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Por Iván Ruiz , Maia Jastreblansky y Hugo Alconada Mon - Tras la difusión de los Panama Papers , al menos 125 contribuyentes argentinos
blanquearon dinero, propiedades y otros activos por más de $ 3100 millones ante
la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), según surge de cientos
de correos electrónicos que esos argentinos intercambiaron con el estudio
panameño Mossack Fonseca y cuya copia obtuvo el Consorcio Internacional de
Periodistas de Investigación (ICIJ) que integra LA NACION.
Esos
correos electrónicos muestran que esos 125 clientes de Mossack Fonseca
decidieron aprovechar el "sinceramiento fiscal" que impulsó el
gobierno de Mauricio Macri, durante las semanas que siguieron a los Panama
Papers a mediados de 2016. Informaron cuentas bancarias en Suiza y en otras
guaridas fiscales, casas en Punta del Este y departamentos en Miami, entre
otros activos.
Las
inversiones reconocidas ante la AFIP por los usuarios argentinos de Mossack
Fonseca rondó los U$2 millones, por cliente, aunque se trata de una cifra
promedio preliminar. Porque sobre las más de 100 sociedades offshore vinculadas
a argentinos que ingresaron al blanqueo sólo la mitad detalló la cotización de los
bienes reconocidos.
Así, los
nuevos activos declarados ante la AFIP podrían superar los $4000 millones,
según las estimaciones más conservadoras. Y sobre esos activos, el Estado
argentino cobró una penalidad de entre el 5 y el 15 por ciento en concepto de
multa, a lo cual debe adicionarse el futuro cobro de tributos.
Pedidos a
Mossack Fonseca
Entre los
argentinos que se sumaron a la "exteriorización voluntaria" de bienes
figuran empresarios de distintos sectores, que aprovecharon la oportunidad para
ordenar sus cuentas con el fisco argentino ante la filtración mundial de la
operatoria offshore. No son figuras públicas ni personas políticamente
expuestas.
La mayoría
de esos clientes, según surge de los documentos analizados por el equipo
argentino de ICIJ, blanqueó sociedades uruguayas que controlaban una o más
propiedades en Punta del Este y que difícilmente declaraban de acuerdo a las
cotizaciones del mercado.
Algunos
empresarios, sin embargo, regularizaron más que eso. Algunos blanquearon US$ 6
millones, US$ 10 millones y hasta US$ 15 millones, aunque la gran mayoría
fluctuó en el rango de entre los 500.000 y el millón de dólares. La mitad de
los clientes argentinos, en particular, declaró cuentas que solían operar a
través de una offshore en bancos de Suiza o Uruguay.
Cómo pasó
en otros países, la irrupción de los Panama Papers complicó a inversores que
hasta entonces permanecían por debajo de los radares de los organismos
tributarios. Según reconstruyó el equipo argentino de ICIJ, la AFIP comenzó a
investigar, por ejemplo, a las 271 sociedades que habían facilitado algún
domicilio argentino.
En ese
contexto, los argentinos reaccionaron con un procedimiento que terminó por
repetirse una y otra vez: a través de los estudios uruguayos contratados como
intermediarios, le reclamaron a Mossack Fonseca la documentación
correspondiente para presentarse ante la AFIP y regularizar su situación.
Ante esa
requisitoria, el estudio panameño les envió a cada uno de los clientes
argentinos un comprobante en el que los identificó como los verdaderos
accionistas de las sociedades offshore, documento que se sumó a la tasación de
la propiedad del inmueble que pretendían blanquear o, en el caso de cuentas
bancarias, una constancia del monto depositado.
De esa manera,
los argentinos lograron dos beneficios. El primero, ordenar sus cuentas con la
AFIP, que para ese momento comenzaba a determinar qué argentinos podían ser los
dueños de ciertas firmas offshore que integraban los Panama Papers. El segundo,
reducir los impuestos a pagar ante una eventual venta de una propiedad
inmueble. Porque si esa venta se completa a través de una sociedad, el tributo
llega al 35% del valor del bien, mientras que si la operación la desarrolla una
persona física, esa alícuota se reduce al 1,5 por ciento.
La cifra
declarada en el formulario, sin embargo, no siempre coincidió con el valor de
compra real del bien. Una firma panameña, por ejemplo, declaró ante la AFIP ser
dueña de un "campo con mejoras" en Punta del Este por 571.000 dólares.
Pero los documentos de Panama Papers también revelaron la escritura de
compraventa de ese inmueble, un documento que permaneció en las sombras para la
AFIP. Allí consta que el campo costó, en realidad, U$S 975.000, casi el doble.
La
correlación temporal entre la difusión de los Panama Papers, que comenzó en
abril, y el anuncio del blanqueo, un mes después, por parte del Gobierno
también resultó determinante. Desde ese momento, Mossack Fonseca recibió
cientos de correos electrónicos, a menudo con una solicitud singular: antedatar
la documentación.
¿Por qué?
Porque la AFIP fijó el 22 de julio de 2016 como "fecha de corte" para
los activos a blanquear, aún cuando los formularios pudieron presentarse ante
el organismo por varios meses más, hasta marzo de 2017. Por ese motivo,
numerosos clientes argentinos solicitaron a partir de agosto, en octubre o
incluso noviembre de 2016 que desde Panamá antedataran el informe con el
detalle de sus bienes.
"Solicitamos
que estos cambios de accionistas se realicen con fecha anterior al 22 de Julio
de 2016, ya que debido a la filtración de información que han tenido nos vemos
obligados a entrar en un sinceramiento fiscal y es uno de los requisitos",
le reprochó a Mossack Fonseca un intermediario de empresarios argentinos en un
mail enviado el 7 de noviembre de 2016.
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