de Wall Street, dan por
descontado que el acuerdo con el FMI se firmará rápido. De hecho, Mauricio Macri quiere
viajar a Canadá, para la reunión con el Grupo de los Siete países más poderosos,
con el documento rubricado.
Llamativamente,
la cuestión fiscal no es la que genera grietas entre el Palacio de
Hacienda y el FMI. Por el contrario, fue el propio Macri el que izó como
bandera el ordenamiento de las cuentas públicas y aceleró el ritmo del ajuste.
El punto
central en las negociaciones con el FMI pasa por el manejo del dólar.
Por lo pronto, el FMI incorporará el objetivo de "Activos Internos
Netos", una forma elegante de limitar la cantidad de reservas que puede
vender el BCRA en el mercado en caso de una corrida.
Pero, además,
quiere estar seguro de que el tipo de cambio actual no es artificial. Y para ello le
pide a Sturzenegger que retire el "dique de contención"
de u$s5.000 millones, acaso lo único que impidió que el precio mayorista
no traspasara los $25.
Así las cosas, sobre
el tramo final de la negociación surgen dos preguntas claves:
- Si se avala el
reclamo del FMI de quitar ese dique de contención, ¿en qué momento
hacerlo? El Fondo quiere que sea antes de girar el dinero. El Gobierno (por
miedo y prevención), después.
- Si se abandona esa
política, ¿habrá una nueva corrida que lleve al dólarmuy por encima de $25 o se mantendrá en ese nivel?
En dialogo con iProfesional,
una fuente con de vasta experiencia en este tipo de negociaciones afirma:
"Lo lógico es que la diferencia se zanje a mitad de camino".
"Es decir, que
se haga el anuncio del acuerdo con todos los detalles pero que el dinero se
transfiera luego de levantada la medida", añade.
En medio de este
debate, el Gobierno se aseguró un refuerzo de reservas. Será a través de
un aporte adicional de China gracias a la ampliación del "swap",
que ya está vigente por unos u$s11.000 millones.
Es altamente
probable que los funcionarios activen esta operación con China en
caso de que el apetito de los inversores por los billetes verdes
se mantenga en niveles elevados.
Inversores revisan
la estrategia
En Wall Street no pasaron desapercibidas las últimas declaraciones del ministro
de Finanzas, Luis "Toto" Caputo.
En reunión con
banqueros, sostuvo que el Tesoro venderá directamente al mercado
el 100% de los dólares que obtenga en las próximas emisionesde
deuda, tal como hizo tras la reapertura por u$s3.000 millones de los BOTES
(Bonos del Tesoro).
Analistas
neoyorkinos interpretaron ese anuncio como el intento por asegurar la paz
cambiaria y así cortar de cuajo una incipiente intranquilidad de
financistas, reflejada en su incesante búsqueda del billete verde.
Además, perciben que
parte importante de la nueva demanda de divisas de las últimas
dos semanas -una vez sofocada la corrida- provino de empresas,
locales y extranjeras, inquietas por el panorama de corto plazo.
En general, habían invertido
en instrumentos en pesos (Lebac, pero también bonos del Tesoro) antes
de la disparada del dólar, por lo que no quieren repetir la mala experiencia de
quedarse con títulos devaluados en plena corrida, razón por la cual salieron a
desarmar posiciones.
La gran mayoría tuvo
que anotar pérdidas por jugarse a la rentabilidad en moneda local en el marco
de un tipo de cambio quieto. Ahora prefieren la seguridad de
mantener sus portafolios dolarizados.
Hoy día, el mercado
evalúa que el inminente acuerdo con el Fondo podría ser una ventana de
oportunidad para reducir las tenencias en pesos y pasarse a
dólares aprovechando una paz financiera de duración incierta.
La otra gran
cuestión que terminará de definir el nuevo escenario refiere a las tasas
de interés: a nadie escapa que una referencia del 40% anual es un
hecho extraordinario y que, más temprano que tarde, ese premio al inversor
bajará.
El punto es que cada
vez que el BCRA apuró una baja, el mercado se puso tenso. La última vez fue en
diciembre, en medio de la revisión de la meta inflacionaria del Banco Central.
Se acercan jornadas
decisivas para el futuro de la economía. Una vez más, el manejo del dólar vuelve a quedar en el centro de la escena.
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