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Por Pablo Wende
- El salto de 50% que tuvo el dólar en lo que va del año generó un fuerte
aumento del tipo de cambio real. Y más allá de la consecuencia que tuvo sobre
la confianza de los inversores y de los consumidores, el nuevo escenario
presenta un panorama muy favorable para algunos sectores y mucho más complicado
para otro.
Infobae analiza algunos impactos directos que genera este nuevo dólar,
aunque siempre el peligro es que la inflación se termine "comiendo"
la ganancia de competitividad que genera el salto de la divisa.
Estos son algunos de los sectores que ganan y aquellos que pierden:
Hoteles. Serán uno de los más beneficiados en forma directa por un tipo
de cambio más alto. Sobre todo los cuatro y cinco estrellas tienen tarifas
dolarizadas, pero la mayoría de sus costos en pesos. El impacto ya se está
sintiendo inmediatamente, porque cobran mucho más por cada noche de habitación
ocupada. Pero además la expectativa es que crezca el turismo receptivo, es
decir que vengan más turistas al país atraídos por un peso devaluado, que
significa un abaratamiento en dólares para ir a cenar, un teatro o realizar
compras.
Negocios de frontera. También se están beneficiando ya mismo del
nuevo contexto cambiario. Ciudades como Posadas, Cataratas del Iguazú
(ambas en Misiones), Bariloche e incluso Mendoza se empiezan a beneficiar con
un tipo de cambio mucho más alto. Los argentinos ya no cruzan para cargar
nafta, ni hacen cola para ir a comprar a Paraguay. Sencillamente el cambio ya
no justifica irse del otro lado de la frontera, que llegó a generar colas de
varias horas en los pasos fronterizos, como sucedió en los últimos años en el
puente que conecta con Encarnación o para los caminos para cruzar los Andes
rumbo a Chile. Los comerciantes de estos "negocios de frontera",
muchos de los cuales estaban al borde de la quiebra, ya aseguran que
tienen un impacto positivo por el cambio de contexto. No sólo los
argentinos dejaron de ir del otro lado de la frontera, sino que empiezan a
recibir visitantes extranjeros, especialmente desde Chile.
Economías regionales. Venían pasándola muy mal por el atraso cambiario.
Sólo habían tenido un respiro luego de la salida del cepo cambiario, pero duró
poco. Ahora se encuentran otra vez con un tipo de cambio más conveniente y
la promesa del Gobierno de no dejar que se vuelva a atrasar. Como exportan
casi toda la producción (en general productos primarios) y tienen sus costos en
pesos (básicamente mano de obra, pero también la mayoría de los insumos)
mejorarán casi automáticamente su rentabilidad, impulsando además la
producción.
Sector agropecuario. La próxima campaña sojera tendrá un doble
beneficio. Menos retenciones tras la reducción mes a mes de este año (6
puntos menos cuando finalice 2018), pero además un dólar mucho más atractivo
para liquidar la producción y entrar las divisas. A eso se debe sumar que se
espera una cosecha mucho más importante luego de la sequía de este año. Por
eso, se calcula que el campo aportará unos USD 10.000 millones adicionales en
2019, clave para apostar a la recuperación de la economía. Pero más allá del
campo, en general los exportadores reciben un beneficio directo por un dólar
más alto.
Sectores "sensibles", como textil y calzado. Estuvieron
entre los más afectados en los últimos años y el Gobierno intentó suavizar la
crisis a través de medidas puntuales como planes Ahora 3 y Ahora 6 específicos,
siempre para productos de industria nacional. Ahora, con un dólar mucho más
elevado cuentan con una "protección natural" contra el ingreso
de productos importados. Además, como se supone que la gente viajará menos
también aumentará la demanda interna específicamente para este sector. De todas
formas, los fabricantes se quejan por los altos costos impositivos que
encarecen la producción.
Construcción. Más allá del precio del metro cuadrado, el costo de
construcción un edificio o una casa bajó aproximadamente un 30% en dólares en
los últimos dos meses. Habrá que ver hasta qué punto la inflación se va
comiendo esta ventaja. Por lo pronto, el cambio de escenario puede
impulsar a inversores a volcarse al ladrillo, porque los dólares que vuelcan en
cuotas mensuales para construir tienen ahora mucho más poder de compra. Si la
situación se mantiene más o menos estable, el precio final de un departamento
en el que se viene invirtiendo desde el pozo bajará sensiblemente calculado en
moneda dura. El problema en este caso está más relacionado con los potenciales
compradores, al complicarse el acceso al crédito hipotecario.
Turismo emisor. El impacto por un dólar mucho más alto se empezará
a sentir en los próximos meses, ya que será mucho más costoso contratar un
paquete al exterior. La preocupación de las agencias se centra
especialmente en el verano, que saldrán a vender a partir de agosto. Las
grandes agencias mayoristas preparan importantes planes de cuotas y promociones
especiales con tarjetas para atraer al público y que la caída no resulte tan
significativa. Pero es uno de los sectores más afectados por el nuevo contexto.
Importadores: el negocio se les achica sensiblemente, al encarecerse
la compra de productos en el exterior. Aunque se trata de una actividad que
maneja márgenes de rentabilidad significativos, la caída del consumo volverá
muy difícil trasladar el aumento del costo al consumidor. Por eso, la lógica
indicaría que la balanza comercial deficitaria debería empezar a achicarse en
los próximos meses.
Tanque de nafta. Cargar combustible seguirá aumentando porque el
precio está librado y se mueve según el valor del crudo a nivel internacional y
el tipo de cambio. Por eso será cada vez más costoso llenar el tanque. El
acuerdo que había alcanzado el ex ministro de Energía, Juan José Aranguren, con
las petroleras era aumentar el precio del litro de nafta un 3% por mes a partir
de julio, luego del incremento de 5% este mes. Pero con la llegada de un
nuevo ministro seguramente se revisará si es conveniente o no mantener esas condiciones.
Hoy el precio de la nafta medida en dólares volvió a quedar atrasado, por lo
que cabe esperar fuertes aumentos.
Créditos hipotecarios. Los bancos tuvieron que sacar el pie del
acelerador ante la turbulencia cambiaria. Pero también explican que cayó
fuertemente la demanda, porque las propiedades (que están valuadas en dólares)
se volvieron inaccesibles para la mayoría de las familias. Ahora se requiere un
monto de préstamo en pesos que pocos están en condiciones de afrontar. Un
inmueble de 100.000 dólares cuesta ahora 2,8 millones de pesos, cuando hace un
año sólo valía 1,8 millones. Con 20.000 dólares iniciales, habrá que conseguir
el 80% restante, más de 2,2 millones de pesos de crédito. Por lo tanto, en los
próximos meses la expansión del sector será muchísimo más lenta que en el
último año y medio.
Tarifas de luz y de gas. El Gobierno reconoce que un tipo de
cambio más alto impacta en un aumento de los costos tarifarios. Esto ya impactó
en un aumento de los subsidios. Pero como el compromiso del acuerdo con el FMI
es que el público pague por lo menos el 90% de las facturas próximamente, la
única manera de hacerlo es avanzar con aumentos muy considerables, en
particular en el caso del gas. De todas formas, ya comenzaron las negociaciones
con las empresas para que éstas acepten ceder una parte de su rentabilidad (que
aumentó significativamente en el último año) para que la rebaja de subsidios no
impacte de manera tan directa en el usuario de Capital y Gran Buenos Aires.
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