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Por Nicolás Litvinoff - La corrida cambiara de los últimos meses -que ahora
parece haber mermado gracias al
acuerdo con el FMI y la recategorización del país
como "mercado emergente" por parte del MSCI- dejó secuelas
importantes, como la fuga de capitales récord: se fueron 3.939 millones de
dólares en abril y 6.213 millones de dólares en mayo. También generó una enorme
incertidumbre en lo que refiere al costo de vida, puesto que nadie sabe
precisar cuánto de la devaluación de más del 50% anual se trasladará
efectivamente a precios.
Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de "fuga de
capitales"? En el imaginario social este término hace alusión a camiones
de caudales llenos de dólares estacionados en Ezeiza esperando vuelos que
lleven fronteras afuera los fajos, pero la realidad dista mucho de esa imagen:
hoy el dinero es fundamentalmente electrónico y se escapa más fácil de lo que
creemos.
Veremos a continuación qué significa esa fuga, qué formas suele adoptar
y cuáles son sus efectos sobre la economía doméstica.
Fuga de
capitales: definición y ejemplos
Lo primero a tener en cuenta es que la fuga de capitales no implica
necesariamente operaciones ilegales. Muchos inversores particulares o
institucionales y empresas fugan capitales de manera totalmente lícita,
declarando los envíos de dinero al exterior, sin infringir normas y
justificando esos envíos ante las autoridades pertinentes.
Por otro lado, en rigor, la fuga no necesariamente implica el traspaso
de las fronteras nacionales. Existe fuga "puertas adentro".
Lo concreto es que hablamos de fuga de capitales cuando las divisas son
retiradas del sistema financiero y, por ende, de la órbita del Banco Central y
los bancos comerciales del país afectado. Básicamente, se trata de dólares que
salen del circuito económico.
Para que quede claro el concepto, veamos algunos ejemplos:
1) Fuga de capitales por remisión de utilidades: Cuando una empresa
multinacional obtiene ingresos en el país por la venta de un bien o servicio y
luego cambia sus ganancias de pesos a dólares para girarlas a su casa matriz
está fugando divisas. Son dólares que se van del sistema financiero local. Esto
ocurre en todos los países del mundo donde las multinacionales se establecen.
En teoría, esos dólares que se van deberían ser compensados con otros que
ingresan las multinacionales de origen argentino cuyas filiales extranjeras
obtienen ingresos en los países donde se establecieron. También, con las
divisas que obtienen las firmas locales exportadoras.
2) Fuga de capitales por atesoramiento: Cuando un inversor o empresa
compra dólares para atesorarlos por fuera del sistema (guardarlos "debajo
del colchón" o en una caja de seguridad) se están fugando divisas. Aunque
no salgan del país, son dólares que dejan de estar a disposición del sistema
bancario.
3) Fuga de capitales por pago de intereses de deuda externa: Cuando el
Estado gira dinero a acreedores externos, incluidos el FMI y otros organismos
internacionales de crédito, está sacando dólares de la plaza local. Puede
discutirse si conceptualmente es una fuga, aunque los efectos dañinos para la
economía local -en especial, cuando esos pagos aumentan su proporción sobre el
PBI- nos permiten sumar estas operaciones a la lista de ejemplos.
Se supone que esa fuga de dólares responde a un préstamo mucho más
abultado recibido oportunamente. Sin embargo, la historia del capitalismo
indica que los deudores terminan pagando en intereses mucho más que el capital
obtenido en el acuerdo.
4) Fuga de capitales por turismo: Todo gasto de un turista argentino en
el exterior, ya sea en efectivo o con tarjeta de crédito, implica una fuga de
divisas. Es dinero que se va para no volver. Hay quienes salen con todo el
efectivo permitido (10.000 dólares por persona) para gastarlo en el exterior y
quienes explotan la tarjeta de crédito hasta el tope permitido por el banco
emisor del plástico.
5) Fuga de capitales ilegal a través de "cuevas": Las
casas de cambio no registradas suelen ofrecer el servicio de transferencias al
exterior por fuera de la órbita de control del Banco Central. ¿Cómo lo
hacen? Mediante "cruces" internacionales: La cueva tiene un
cliente A en el exterior que necesita traer dinero al país sin declararlo y un
cliente B en el país que quiere sacarlo sin que la AFIP se entere. Entonces, le
da instrucciones al cliente A para que le transfiera dinero depositado en el
exterior a la cuenta que B tiene fuera del país y, al mismo tiempo, recibe el
dinero físico de A, que termina en las manos de B. Como es de esperar, se
queda con una comisión por la gestión. La operación en sí no demanda salida de
capital. Sin embargo, para que pueda tener lugar, previamente A sacó divisas
del circuito financiero.
6) Contado con "liqui": Es una operatoria bursátil muy
difundida entre los operadores y totalmente legal. Un inversor que tiene
cuentas abiertas en sociedades de bolsa el país y EE.UU. compra acciones o
títulos públicos en el mercado local y luego le pide a su agente de bolsa que
se los transfiera a su cuenta en el exterior. Solo es posible con activos
que coticen tanto en la bolsa Argentina como en la de los EE.UU. (en acciones
se los conoce como ADRs).
Conclusión
La fuga de capitales tiene efectos muy nocivos. Más aún para países como
el nuestro que encuentra dificultades a la hora de obtener divisas y fomentar
la inversión privada en la económica. Volviendo al presente, debemos decir que
en un contexto de confianza -aunque sea moderada- una devaluación como la
que acabamos de experimentar debería desalentar la fuga de divisas puesto que:
1) Las tasas de las Lebacs en
pesos treparon al 47% mensual, lo que eleva los incentivos para
vender una parte de los dólares "revaluados" y colocarse en pesos, al
menos por un tiempo.
2) El tipo de cambio alto
(dólar caro en pesos) desincentiva los viajes al exterior por
mayores costos e incrementa el turismo interno y el arribo de turistas
extranjeros, puesto que nos hemos vuelto un país más barato en moneda
extranjera.
3) El desfasaje temporal que se produce entre la devaluación y el
impacto en los precios (concepto conocido como pass through)
estimula a inversores con divisas en el exterior o "debajo del
colchón" a reingresarlo en el circuito económico para aprovechar su
mayor poder adquisitivo y reactivar, por ejemplo, la compra de insumos para la
construcción.
La clave pasa ahora por desalentar las expectativas devaluatorias. Si
los agentes económicos creen que la suba del dólar continuará en el segundo
semestre al mismo ritmo que en el primero, solo accederán a pasarse a Lebacs u
otro tipo de inversión en pesos si la tasa superara largamente el 50% anual,
algo inviable en el tiempo para una economía que necesita reactivar su
producción y sus niveles de consumo.
Como se observa, la devaluación, el préstamo del FMI y la
recategorización de la Argentina como
"mercado emergente" pueden ayudar a frenar la
preocupante y creciente fuga de capitales, si y solo si el Gobierno logra bajar
las expectativas inflacionarias y devaluatorias para el segundo semestre el
año.
Las medidas implementadas desde la semana pasada parecen ir en ese rumbo
y los resultados deberían comenzar a observarse una vez que concluyan las
vacaciones de invierno. Por el bien de la economía, esperemos que así sea.
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