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| FMI busca un “nuevo comienzo” con el acuerdo con Argentina |
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12/06 - 09:13 AmbitoFinanciero |
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Por Carlos Burgueño - Desde Washington se espera que el acuerdo firmado
entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) sea exitoso con tanta
ansiedad como desde Buenos Aires. Para Mauricio Macri, se trata de la última
oportunidad para relanzar su política económica, estabilizar la crisis, y
llegar con posibilidades reales a las elecciones en 2019. Y para el organismo
financiero también se trata de un movimiento importante que pone en juego no
sólo su prestigio sino también su capacidad certera de contención de un Estado
ante una crisis. Ello no implica una carta clave para el mismo FMI y su cuerpo
técnico. También la propia Christine Lagarde se juega con la carta argentina
una apuesta personal donde se evaluará su propia capacidad de conducción y,
eventualmente, su proyección internacional.
Sucede que hasta la llamada telefónica de Macri a Lagarde, las últimas
intervenciones del FMI en diferentes países habían tenido un resultado
agridulce. Si bien se mencionan ciertos casos en los que el organismo considera
que el resultado final fue positivo (Croacia, Serbia), las crisis más
resonantes de los últimos tiempos en los que hubo intervención del Fondo
terminaron con un saldo negativo, al menos en la percepción de la sociedad. El
más importante fue el caso griego, donde las consecuencias de la intervención
del FMI son consideradas como negativas desde la sociedad helena, mientras que
desde el organismo se habla de incomprensión por parte de la población griega.
El caso argentino quedó como una cuenta pendiente en los pasillos del FMI.
Décadas después de la crisis de 2001, aún se discute si la decisión conjunta
del dúo que formaban el alemán Horst Köhler y la norteamericana Anne Kruger, de
precipitar la caída terminal del país, fue o no la correcta. Si bien hay un
consenso general en que en aquellos años la ayuda a la Argentina era a
diciembre de 2001 inútil e innecesaria, también se considera hoy en el FMI que
la decisión de Kruger, avalada por Köhler, de convertir al país en un ejemplo
para el resto del mundo fue un castigo innecesario. Y que había alternativas
para ayudar a la Argentina para que, por lo menos, el país no cayera en los
niveles de pobreza a los que arrojó la crisis derivada de la salida de la
convertibilidad. Más crítica es aún la visión personal de Kruger de considerar
a la Argentina como un ejemplo y un caso aleccionador para el resto del mundo.
El tiempo demostró que no sólo fue la Argentina la que ingresó en crisis, sino
también Rusia, Turquía y casi toda Europa del Este. Ni hablar de la ineptitud
del FMI para poder prever la crisis de 2008 iniciada en los Estados Unidos con
las subprime y sus consecuencias en Europa primero y en todos los estados
emergentes después. Curiosamente, se recuerda en el FMI que el primero en
impulsar una revisión del caso argentino fue Dominique Strauss Kahn, hoy caído
en desgracia a nivel mundial, pero que en su momento había pedido una revisión
general sobre la actuación del FMI ante el caso argentino prometiendo una
autocrítica general. Obviamente, las posibilidades de una redención argentina
quedaron atrapadas en aquella habitación del Sofitel New York Hotel el 14 de
mayo 2011.
Años después, ya con Christine Lagarde al frente del FMI, se comentaba en Nueva
York que hubo algún contacto indirecto e informal entre el FMI y el Gobierno de
Cristina de Kirchner para hablar de algún tipo de reinicio del diálogo entre el
organismo y el país. Fue a mediados de 2011, cuando Amado Boudou (aún ministro
de Economía) se perfilaba como hombre fuerte del kirchnerismo y eventual
sucesor presidencial. El próximo vicepresidente tenía en mente un retorno lento
y prudente al FMI como parte de un plan económico que Boudou tenía en mente
para el segundo Gobierno de Cristina. Una crisis cambiaria local de octubre de
2011, donde la expresidenta creyó ver actitudes golpistas y la caída en
desgracia del exvicepresidente hicieron que las gestiones de un regreso de los
acuerdos con el FMI terminaran abruptamente.
Hubo otro momento de eventual acercamiento con el kirchnerismo. Fue en la
cumbre del FMI de abril de 2012, cuando en Washington el Gobierno español
estaba decidido a apurar al organismo para que condene la reciente
reestatización de YPF. En ese evento, el entonces ministro de Hacienda del
Gobierno de Mariano Rajoy, Luis De Guindos, tenía la misión de lograr una
declaración oficial del organismo en contra de la decisión de Cristina de
Kirchner. El entonces ministro de Economía local, Hernán Lorenzino, negoció
directamente con el chileno Nicolás Eyzaguirre, en esos momentos director para
el Hermisferio Occidental del FMI, para que el organismo se mantuviera
independiente de la decisión. Curiosamente logró el objetivo, y Eyzaguirre
declaró que "YPF no está dentro de la agenda, no será tema de debate aquí.
Es algo que queda en el ámbito de las relaciones del Gobierno argentino con una
empresa, Repsol". Lorenzino intentó que este apoyo se convirtiera en un
inicio de las negociaciones para el regreso del país a los acuerdos con el FMI,
pero fue luego el entonces viceministro de Economía Axel Kicillof el que terminó
de bombardearlo.
Ahora el FMI quiere que el flamante acuerdo con la Argentina sea no sólo el
reinicio de una "bella amistad", sino un faro para toda la región y
las amenazas populistas.
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