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| Mercados: ¿por qué pasa lo que pasa? |
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29/06 - 08:41 Ambito Financiero |
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Algo
apesadumbrado, un funcionario reflexionaba anoche sobre la mala hora que le
toca vivir al Gobierno en cuanto a la situación financiera y económica del país. Sin perder la
esperanza de que el futuro desde el cuarto trimestre será venturoso y
evidenciará una recuperación de las variables que hoy le son esquivas al
Gobierno, el hombre se muestra algo enojado con el presente. Y, sin caer en
confusiones, cree que el momento actual tiene bastante de injusticia. Al
insistirse sobre cuál es el análisis de fondo por el que se cree en el
oficialismo que el país está sufriendo esta nueva oleada de la crisis
internacional, finalmente el funcionario se sincera. "Estamos sufriendo
los efectos de mostrar déficit fiscal y de la balanza comercial, del
gradualismo fallido, de la equivocación por fijar metas inflacionarias
demasiado optimistas, del desequilibrio en la balanza de pagos, la posible
recesión y la falta de una oposición racional. Pero lo más importante es que
estamos meados por un elefante". El lamento tiene su lugar en algunas
bibliotecas económicas. Algunos técnicos denominan el "efecto
elefante" al momento en que un gobernante sólo recibe malas noticias de
variables económicas exógenas o que no puede dominar. Duro y sintético, el
funcionario hace referencia a que gran parte de lo que le sucede al país es
fruto de una especie de mala suerte a partir de la suma de factores imposibles
de prever y de manejar; y que, todos juntos, hablan de una especie de tormenta
perfecta.
El hombre habla específicamente de la sequía que le hizo perder al país, según
números oficiales, no menos de u$s5.000 millones este año. De un precio de la
soja (principal producto exportador y, en consecuencia, fuente de dólares
sanos) a u$s316 la tonelada, cuando al final del Gobierno de Cristina de
Kirchner navegaba en los u$s410. Ni hablar de la comparación con 2008, cuando
la batalla con el campo fue por cómo se distribuirían los ingresos de la soja,
a más de u$s650 la tonelada. El funcionario menciona, además, un precio del
petróleo cercano hoy a los u$s73,5 el barril (el valor más alto desde 2014),
luego que en octubre del año pasado se decidió liberar el precio interno de las
naftas para lograr un "mercado normalizado". La historia muestra que
esa decisión fue uno de los principales efectos inflacionarios del primer
trimestre del año. Finalmente, se menciona como último eslabón del "efecto
elefante" al hecho de haber sido Argentina ascendida a mercado emergente
el jueves de la semana pasada, un día antes que Trump comezó a desplegar su
guerra comercial con China. Esta decisión, cuyas características fueron
comentadas ayer en estas columnas, desató una furia de los inversores
internacionales contra los mercados emergentes, a horas de haber comenzado el
país a militar en esa liga. En definitiva, Trump dejó a Mauricio Macri sin luna
de miel.
El análisis del momento de mala fortuna del Gobierno, que como todo período
negativo pasa con el tiempo, puede tener su lógica. Pero la mala hora actual
puede ser asumida sólo al "efecto elefante"? Moody's da una pista. En
su informe del miércoles, y al analizar la crisis financiera internacional de
esa jornada, menciona que Argentina ocupa un listado algo deprimente: el de los
mercados más castigados por las ventas de los operadores, compartiendo cartel
con Ghana, Turquía, Mongolia, Pakistán, Sri Lanka y Zambia. Por el contrario,
Moody's menciona como mercados que pudieron mostrarse con cierta fortaleza ante
la complicada hora a Indonesia, Malasia, Sudáfrica y dos vecinos: Chile y Colombia.
Lo que muestra la calificadora es que pese a los esfuerzos de las últimas
decisiones del Gobierno, comenzando por el acuerdo con el Fondo Monetario
Internacional y del favor de MSCI de ascender al país al grupo de emergentes,
Argentina no puede salir del listado de mercados poco recomendables para
inversores extranjeros. Y como consecuencia, cada vez que hay crisis de
confianza a nivel mundial, provocadas por la motivación que sea, los bonos de
deuda soberana y las acciones de sus compañías son de los primeros papeles en
ser vendidos. Aún a pérdida.
Para el Gobierno, todo se solucionará con el tiempo, al ritmo del cumplimiento
de lo pactado con el FMI, la mejora de las variables críticas (especialmente
los déficits comercial y fiscal), una baja gradual en la inflación y la certeza
de que el programa financiero internacional está cubierto. Sin embargo, no deja
de preocupar en los escritorios oficiales de alto nivel de decisión por qué
luego de la firma del acuerdo con el FMI las dudas no se despejan, y la
Argentina no sale del listado de países poco "market friendly" en el
top ranking de activos a vender. Un alto exfuncionarios de la primera etapa del
Gobierno actual, un empresario que figura en el top 10 de los más importantes
del país y un CEO de un banco privado que trabaja desde hace décadas entre los
primeros cinco en captación de depósitos tienen una visión original. Según los
tres actores que militan en el "círculo rojo", haber acelerado el
acuerdo con el Fondo (aunque no hubiera otra alternativa y sea el último
remedio para evitar males mayores) mostró fronteras afuera a un país más
vulnerable de lo que parecía a mediados de la corrida cambiaria y mucho más
expuesto a las crisis de confianza de lo que se mostraba hasta el primer
trimestre del año. Se interpretó, siguiendo esta visión, que en realidad el
país no estaba en condiciones de continuar peleando la batalla contra los
operadores que querían salir del mercado local con las armas que aportaban las
reservas internacionales; y que se había llegado al momento de llamar "al
séptimo de caballería" (según la definición del banquero), quizá antes de
tiempo. En otras palabras, y aunque ahora el recurso del FMI se lo considere
como la salida imprescindible, el llamado al organismo volvió a colocar al país
en el listado de Zambia, Ghana y Pakistán. Y lo peor para el ego de Cambiemos:
ubicó el riesgo-país en el mismo nivel de octubre de 2015, cuando gobernaba
Cristina de Kirchner en tiempos del cepo. Una situación que excede, y mucho, el
análisis del "efecto elefante".
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