Por Mariano Jaimovich - Es
la eterna pregunta de la economía argentina: ¿cuánto tiene que valer
el dólar?
Este interrogante da lugar a
decenas de informes de consultoras y a los acalorados debates entre economistas
quienes, a su vez, influyen en el comportamiento de ahorristas y empresas.
Para saber si está caro, barato o
en su precio justo, se recurren a múltiples referencias. Más aun en
momentos de crisis cambiaria.
Para algunos, un tipo de cambio razonable es el que
permite equilibrar el saldo comercial. Para otros, el que surge de comparar una
canasta de monedas.
Entre quienes creen que el
nivel de hoy día es el correcto (arriba de $28 y por debajo de $30),
está el nuevo ministro de la Producción, Dante Sica.
"El valor actual deja
cómodas a diversas actividades", dice el funcionario, seguramente
influenciado por cómo las economías regionales de perfil exportador recuperaron
competitividad cambiaria.
No faltan los que siguen
atentos la evolución del precio de la nafta como referencia, bajo el
argumento de que es un commodity que "avisa" si hayatraso cambiario.
Siempre, claro está, que el
mercado esté liberado y el Gobierno no ejerza influencia sobre este mercado. En
este sentido, el litro de súper cotiza a un valor muy cercano al rango
anunciado por Sica.
Otra cuestión seguida muy de
cerca por los analistas para "medir" al dólar es el nivel de fuga de
capitales que, por cierto, ya no puede ser financiado vía crédito externo.
El déficit de
la cuenta turística ronda los u$s10.000 millones
anuales y hace que el país tenga un rojo de 5 puntos en cuenta corriente.
Un gran interrogante entonces
es determinar qué nivel de dólar haría que los argentinos dejen
de viajar masivamente al exterior, hagan "explotar sus tarjetas"
fuera del país o reduzcan las compras de "dólar ahorro".
A todos los funcionarios les
queda claro que los más de u$s5.000 millonesque salieron en mayo en concepto
de viajes, turismo y por atesoramiento es un récord que no se puede
repetir.
Un indicador verde
Para saber cuánto debe valer el dólar "real" (es
decir, sin que el Gobierno lo atrase o aumente), están quienes comparan la
cantidad de dinero en circulación con la nivel de reservas.
Es decir, cuantos pesos hay dando vueltas en la
economía por cada billete verde (o "moneda dura") que los sustentan.
En la City se lo llama "dólar de convertibilidad".
Es cierto que desde la teoría
esta referencia puede ser objetada, pero también es verdad que los inversores la
tienen siempre presente.
A tal punto que a lo largo de
estos años fue tomado por muchos como parámetro para "medir" si la
divisa estadounidense estaba cara o barata.
Curiosamente, el paso del tiempo
ha ido demostrando que, tarde o temprano, su cotización siempre se acerca
a él.
Hablando plata:
- Hoy día, las reservas rondan los u$s61.000 M,
un nivel artificialmente elevado por la inyección de u$s15.000 M por parte
del FMI.
- Por el lado de los pesos, la base monetaria es de 1,1
billones
- Para algunos inversores, a
ese circulante se le debe sumar la "parva" de Lebac (1,054
billones), con vencimiento en el muy corto plazo
Calculadora en mano, ese
comparativo entre dólares en reservas (si bien no todas son
líquidas) y el circulante -más Lebac- da un valor de $35,3
Otro "termómetro"
que miran los inversores es el mercado de futuros para la divisa estadounidense
(Rofex). Para diciembre, se está pactando una cotización bastante
cercana: $34.
Para los que creen en el dólar de convertibilidad y observan
el precio actual del billete, la conclusión es clara: aún resta una
devaluación del 36%.
Algunos dudan de esta
referencia. De hecho, se ubica bastante por encima de las proyecciones de
economistas sondeados en el REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado), que
da cuenta de una cifra $30 para fin de año.
¿En equilibrio?
Hace tiempo que los economistas aprendieron que hay pocas cosas tan riesgosas
en su profesión como pronosticar el precio del billete verde en la Argentina.
Con todo lo ocurrido, nadie
arriesga un nivel de equilibrio. Pero lo que sí aseguran es que sería un
gran error por parte del Gobierno que se atrase frente a la
inflación.
"Hacia adelante, la clave pasa por no perder competitividad. Por eso
lo importante es que a lo largo del segundo semestre, suba en línea con el
resto de los precios de la economía", afirma a iProfesional Lorenzo
Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina.
Un punto de consenso es que la
volatilidad del mercado y los problemas cambiarios están íntimamente ligados
al déficit, que hace que el Estado tenga que tomar deuda para
cubrir sus gastos corrientes.
"Para el corto plazo, el
precio actual me parece relativamente adecuado. Pero no alcanza para
atenuar el rojo de la cuenta corriente. Se necesita que esté por arriba de
los $30", afirma a iProfesional Gabriel Zelpo, analista jefe de Elypsis.
No obstante, señala que nivel
de hoy día debe sostenerse por un tiempo al sólo efecto de llevar calma al
ciudadano de a pie y restablecer la confianza de los mercados.
Para Rodolfo Santángelo,
el tipo de cambio debe ser tal que
permita moderar el aluvión de argentinos haciendo
shopping por el mundo, que baje el nivel de importaciones y también el gran
caudal que se va por atesoramiento.
También afirma que en una
economía como la de Argentina, con inflación anual rondando el 30%, "los
$30 no pueden ser vistos como un techo".
En su opinión, el billete
todavía sigue en busca de un equilibrio. Y cree que la estrategia oficial (emitir
títulos públicos, subastar a diario u$s100 millones y mantener altas tasas en pesos), "si bien puede
ser útil, no es una solución de fondo".
Dólar y competitividad
Un devaluación del 40% en dos meses y medio claramente beneficia a varios
sectores de la economía, pero no es la única variable que entra en juego para
ganar mercados en el exterior.
En el caso del rubro textil, el
referente Mariano Kestelboim afirma a iProfesional: "Ajustar el tipo de cambio no
es suficiente, ya que hay otros precios que suben y complican a
la industria, como por ejemplo, el de las naftas. También los servicios se
encarecieron, al igual que los créditos".
En su visión, este tipo de factores no
permite recuperar competitividad de modo sostenido para exportar. Y, por el
lado del mercado interno, mucho no puede esperarse, ya que los salarios han perdido poder de compra.
Las Pymes tienen dificultades no
sólo para vender: también para mantener el capital de trabajo en
niveles adecuados o para financiarse con
bancos, a raíz de las altísimas tasas.
Todo esto forma parte de un contexto en
el que se advierten problemas en la cadena de pagos y en el que la cantidad de cheques rechazados se
duplicó en poco tiempo.
Con todo, este valor de dólar hace que muchos sectores "se sientan más
cómodos", como es el caso del agrícola, tal como indica Juan Manuel
Garzón, desde el IERAL, de la Fundación Mediterránea.
La corrida cambiaria de los últimos dos
meses dejó como saldo un tipo de cambio real casi 45% arriba del
nivel del 2015,
"mejorando la relación de intercambio con países como Brasil, China y
Chile, entre otros", indica a iProfesional.
Para Garzón, si el Gobierno logra
mantener este nuevo valor de referencia, "es de esperar que las exportaciones respondan positivamente y
que las importaciones se desaceleren, de manera que el rojo actual de la
balanza comercial pase, al menos, a un color más amarillo".
Para su colega del IERAL, Jorge Day, el tipo de cambio de estos días es el más competitivo de los últimos
ocho años, comparable al de 2010.
"La devaluación ha sido más fuerte
que la de 2014 y 2016, años en los que la inflación que vino después anuló los
efectos favorables para los exportadores", señala.
En su visión, esta vez el
comportamiento del índice inflacionario podría ser distinto; habrá que esperar
a ver si esto se corrobora en la práctica.
Por lo pronto, la cotización actual
resulta atractiva para varios sectores. Para el mediano o largo plazo, dependerá
de cuánto de la devaluación se trasladará a precios.
Es importante saber cuál es la visión
que tiene el mandamás del Banco Central, Luis "Toto" Caputo.
Por lo pronto, ya dejó bien en claro
que está cómodo con el nivel de hoy día y que no va a dejar que se
atrase. "No lo
podemos permitir", asegura.
Aspira a que el precio surja del libre
juego de oferta y demanda bajo un régimen de "flotación sucia": la
entidad sólo interviene cuando un hecho extraordinario hace que supere un
determinado techo o caiga por debajo de un piso preestablecido.
Los operadores en la City lo escuchan y
muchos de ellos le tienen fe. Pero, por las dudas, sacan la calculadora y se
fijan cuánto les viene dando el "dólar de convertibilidad".