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| En Francia se discute otra cosa |
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26/05 - 13:47 Clarín |
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Este domingo, los franceses están convocados a votar a favor o en contra de la Constitución Europea. Pero van a ir a las urnas motivados por otra cuestión que los preocupa mucho más: el desempleo.Jean Paul Fitoussi. Economista. Instituto de Estudios Políticos, París - Europa apasiona a Francia, y Francia apasiona a Europa. Ya sea que se salude el hecho de que los franceses debaten con vehemencia por todos los europeos "privados" de referéndum o que resulte exasperante la celebración de nuestro país de su propio carácter excepcional, el hecho es que, por un tiempo, Francia se convirtió en el centro de la Europa reunificada, y Europa se transformó en el centro de la conversación francesa.
Sin embargo, nuestros vecinos y socios —y algunos comentaristas nacionales— se equivocarían si pensaran que, ingrata y malhumorada, Francia les da la espalda en nombre de su complejo de superioridad. Al contrario: los franceses tienen tal necesidad de Europa, que desean que lo que hagan contribuya a la solución de los problemas de ésta.
Una parte importante de los franceses sufre y Francia duda. ¿Cómo, en efecto, un país que se percibe concreta y simbólicamente en problemas podría contemplar no debatir de forma apasionada una cuestión de futuro: la integración europea?
La verdadera cuestión es, entonces, la de la situación de Francia, y, en ese sentido, es necesario reconocer que nosotros mismos olvidamos la rebelión ante lo inaceptable —el desempleo—, como si una actualidad permanente desde hace veinte años ya no fuera... de actualidad.
En cierto sentido, los franceses debaten por los demás ciudadanos europeos cuyos países se caracterizan por un elevado desempleo. Es en esa lenta erosión de nuestra capacidad de indignación donde reside el mayor peligro, el peor golpe que se asestó a las generaciones futuras.
Sabemos, sin embargo, por haberlo aprendido de forma dolorosa a partir de episodios históricos siniestros, que el desempleo es el problema más peligroso que puede enfrentar una sociedad en tiempos de paz. Basta con hacer el inventario de esos efectos nefastos para volver a convencernos.
Distintos estudios demostraron que el desempleo afectaba a casi la cuarta parte de la población activa de Francia, que era así desde hacía mucho tiempo —veinte años— y que los raros períodos de retorno del crecimiento en Europa habían sido demasiado breves como para modificar esa proporción de manera significativa.
El desempleo masivo persistente actúa como un agujero negro en expansión en nuestros sistemas sociales y devora todas las lógicas de integración. Hay una relación bien documentada entre el nivel y la duración del desempleo: cuanto más elevado es este último, más importante es el número de quienes están desocupados durante mucho tiempo. Permanecer mucho tiempo al margen del mercado laboral produce lo que Robert Castel llamó "desafiliación", que es al mismo tiempo un sentimiento de distanciamiento social y un estado de relegación cívica.
La persistencia del desempleo también erige nuevas fronteras, que no por ser invisibles dejan de ser reales. Un desequilibrio social de tal magnitud tiene necesariamente una inscripción espacial. El enrarecimiento de los recursos de la población que suscitan las dificultades de empleo limita el espectro de zonas en las que la gente puede vivir.
Triple reunificación
La segregación urbana, generalmente territorial, tiene aquí uno de sus orígenes y dinámicas principales. La persistencia del desempleo masivo aumenta la intensidad de la discriminación y reduce la igualdad de oportunidades.
No se basa en la existencia de prejuicios racistas o religiosos en la sociedad, sino en la difusión y la cristalización social de creencias respecto de presuntas características de tal o cual sector de la población. Se supone, por ejemplo, que los "viejos" (¿mayores de 45 años?) son menos productivos o incapaces de adaptarse, que a las mujeres les preocupa más el equilibrio familiar, que tal comunidad es por naturaleza poco puntual, que tal otra es poco dinámica, etcétera.
Las cosas serían diferentes en una situación de pleno empleo, ya que la necesidad de las empresas llevaría a contratar, si no a la totalidad, sí a una parte mucho más importante. En ese caso, todos tendrían la oportunidad de demostrar cuáles son sus cualidades y de contradecir los presupuestos sociales a ese respecto.
De manera ineluctable, el desempleo masivo consolida la discriminación al mismo tiempo que los sentimientos de injusticia y de frustración de aquellos que son sus víctimas recurrentes.
¿Entonces? ¿Es razonable seguir permitiendo que el desempleo consuma todas las esperanzas y agrave la fragmentación social? ¿De dónde procede el asombro colectivo ante las correspondencias entre lo económico, lo social y lo político que revelan las consultas electorales?
Estas simplemente reflejan la urgencia de una triple reunificación francesa: una reunificación en el espacio físico (la lucha contra la segregación urbana); una reunificación en el espacio social (la integración mediante el trabajo); una reunificación en el tiempo, entre los jóvenes y el futuro.
Nuestros países asociaron su destino en la Unión Europea para resolver mejor sus problemas, no para quedar sumidos en sus dificultades nacionales, dado que comprendieron la estrecha relación que existe entre las políticas europeas y las nacionales.
La principal promesa que los ciudadanos asocian en la actualidad a la construcción europea ya no es la paz, sino la prosperidad. La deliberación actual debe versar sobre los mejores medios para obtenerla.
Copyright Clarín y Le Monde.
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