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Por Carlos Lamiral - Negociación. Macri deberá convencer a los
mandatarios que acepten el achique de dinero que les manda la Nación. Suponen
en la Casa Rosada que hay obras que le corresponde hacer a las provincias.
El primer desafío político serío del Gobierno
este año, derivado del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) será
convencer a los gobernadores de las provincias para que aprueben el Presupuesto
2019. El mismo contemplará un fuerte ajuste de gastos para cumplir la meta de
un déficit primario del 1,3 puntos del PBI del año próximo, desde el probable
2,5 que podría terminar el 2018. Para lograrlo, las provincias tendrán que
sacrificar fondos correspondientes a las transferencias discrecionales que les
manda la Nación. Es decir, dinero que financia obras y planes de educación y
salud, que cada mandatario ha acordado con el gobierno federal. En total,
estiman que seria el equivalente a medio punto del PBI.
Para el Gobierno nacional las provincias están mejor que nunca en materia
fiscal y por ello están en condiciones de afrontar el ajuste. Con el programa
de devolución del 15% de coparticipación que la Nación les retenía para
financiar a la ANSES, entiende que los gobernadores tienen las cuentas en
orden, por lo menos desde el punto del déficit primario. Los momentos en la
historia en que las provincias pudieron presentar números fiscales en orden no
son muchos. El programa firmado al inicio de la gestión de Mauricio Macri, por
el entonces ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, establecía la
devolución de 3 puntos por año de la coparticipación, hasta 2020. Desde ese
momento, llevan 9 puntos de recupero de fondos. En 2019 llegarán a 12 puntos.
En general, la "normalidad" es que las provincias presentaban fuertes
desbarajustes, con la necesidad constante de pedirle plata prestada a la
Nación. Ahora la situación se ha revertido. Se podría decir que están mejor que
el Gobierno federal, y ese será el argumento básico por el cual desde Hacienda
suponen que podrán acordar el recorte. Calculan que entre lo que perderán los
gobernadores y lo que van a conseguir por transferencias automáticas con el
programa firmado en 2016, saldrán ganando un 1,5 puntos del PBI. "Claro
que se va a quejar que hay recortes", explicó a Ámbito Financiero un
funcionario del gobierno.
De acuerdo con los datos de la Secretaría de Hacienda, este año las provincias
ya recibieron por transferencias corrientes unos $24.500 millones. Se trata de
dinero que cobran de forma automática como parte de la recaudación de IVA y
Ganancias. Lo que se va a recortar o eliminar son gastos por que este años
llegarán a $105.000 millones que corresponden a transferencias discrecionales,
que están afectadas a programas de educación, salud o acuerdos especiales con
gobernadores. En el Gobierno consideran que "son obras que deberían hacer
ellos que los hacemos nosotros".
En lo relacionado a la situación fiscal de las provincias, en gobierno
considera que el conjunto de las mismas va a cerrar con las cuentas en equilibrio
en 2018. Pesos mas o pesos menos, desde el punto de vista del déficit primario
cerraran el año en cero, si se le agrega el pago de intereses de su deuda, el
rojo es de medio punto. En 2015 las provincias agregaban 1 punto al déficit
consolidado. Y se espera que en 2019 pasen a tener un leve superávit. Además en
el Gobierno nacional destacan que después de haber estado 12 años sin poder
tomar préstamos, a partir del año pasado las provincias comenzaron a
financiarse en el exterior.
Según los datos que manejan en el gobierno, la coparticipación ya representa 7
puntos del PBI. Luego de la firma del acuerdo de Responsabilidad Fiscal, en
noviembre del 2016, las provincias no pueden expandir el gasto en forma real.
Es decir, tiene que ser igual o inferior al la inflación. Y lo que es más: No
pueden incorporar empleados públicos por encima de la tasa de crecimiento de la
población. La expansión de las plantas de personal es considerada la principal
causa del deterioro de las cuentas en las provincias.
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