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Por Juan Diego Wasilevsky - "Las retenciones no se tocan",
les garantizó el presidente Macri a los referentes de las principales entidades
que conforman la Mesa de Enlace.
Con esta promesa, dejó en claro que el Gobierno respetará a rajatabla el
acuerdo que prevé la desgravación paulatina de los derechos de
exportación a la soja, quitándole entidad a la propuesta que había
acercado el ministro Dujovne, de dar marcha atrás con la medida en tiempos de
ajuste fiscal.
Con satisfacción, los dirigentes nucleados en la Sociedad Rural,
Federación Agraria, Coninagro y CRA, le retribuyeron la decisión asegurándole
que el campo iba a protagonizar una de las mejores
campañas de la historia.
Se trata, sin dudas, de música para los oídos del macrismo, que está
padeciendo tanto por la escasez de dólares como por los menores pronósticos de
crecimiento económico.
De la ya descartada lluvia verde que se prometía en un comienzo se pasó
a un escenario en el que altos funcionarios pugnan por imponer restricciones al turismo
emisivo y a las compras con tarjeta en el exterior. Todo un síntoma del
cambio de época.
Desde consultoras como la de Orlando Ferreres advierten que detrás de la
tensión cambiaria se encierra el gran problema de la economía argentina:
el flagelo de la falta de dólares.
Argumentan que esto obedece a una combinación de "bajas
exportaciones, un escenario global algo tóxico para los países emergentes,
ciertas dudas sobre la marcha de la economía argentina y un desgaste de la
credibilidad en el Gobierno y el Banco Central".
Y agregan que el acuerdo con el FMI calmará las aguas en el corto
plazo, pero que no contribuye en reducir la vulnerabilidad externa de
Argentina.
En materia de credibilidad, la responsabilidad puede achacársele al
macrismo. Pero en materia de generación genuina de divisas, es cierto que esta
administración tuvo la mala fortuna de toparse con una sequía histórica,
que diezmó la oferta exportable.
Las ventas al mundo permanecen casi estancadas, mientras que el déficit
comercial se disparó un 150%, hasta alcanzar los u$s4.700
millones durante los cinco primeros meses del año. Esto, en gran medida, como
consecuencia de una seca que destruyó 20 millones de toneladas de
soja.
Además, el golpe climático significó el freno del círculo virtuoso de
las economías regionales: se vendieron menos camiones, pick-ups, maquinaria
agrícola, fertilizantes y agroquímicos.
Por la revancha
Ahora, todo apunta a que el campo le dará una gran revancha al
Gobierno, especialmente luego de que los referentes rurales se llevaron de la
cumbre con Macri la promesa de que se sostendrá la baja progresiva de las
retenciones a la soja.
Este incentivo junto al salto de la divisa, cambiaron notablemente
las proyecciones que maneja el sector.
Según el último update trazado por Agritrend, una de las consultoras más
respetadas del sector agrícola, la nueva campaña que recién se está
iniciando –en base a la superficie que se prevé cultivar- está arrojando
un valor de exportación de u$s30.550 millones.
Esto implicaría u$s6.700 millones por encima del valor del
ciclo que ya concluyó, equivalente a un salto de casi 30%.
"El sector encara la nueva campaña con ímpetu renovado y se prevé
un incremento del área sembrada, con una inversión del sector de más
deu$s10.000 millones", plantearon desde el Centro de Estudios de la Bolsa
de Comercio de Rosario.
"Las expectativas están firmemente puestas en el próximo ciclo
esperando dejar atrás una campaña 2017/18 que arrojó un saldo muy negativo para
la producción primaria argentina", completaron.
Del informe de Agritrend se desprende que los mayores aportes al
crecimiento del ingreso de divisas provendrán de:
-Maíz en grano: se prevé que genere casi u$s5.200 millones, un 56% más
que el último ciclo.
-Soja en porotos: la proyección apunta a u$s3.120 millones, con un
salto interanual de casi 150%.
-Aceite de soja: los u$s3.360 millones implicarían un
incremento del 37%.
-Harina de soja: con u$s12.150 millones, se espera un incremento de
las exportaciones del orden del 16%.
Salto de la producción
El ciclo que recién está arrancando promete ser la campaña de los récords,
según plantean desde diversas entidades.
Para empezar, la BCR proyecta que el área total sembrada en Argentina
alcanzaría una marca histórica de 37,2 millones de hectáreas, un
millón por encima de lo que efectivamente pudo ser implantado el ciclo
anterior.
En paralelo, el estudio de la consultora Agritrend prevé un escenario
con una producción de granos récord, en torno a las 133,4
millones de toneladas.
Se trataría de la mayor marca de la historia, que superaría en más
de 34 millones al ciclo anterior (alza del 35%), cuando a la peor sequía en 50
años le siguió un período de lluvias intensas y extendidas en plena época de
cosecha, lo que determinó una producción de 99 millones de toneladas, según la
BCR.
Además, esta marca que ahora apunta a lograr el agro implicaría un nivel
33% superior al promedio registrado durante las últimas diez
campañas.
"Con un dólar a casi $30 y ya superadas la sequía y las
inundaciones, vemos que ahora hay muchísimo movimiento. Esperamos un boom
de siembra y un gran interés por los fondos", afirmó Guillermo
Villagra, director de la firma OpenAgro, especializada en inversiones
agropecuarias.
En cuanto a los cultivos "estrella", esde la Bolsa de Rosario
destacaron que se prevé una suba del 11% para la nueva siembra de trigo,
hasta cubrir un total de 6 millones de hectáreas, prometiendo ser "la
campaña más ambiciosa de los últimos 15 años de
Argentina".
"El factor económico vuelve a ponerse en línea con los interese
agronómicos y la necesidad financiera que tiene el sector. El trigo se destaca
con sus márgenes y puede ser la gran revancha de los productores que
han quedado mal parados por los malos resultados de la campaña de verano",
señalaron desde la entidad.
En cuanto a la soja, desde la consultora europea Oil World también
esperan una importante recuperación.
Según la BCR, el año pasado el área cultivada con la oleaginosa se vio
fuertemente afectada por las condiciones climáticas adversas, provocando que
"el área sembrada se ubique en el nivel más bajo de la década".
Para el actual ciclo, en cambio, también habrá revancha: se prevén
alcanzar las 18,5 millones de hectáreas. De concretarse, implicaría unas 600.000 por
encima del nivel anterior.
Motorizando el interior
Un punto clave de esta expansión es el fuerte efecto derrame que
este movimiento generará sobre las economías regionales:
Según la entidad rosarina, los productores y pooles de siembra estarán
destinando u$s10.000 millones como inversión para bancar el proceso
de siembra de los principales cultivos.
De ese total, un 20% se cubrirán con fondos propios, mientras que
el resto se financiará con crédito bancario o comercial,
provisto por los propios proveedores de semillas y agroquímicos.
"Los números cierran, pero dado que la campaña anterior fue tan
mala, el tema del financiamiento aparece como el mayor problema a
resolver", planteó Villagra.
Más allá de este punto, se prevé que uno de los sectores más
beneficiados será el del transporte por camión, que tendrá ingresos
por u$s3.200 millones.
"Sería un ingreso fundamental para generar una recuperación de un
sector como el camionero, que se vio seriamente afectado por los resultados de
la última campaña, al haberles faltado cerca de 25 millones de toneladas para
transportar desde chacra a los puertos", señalaron desde la BCR.
Esto implicaría también un espaldarazo para otros sectores, como
la industria de maquinaria agrícola, que este año viene
bastante golpeada por la baja de la demanda y las menores alternativas de
financiamiento, lo que pegó en la actividad de las fábricas.
Según un informe de IES Consultores, la producción de maquinaria agrícola sintió en carne propia
el efecto de la sequía: en el primer cuatrimestre se produjeron 6.550 equipos,
con una caída interanual del 1,1%, un cambio de tendencia frente a la expansión
de casi 29% del año pasado.
También mejorarían las perspectivas para el sector automotor,
a partir de un impulso en las ventas de vehículos comerciales livianos
y pesados.
Durante el primer semestre, los patentamientos de estas dos
categorías estuvieron prácticamente estancados en relación con el
mismo período del año anterior.
Sin embargo, el salto en la cantidad de toneladas producidas que apunta
a lograr el campo este año será una variable que jugará a favor.
El aporte del agro a esta industria es clave: según estimaciones de la
Bolsa rosarina, en un buen año para la soja como fue 2016, de las casi 20.000
pick-ups que se vendieron por encima de 2015, un 50% estuvo explicado por
el impulso del sector agropecuario.
La realidad es que los productores que pudieron hacer un pequeño "canuto" y
cuentan con granos en silobolsas hoy están en condiciones de contar con mayor
espalda a la hora de apalancar la próxima campaña.
Actualmente, cada tonelada de soja tiene un valor en el
mercado de $8.090. Esto representa un salto del 100% respecto de
los $4.000 que se pagaban en julio de 2017.
En términos comparativos, el año pasado se necesitaba el equivalente
a 103 toneladas del poroto para adquirir una Ford Ranger XL de
cabina simple, valuada en ese entonces en $414.200.
En cambio, el productor que quiera adquirir este mismo modelo de chata,
hoy tendrá que destinar apenas 66 toneladas, un 36% menos de
volumen, dado que mientras que la soja duplicó su precio, el valor de este
vehículo se encareció 29%.
Así las cosas, en medio de las malas noticias que viene arrojando la
economía en general, el campo estaría entregando un panorama mucho más
alentador de cara a 2019, un aspecto sensible considerando que se entrará en un
año electoral.
El banco Credit Suisse, de hecho, tomó nota de estas perspectivas y en
un informe sobre las proyecciones para la Argentina (fechado el 28 de junio)
los analistas plantearon que el nivel de actividad "debería fortalecerse",
en gran medida, por efecto del campo.
"La normalización de las condiciones climáticas y su impacto
favorable en las cosechas del próximo año debería ayudar",
pronosticaron.
La cumbre con la Mesa de Enlace culminó en sonrisas. Y en el Gobierno ya
palpitan los efectos positivos de un agro en expansión.
Claro que, para que el escenario sea perfecto, falta garantizar una
variable que, lamentablemente, nadie puede controlar: el clima. Por eso
ahora y más que nunca, Macri mirará al cielo, esperando que la soja le dé los
dólares que tanto necesita la economía.
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