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Por Enrique Blasco Garma - Desde siempre las autoridades insisten que
debemos pensar en pesos y condenan a los argentinos a la desventaja competitiva
de una moneda indeseada. En contraste, el BCRA mantiene en dólares sus activos
cobrables, lo mismo que los dirigentes políticos, económicos, sociales, y la
mayoría de los que viven en el país. Nuestra deuda pública está en dólares y
también nuestro comercio y operaciones con el exterior.
El peso actual equivale a 10.000.000.000.000 de los que circularon hasta fines
de 1969, cuando el dólar valía 350 pesos de entonces. De modo que los 28 pesos
por dólar de hoy se traducen en 280.000.000.000.000 de los de 1969. El que
tenía pesos se quedó sin nada. El peso se viene devaluando desde mucho antes.
Hace 100 años, en 1918, el dólar cotizaba a 2,25 pesos de aquella época.
Mientras el dólar mantiene la misma denominación, los mismos ceros, desde 1776.
Estas cifras miden la magnitud de la estafa de los gobernantes a los
argentinos. A eso la gente escapa refugiándose en una moneda confiable y
activos en el exterior. Si no podemos confiar nuestros capitales a los
políticos no debiera sorprender la pobreza abrumadora y nuestra decadencia
relativa.
La salida es clara. Los gobernantes exitosos son los que remueven las trabas al
progreso. El nuestro está obstaculizado por la exigencia de usar el peso.
Siendo realistas, debieran reconocer los deseos de los argentinos y facilitar
la dolarización demandada por la gente. Al menos, iguales condiciones para
utilizar el peso y el dólar libremente en todas las transacciones. Depositar en
bancos, prestar, comprar, vender, pagar en pesos y dólares con iguales
requisitos.
La corrida cambiaria es la decisión de gente angustiada para averiguar cuánto
valen efectivamente sus ahorros constituidos en pesos, ante la incongruencia de
nuestra moneda. Y la gente quiere medir en la moneda preferida, el dólar, que
es la estable y aceptable en todo el planeta. ¿Quién puede sorprenderse de la
preferencia por la moneda de EE.UU. ante la continua licuación de los ahorros
en pesos? La única razón de que sigamos utilizando el peso son las normas que
lo exigen y traban transacciones y el pago en dólares en nuestro país. En
verdad, el peso es un artificio en el que no creemos. Pero los funcionarios
exigen su empleo porque les da poder sobre nuestros patrimonios e ingresos. Lo
más sencillo y más contundente para afirmar la confianza en nuestras
instituciones y sistema financiero es adoptar la moneda más utilizada y
confiable del planeta, el poderoso dólar de EE.UU. Transparentar la realidad de
que los negocios, las transacciones y activos de los argentinos se constituyen
en dólares. De la misma forma que durante la mayor parte de la historia
empleamos el oro, cuyo valor estaba a salvo de los abusos de los gobernantes. Y
que utilizamos el mismo sistema de medidas internacionales que el resto del
planeta. En el libro "Dolarizar", 2001, desarrollo detalladamente las
ventajas de emplear el dólar en nuestras transacciones.
Las corridas no son necesarias. Se acabarían si el dólar fuera nuestra moneda
reconocida. En el caso de insistir en mantener el peso, las autoridades
debieran ofrecer comprar y vender dólares a una paridad estable. Ese
compromiso, sumado al cumplimiento de las metas fiscales, de no emitir dinero
para el Gobierno, y añadiendo la prohibición de emitir para otros créditos
internos, permitirían asegurar la paridad estable que nuestra gente reclama
angustiada. Una vez que tengamos una paridad previsible cesarían las corridas
cambiarias. Sin emisión, no habría pesos suficientes para comprar los dólares
del BCRA. Recordemos que cada venta de dólares contrae la cantidad de pesos en
circulación. El dólar no debiera incidir sobre los precios internos, intentan
engañarnos. Sabemos y comprobamos, cuando sube su valor, más costosos los
combustibles, gas, tarifas públicas, importaciones, repuestos, automotores,
precios de exportaciones y alimentos, pago de deudas, etc. etc. Hay otras
falsedades que repiten. A la Argentina le faltan dólares, nos aturden ahora. No
existe ningún país que le sobren dólares, un bien escaso en todo el planeta, su
cotización lo demuestra. Hasta los norteamericanos trabajan, pagan intereses y
cobran impuestos porque les faltan dólares. Nuestra dificultad es gastar más de
lo que producimos. Qué podemos hacer en tanto nos financien los excesos de
gastos. Si nadie nos financiara, o no gastáramos reservas o activos propios, no
podríamos gastar de más. Para mantener la economía funcionando los presupuestos
del Gobierno debieran mantenerse según lo anunciado. Ceder, concediendo financiamiento
a quienes reclaman, cobrar tarifas de servicios públicos inferiores a las
necesarias, o atender "necesidades urgentes", conlleva aflojar
algunas tensiones y urgencias al costo de empeorar mucho más las condiciones
del conjunto. Los actores sociales debieran reconocer: cada concesión a un
grupo determinado multiplica la caída de los ingresos del conjunto de los
argentinos. Y necesariamente aumenta la pobreza general.
Ningún barco en problemas de navegación se salva abriendo agujeros a la entrada
de agua para atender a los sedientos.
(*) Miembro del Consejo Académico Fundación Libertad y Progreso
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