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Por Claudio Zlotnik - ¿Punto de inflexión o apenas un trance hasta
el próximo episodio? Por lo pronto, el punto es festejado en los despachos del
Palacio de Hacienda y del Banco Central. Refiere a que, de acuerdo a estimaciones
preliminares, las compras de dólares por parte de los ahorristas -lo
que comúnmente se identifica como los dólares que los argentinos guardan en el
colchón- cayeron a aproximadamente la mitadel mes pasado.
Después de un mayo exasperante -en el cual la corrida provocó compras
récord de billetes verdes por u$s4.290 millones, el mes de junio habría
cerrado en un rango de entre u$s2.300 y u$s2.400 millones.
Se trata de un número elevado pero que, al menos, marca una
interrupción en una dinámica creciente que parecía imparable.
A la espera de que ese dato sea confirmado por el Banco Central en su
próximo informe Cambiario, del lunes 23, lo primero que surge del dato de junio
es que se parece más a lo que sucedió a comienzos de año. Y que, esta vez
sí, lo peor ya haya pasado.
Para tener una idea: con la única excepción de febrero, en el resto de
los meses desde que empezó este 2018, la dolarización superó los u$s2.000
millones. Durante enero, trepó a los u$s2.270 millones; febrero: u$s1.362
millones; marzo: u$s2.247 millones y en abril, u$s2.095 millones.
La escalada en el nivel de dolarización se produjo en simultáneo
con el alza del tipo de cambio. Antes de fin de año, el billete verde cotizaba
a $17,50. La corrección de la meta inflacionaria -impulsada desde la Jefatura
de Gabinete- funcionó como la bandera de largada para llevar la fuga
de capitales a un extremo.
El flujo cambia de dirección
En materia de fuga de capitales, muy atrás parecen haber quedado los primeros
dos años de Macri Presidente. La dolarización promedio de 2016fue de u$s1.355
millones, mientras que la media del año pasado resultó de u$s1.859
millones. Visto así, en perspectiva, se entiende mejor el momento crítico por
el que atravesó la economía. Y que continúa atravesando.
Sin números oficiales todavía, la plana mayor del Banco
Central que comanda Luis "Toto" Caputo monitorea los
indicadores que deslizan desde los bancos. Los financistas observan que, en
lo que va de julio, la demanda de divisas vuelve a caer respecto
del mes pasado. Que después de un inicio álgido, por las acreditaciones de
los medio aguinaldos, de ahí en más la demanda se cayó, en sintonía con la
calma del mercado cambiario.
En el Palacio de Hacienda apuntan a que el nivel de
atesoramiento del sector privado (minoristas y empresas) se estanque
en el "piso estructural" de los últimos años. En torno a los
u$s1.500 millones mensuales.
"Hay un sector muy importante de argentinos que, pase lo que
pase, siempre compran dólares. En años como 2005; 2006 y 2007, con
un tipo de cambio que, a valores de hoy rondaba los $40,
atesoraban entre u$s6.000 y u$s7.000 millones. Con la crisis del
campo, en 2008, ese monto saltó y no disminuyó más", recuerda Pablo
Goldín, director de la consultora MacroView.
Precisamente, cuando durante el gobierno de Cristina Kirchner se
quedó sin dólares por la fuga de capitales, la ex mandataria eligió poner
el "cepo" antes que devaluar. En octubre de 2011, la salida
de dólares había escalado a los u$s3.000 millones. Fue el preludio de
la regulación de capitales.
La demanda de divisas no es la única variable dolarizada que
preocupa. En todo caso, es la más sintomática. Es como el termómetro. Mide la
temperatura de una economía a la que le faltan billetes verdes.
Pero una vez que la fiebre baja hay que enfocarse en los problemas
estructurales. La fiebre, que sería el tipo de cambio, se estabilizó en torno a los $28 en las
últimas dos semanas. Y esa quietud da el puntapié para monitorear el resto
de las variables que conforman la denominada "cuenta
corriente".
El turismo fue otro caño por el que las divisas se fueron
desde la Argentina en los últimos años, y que la devaluación parece poner
en línea con algo más sustentable.
Con el atraso cambiario, por el turismo, se fueron alrededor de u$s800 millones
mensuales en promedio, durante los últimos años. En 2017 se llegó al déficit récord de u$s10.600 millones.
Sin datos oficiales aún, se prevé un fuerte descenso de turismo hacia el extranjero tras la devaluación. Es lo
que permite interpretar algunos indicadores del sector.
Uno de los más relevantes refiere a la caída que experimentan
las reservas en pasajes de avión sacadas desde la Argentina.
Según los últimos datos de la consultora ForwardKeys -que
predice tendencias futuras de viaje-, las reservas en vuelos desde la
Argentina se redujeron 20% en mayo tras el desplome del peso.
Todavía no hay datos del mes pasado, pero estos indicadores son clave
para dar testimonio del comportamiento del público en el mes donde el tipo de cambio saltó de $20,50 a $25.
Según los datos de ForwardKeys, las reservas desde Argentina a otros
países latinoamericanos, que son los que tienen una mayor cuota del turismoemisor argentino con un 43%, cayeron en un 26,1% en
variación interanual, mientras que las reservas totales emitidas desde el país
se han visto reducidas en un 20,4%.
Esta pronunciada caída llega después de que la emisión de turistas desde
la Argentina registró un salto del 8,4% entre enero y abril de este
año.
En el mismo sentido, en las últimas semanas se detectó una
reversa en lo que sucede en las ciudades de frontera.
Mendocinos, misioneros y entrerrianos dejaron de inundar las calles
de Santiago, Encarnación, Salto, Paysandú y Fray Bentos. Y ahora son
ellos los que cruzan para abastecerse de productos y mercadería más barata del
lado argentino.
Un dato gráfico: según el Indicador de Precios Fronterizos, que
elabora el Observatorio Económico del Campus Salto de la Universidad
Católica del Uruguay, los precios de una canasta de alimentos y
productos para el hogar de la vecina orilla ya se encuentran, en
promedio, un 30% por encima de los vigentes en algunas localidades de
Entre Ríos.
En Paraguay, la consultora MF Economía midió que
las compras de argentinos en ese país durante mayo cayeron 39% durante
junio. Y la Cámara de Turismo de la ciudad de Encarnación dijo que
cantidad de argentinos de compras en esa ciudad bajó 40% el mes
pasado.
O la Cámara de Comercio chilena, que informó que las compras
de argentinos en los visitados shopping centers de Santiago cayeron nada
menos que 30%, tanto en mayo como en junio.
La lupa en el indicador clave
Lo que está claro es que la economìa argentina entró en una nueva fase. Y que,
en todo caso, la pregunta que deberá responderse con el paso de los meses
refiere a la velocidad del ajuste de la "cuenta corriente". Es,
en este momento, el indicador que más preocupa a los economistas, que recuerdan
la lección de la historia reciente: siempre los grandes ajustes fueron
consecuencia de un déficit infinanciable en la cuenta corriente.
Y ahí ya dependerá no solamente de la retracción del turismo al exterior o de la dolarización de los
argentinos sino también de la profundidad y duración de la recesión.
De esta última variable dependerá la caída en el nivel de importaciones,
que es otra de los demandantes de divisas.
El ministro Nicolás Dujovne, en diálogo con inversores de Wall
Street,adelantó que el rojo de la cuenta corriente, que terminó 2017 en
torno del 5,5% del PBI debería caer rápidamente al 3%. Por ahora, no
hay economistas de la City que se animen a tal pronóstico.
El caso más cercano de lo que puede suceder lo experimentó Brasil.
El país vecino tuvo un rojo de "cuenta corriente" del 4,2% en 2014.
Fue el máximo. En cuatro años se redujo a 0,6%. En el medio, y
devaluación mediante, la recesión hizo su trabajo.
La economía brasileña se contrajo 3,8% en 2015 y 3,6% en 2016. Nada
menos. Recién registró una leve recuperación del 0,8% en 2017.
Si este será el esquema argentino, nadie lo está avizorando todavía. El
Gobierno se muestra entusiasta sobre que habrá una recesión corta, de
una duración que no irá más allá de fin de año.
Pero falta para saberlo. Lo primero parece cumplido: la estabilización
cambiaria. Ahora viene el tiempo de saber en qué momento dejarán de caer y
se recuperarán los bonos de la deuda. Ese es el escenario requerido para
que dejen de salir los dólares de los inversores extranjeros.
Entre abril y mayo, los inversores del exterior se llevaron
la friolera de u$s7.000 millones, según el IIF (Instituto de Finanzas
Internacionales).
El partido todavía está en juego para la Argentina. Aunque el Mundial ya
sea un agrio recuerdo.
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