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Por Francisco Olivera y Pablo Fernández Blanco - El ajuste le trajo
a Mauricio Macri un malentendido bilateral: por
restricciones presupuestarias , decidió postergar la
construcción de la represa Chihuidos, enNeuquén ,
y desencadenó perplejidad y cierto malestar en el gobierno deAlemania ,
que apadrina a Voith Hydro, una de las empresas que integran el consorcio que
pretende hacer la obra. Hace un año, durante una visita a Buenos Aires , la cancillerAngela Merkel había conversado con Macri sobre el
proyecto.
La iniciativa era ambiciosa y, desde la óptica macroeconómica, podría
ser considerada un anticipo de lo que está por venir en materia de obras
públicas. Con un diseño original que data de 1970 y nunca siquiera empezó a
concretarse, Chihuidos es una represa hidroeléctrica que requiere de una
inversión de 2200 millones de dólares, de los cuales el 85% debería ser
aportado por proveedores alemanes e italianos y garantizado por Euler Hermes,
la agencia de exportaciones de la administración Merkel, y el gobierno de Italia.
Era también una ilusión de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra),
que conduce Gerardo Martínez, un dirigente de buena relación con el
oficialismo: se suponía que la obra iba a incorporar a 3000 trabajadores
directos y a 7000 indirectos.
Pero los ajustes son crueles. Anteayer, a las 16, tres ejecutivos de
Voith llegaron sonrientes desde Alemania a una reunión en la Casa Rosada
con Gustavo Lopetegui , vicejefe de Gabinete, para
comunicarle que Merkel había tomado una medida que no ocurría desde 1999: Euler
Hermes había aprobado la posibilidad de garantizar un préstamo de unos 1600
millones de dólares para la construcción de la represa sobre el río Neuquén.
Los acompañaban el embajador alemán en la Argentina, Jürguen Mertens; el
gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, y representantes del resto de las
empresas del consorcio, como Juan Manuel Collazo, de Helport (la constructora
de Eduardo Eurnekian), y Gustavo Weiss, de Eleprint y presidente de la Cámara
Argentina de la Construcción. La otra integrante es Panedile, de Hugo
Dragonetti, que no estuvo en la reunión.
El entusiasmo les duró poco. Porque, apenas entraron, Lopetegui los
recibió con malas noticias. "No podemos empezar ni una sola obra
nueva", les dijo, y se explayó en las razones: como los préstamos para la
central serán pagados finalmente por el Estado argentino, el país no está en
condiciones de sumar gasto público a su compleja situación fiscal.
Lopetegui no es hombre de circunloquios cuando la realidad es amarga. Lo
afirman muchos de los empresarios que lo frecuentan y varios de sus compañeros
macristas. Anteayer volvió a ser directo. Por eso sorprendió a sus
interlocutores, que no terminan todavía de comprender cómo no se les pudo
anticipar el panorama para, al menos, evitar el viaje desde Alemania.
El origen del enredo es el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En un
principio, algunos funcionarios involucrados en el proyecto habían pensado que
tal vez se pudiera incluir la deuda contraída por la represa en lo que en la
administración pública se conoce como pasivo "por debajo de la
línea". Es decir, no contabilizarlo como gasto ordinario en las cuentas
nacionales.
Pero las conversaciones con el staff de Christine Lagarde , directora ejecutiva del Fondo,
fueron precisas al respecto: esa obra es gasto, guste o no.
A los alemanes les llevará tiempo entender lo que pasó. Ya venían con
dudas al advertir que, al contrario de lo que habían supuesto algunos de sus
interlocutores privados argentinos, no los recibía el presidente Mauricio
Macri, sino uno de sus colaboradores. Mucho menos esperaban escuchar que la
obra se postergaría.
Por eso Lopetegui empezó pidiéndoles disculpas. "Ustedes entenderán
que tengo que ser responsable", les dijo. "Van a tener que
explicárselo a nuestro ministro de Finanzas", contestó uno de los
ejecutivos alemanes. "Seguramente él sabrá entender", insistió el
funcionario, que les propuso a todos buscar alternativas financieras. Una de
ellas, dijo, sería que los préstamos queden en cabeza de Neuquén y que la provincia
encuentre algún esquema de repago, como podrían ser las regalías de Vaca
Muerta. O incluirla entre los proyectos del programa de participación
público-privada (PPP), la única expectativa fundada que queda en pie en el
sector de la construcción cuando se habla de obras públicas.
En cualquier caso, lo concreto es que Chihuidos deberá seguir esperando.
Hasta anteayer, antes de que Lopetegui aguara el entusiasmo emprendedor,
el consorcio contaba con unos 1600 millones de dólares garantizados por Alemania
y estaba a punto de sumar otros 400 millones que tramitaba con la garantía de
Italia. "Está muy cerca", dijeron a LA NACION en una de las
empresas. El Estado argentino debía además aportar un 15% del paquete total.
La jornada de ayer fue complicada porque, desde el mediodía, y hasta
que LA NACIONlogró hablar con tres de los que habían estado en la reunión
de la Casa Rosada, circulaban versiones encontradas. ¿Por qué se caía la obra?
Por la tarde, el Ministerio del Interior, cartera que conduce Rogelio Frigerio
y bajo cuya órbita está parte de las obras públicas (entre ellas, las
hídricas), emitió un comunicado en el que admitía el inconveniente sin dar
completamente por sepultado el proyecto.
"Se está estudiando la propuesta acercada por el consorcio, a la
cual aún le falta una parte del financiamiento -dice el texto-. Resta completar
esa documentación. Es una obra priorizada por el gobierno nacional y
fundamental para el desarrollo económico del país. El llamado a licitación
establecía que el consorcio debía acercar el financiamiento. Esa es la
información que falta: que el consorcio complemente una parte del
financiamiento. En esta instancia estamos. El consorcio adjudicatario tiene un
plazo para presentar la propuesta final de financiamiento. Ese plazo exiguo
está próximo a vencer. En caso de no cumplir el consorcio con los requisitos
establecidos, la obra de Chihuidos se volverá a licitar".
Historia inconclusa
La represa, pensada para una potencia instalada de 600 megavatios, tiene
una larga historia inconclusa. El proyecto original nació en 1970 por
iniciativa de Agua y Energía, empresa estatal que construyó casi todas las
represas en el país y que ya no existe.
El proyecto atravesó varias administraciones, financistas e impulsores
posibles. En 2008, en plena administración kirchnerista, fue parte de los
numerosos anuncios que hizo el entonces ministro de Planificación Federal,
Julio De Vido, que al igual que otros nunca llegó a iniciarse. En 2014, se
acordó que el financiamiento lo aportara un banco ruso, con el aval de Vladimir
Putin (con quien Eduardo Eurnekian tiene una buena relación).
Al llegar al poder, Macri la incluyó entre sus "proyectos de
inversión prioritaria", y al caerse la opción rusa se buscó el apoyo de
China, que finalmente tampoco prosperó. Pareció estar muy cerca de concretarse
el año pasado, durante la visita de Merkel. Pero la corrida cambiaria, la
devaluación y el ajuste fiscal de este año volvieron a postergarla. Pocas veces
una central eléctrica resulta tan elocuente de un momento económico.
Datos claves de un proyecto demorado
Ubicación del proyecto: Cerca de la ciudad de Zapala, en la
provincia de Neuquén, la represa se ubicaría sobre el río del mismo nombre
2200 millones de dólares: Es el presupuesto que demandaría la obra,
financiada por alemanes, italianos y el Gobierno
3000 empleos: Es la cantidad de puestos de trabajo directos que
demandaría la obra, según la Uocra
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