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Por Francisco Jueguen -
La ansiedad enceguecía. Si había o no anuncio, si el board del FMI había aprobado el
paquete argentino, cuántos dólares llegaban finalmente al país. La conferencia de prensa
en el Centro Cultural Kirchner (CCK), el jueves por la noche, era un
hervidero de inferencias. Y el desesperado requerimiento de información hizo
probablemente que pasara desapercibido un lineamiento clave que
buscará regir la macroeconomía y la política monetaria durante
el próximo año.
Lo explicó el presidente del Banco Central (BCRA), Federico
Sturzenegger , en su discurso. "Nos comprometemos a que en
junio-julio del año que viene la inflación estará entre 20% y 21%", dijo.
Y así, sin decirlo explícitamente, el ahora dueño de las metas de inflación
dejó dos mensajes: toda la política monetaria del organismo, incluida las tasas
de interés y su impacto en la actividad económica, estarán subsumidas a ese
número. En segundo término, con el objetivo de ofrecer previsibilidad en un
programa de metas de inflación, intentó marcar la cancha para futuras
actualizaciones de contratos (alquileres, por ejemplo) y de salarios, tanto del
sector público como del privado.
Sus palabras retumbaron en el CCK, lugar neutral elegido por el Gobierno
para evitar cualquier posibilidad de interpretación de una nueva intromisión
política, como lo había sido el 28D. Pero la política ya daba vueltas alrededor
de esa nueva meta de inflación. Sólo unas horas antes, la CGT se había ido de
la Casa Rosada con una promesa: una recomposición de 5% a las paritarias
mayoritariamente cerradas a partir de abril en un promedio de 15%. Ese
porcentaje era hasta el jueves pasado la meta oficial de este año.
"Esperemos que sea lo más baja posible", dijo, en tanto, Sturzenegger
para la inflación de este año, sugiriendo que ya no existe un objetivo claro
para 2018.
Así, a través de esta sutil esta señal en medio de un mar de recortes
presupuestarios que comenzarán a tener forma con el debate de la ley de
presupuesto 2019, el Gobierno busca que se disuelva la conflictividad que
parecía volver a activarse con los gremios. La amenaza de una huelga general,
sin embargo, sigue en el aire. "Con el objetivo de preservar el poder
adquisitivo de los trabajadores, en la medida en la que cada sector lo permita,
se propuso la conformación de un régimen simplificado voluntario de adecuación
de la negociación colectiva salarial para los trabajadores en relación de dependencia
del sector privado, correspondiente a 2018", escribieron en el Ministerio
de Trabajo, antes del anuncio del paquete con el FMI.
"A través del mismo, las partes colectivas -representantes de los
trabajadores y de los empleadores- de cada sector que hayan celebrado
negociaciones salariales durante este año podrán adecuar, de mutua conformidad,
las cláusulas de aumento salarial dispuestas en dichos acuerdos para alcanzar
un incremento de hasta el 5% para el trimestre inmediatamente posterior a su
suscripción, pudiendo pactarse hasta en un 2,5% de incremento mensual en dos
cuotas", agregaron. En ese ministerio agregaron que esta herramienta se
sumaría a las cláusulas de revisión que hayan sido previstas en cada una de las
paritarias y que tendrán lugar en los meses ya acordados.
Por los menos 25 de los más importantes sindicatos argentinos cerraron
paritarias en el 15%, según datos de Trabajo. Muchos firmaron además una
clausula de revisión entre septiembre y marzo de 2019, según el caso. Sólo los
encargados de edificios firmaron por debajo (12%), mientras que los camioneros
de Pablo Moyano exigen un aumento del 27%, porcentaje similar a las
perspectivas de inflación del último Relevamiento de Expectativas del Mercado
(REM) para este año.
Por el lado de los empresarios, los aún espásticos movimientos del dólar
y esa meta impuesta para un año electoral es una señal sobre lo que puede
llegar a ocurrir con la elevadísima tasa de interés que golpea la actividad
económica. "El gran quilombo es el dólar, no la tasa", afirmó un
hombre del sector empresarial. "Si no se tiene una perspectiva o una
proyección clara sobre cuál va a ser el nivel del dólar, no está claro cuál tiene
que ser el nivel de la tasa de interés para que la gente o los inversores
decidan quedarse en pesos", explicó el hombre de negocios, que además
minimizó el supuesto beneficio que podría tener la restricción de
financiamiento del BCRA al Tesoro.
"Claramente, la tasa hoy por hoy no la podés bajar. Con este
esquema macro no hay líneas de crédito para las pymes y se vienen problemas en
la cadena de pagos", agregó. Es un mal augurio para una economía que
crecerá poco este año: para Dujovne, será puro arrastre (1,4%).
Pero Sturzenegger sólo marcó los lineamientos para mediados de 2019.
Fijó metas "cumplibles" para el final del año próximo, de 17% (era
10%), de 13% para 2020 (antes en 5%) y de 9% en 2021, cuando la Argentina
recién podría lucir una inflación de un dígito. En Hacienda encontraban un
viejo chivo expiatorio para este recalibramiento forzoso: Alfonso Prat-Gay. El
primer ministro de Economía de Macri, cuentan en esos pasillos, fue el artífice
solitario de metas que en el oficialismo califican hoy, con el diario del lunes,
como "incumplibles".
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