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Por Esteban Lafuente -
En tiempos en los que el Gobierno exprime cada partida para reducir el déficit , el Estado
acarrea un conjunto de empresas fantasma, compañías declaradas en liquidación
que devinieron virtuales sellos de goma sin actividad ni ingresos que año a año
le demandan millones al presupuesto público.
Desde los medios de comunicación (ATC, Télam) hasta los juegos de azar
(Lotería Nacional), el sector aerocomercial (Lafsa) o el negocio de los
seguros, estas compañías estiraron su disolución y consumieron más de US$173
millones del Estado en las últimas dos décadas.
Los medios estatales
Un caso es el de la vieja Argentina Televisora Color (ATC), que ya no
emite ni produce contenidos y este año tiene asignado un presupuesto de $1,3
millones. Nació en 1979 por disposición del gobierno militar que le asignó la
operación del histórico canal 7, cuya señal aún está bajo tutela estatal.
La empresa inició sus transmisiones en 1980, en la gestión de Carlos Menem se
reconvirtió en sociedad anónima y tuvo a Gerardo Sofovich como director.
Envuelta en iniciativas que
planteaban su privatización, en 1996 fue la primera empresa pública en
presentarse en convocatoria de acreedores , por una deuda que rondaba los
US$70 millones.
En 2001, el entonces presidente Fernando De la Rúa creó
el Sistema Nacional de Medios Públicos, que absorbió la operación del canal,
Radio Nacional y la agencia de noticias
Télam. En ese marco, el decreto 94/2001 firmado por De la Rúa
dispuso la disolución y liquidación de ATC.
En 18 años sin actividad,
ATC le demandó al Estado un total de $8,2 millones, equivalentes a
US$1,6 millones, según el relevamiento realizado por LA NACION a
partir de los balances publicados en el Boletín Oficial .
En 2017, la antigua compañía no tuvo ingresos pero le costó a las arcas
públicas $1.044.019. Para este año sus gastos de operación explicitados en el
presupuesto anual ascienden a $1,38 millones.
"El motivo central de los pagos a empresas en liquidación tiene que
ver con los juicios que tienen todavía esas firmas y se pagan con bonos en un
proceso que demora. Un juicio laboral en una empresa como ATC, por ejemplo,
lleva varios años y cuando sale la sentencia se paga en bonos. Son cuestiones
residuales pero que llevan mucho tiempo en cerrarse", explicó a LA
NACION Rafael Flores, expresidente de la Asociación Argentina de
Presupuesto (ASAP).
Además, debe consignarse el salario del liquidador, que representa la
mayor erogación. En 2015, por caso, el 65% del presupuesto asignado a ATC
($829.000) correspondió a la remuneración del entonces liquidador, Bernardo
Iturraspe.
Una historia similar es la de Télam, la agencia pública de noticias
que dispuso un ajuste de casi
el 40% de su plantilla . En 2001, su operación también quedó en
la órbita del Sistema Nacional de Medios Públicos y para ello se creó una nueva empresa (Télam
Sociedad del Estado) que absorbió todos sus activos.
En simultáneo, la vieja Télam Sociedad Anónima Informativa y
Publicitaria (Télam SAIyP) entró en liquidación para su disolución final, pero
el proceso se extendió hasta este año. Entre 2001 y 2017, y pese a no tener
actividad ni bienes, esta firma le generó gastos al Estado por $96,3 millones
(alrededor de US$20,1 millones), para sostener la estructura encabezada por un
liquidador, que llegó a contar con hasta cuatro empleados.
La historia de liquidadores de Telam SAIyP se inició con el contador
Alfredo Rubén Heredia, quien inició una serie de nombres que fueron
sucediéndose con los diferentes gobiernos. Ese recorrido incluye a Fabio Manuel
Trossero, un hombre cercano a Guillermo Moreno que, a su vez, fue representante
de Télam S.E. en Papel Prensa y escoltó al exsecretario de Comercio kirchnerista
cuando irrumpió violentamente en una asamblea de accionistas de esta última
empresa.
En 2017, la vieja Télam demandó $5,6 millones, mientras que el
presupuesto de la agencia operativa fue de $972,1 millones.
Para 2018, Télam SAIyP, en tanto, tiene asignado un presupuesto de $2,5
millones que será el último: la Resolución 779-E/2017, publicada en diciembre
de 2017 en el Boletín Oficial, dispuso finalmente la disolución final de la
antigua agencia.
El más reciente
La última empresa estatal en ser declarada en liquidación es Lotería
Nacional S.E., cuyo proceso se inició en febrero de
este año. Fue oficializado a través del decreto 95/2018, que
estableció que el Ministerio de Desarrollo Social, liderado por Carolina Stanley ,
estará a cargo de la disolución de esta empresa
"Los estados contables de la sociedad revelan que se encuentra
comprometido el principio de empresa en marcha", detalló el decreto que
dispone la liquidación de la firma fundada el 16 octubre de 1893 a instancias
del Congreso de la Nación.
Al momento de decidir su cierre, la firma cuya histórica sede está
ubicada en Santiago del Estero 126 había reducido su tamaño y solo operaba La
Grande de la Nacional y el célebre Prode, que fue
discontinuado.
En julio de 2017, el Gobierno oficializó la transferencia de un conjunto
de juegos (Loto, La Solidaria, La Quiniela, entre otros) a la Lotería de la
Ciudad de Buenos Aires, ente con competencia sobre los juegos de azar en el
ámbito porteño.
La aerolínea que nunca despegó
A Líneas Aéreas Federales S.A. le cabe, quizá mejor que a ninguna, el
mote de empresa fantasma del Estado. Se trata de una compañía
aerocomercial creada en 2003 por Eduardo Duhalde con el plan
original de ser privatizada. Nunca despegó.
"Dispónese la constitución de una sociedad anónima con vocación de
transitoriedad en la órbita estatal y hasta tanto se privatice", dice el
DNU 1238/2003 firmado por el entonces presidente Eduardo Duhalde el
21 de mayo de 2003 cuatro días antes de la asunción de Néstor Kirchner .
Según planteó el Gobierno entonces, la decisión de crear una nueva aerolínea
apuntaba a sostener la actividad del sector luego del cese de actividades de
Dinar y Lapa, que quebró en abril luego de 26 años de operación.
Al año siguiente de su creación, Lafsa recibió la aprobación para su
solicitud de rutas aerocomerciales, que incluían viajes hacia Salta, Iguazú,
Córdoba, Tucumán, Mendoza Ushuaia y las Islas Malvinas. Sin embargo, en seis años de aparente
actividad nunca un vuelo de Lafsa despegó en el país.
Seis años después, mediante el decreto 1672 del 2009, entró en
liquidación por decisión de Cristina Kirchner .
Inicialmente, ese proceso para el cual se designó a José Alberto Bidart debía
completarse en 180 días, aunque el Gobierno luego extendió los plazos, y
Lafsa siguió recibiendo dinero estatal hasta 2012. Ese año,
la aerolínea que nunca voló contaba con cinco empleados y un presupuesto de
$2,5 millones.
En los años que demandó su liquidación, Lafsa recibió fondos por un
total de $8 millones (US$1,9 millones).
La mayor liquidación
La liquidación más extensa y onerosa para el Tesoro fue la del Instituto Nacional
de Reaseguros (Inder). El proceso, que se extendió por 25 años,
comenzó en 1992 y se cerró finalmente en abril de este año, con una erogación
total estimada en US$150 millones.
Este organismo público, que había sido creado en 1952 en el segundo
mandato de Juan Domingo Perón, monopolizó por décadas el negocio del reaseguro,
hasta que en 1992, en el marco del plan de reforma del Estado impulsado por Carlos
Menem y Domingo Cavallo, se dispuso su disolución. Fue a través del decreto
171/1992, firmado por el entonces ministro de Economía, que habilitó así la apertura del mercado y el avance de firmas
privadas sobre el sector.
De acuerdo con esa normativa, fechada el 23 de enero, el Inder se
declararía disuelto en poco más de dos meses, el 31 de marzo de ese año, y su
cierre final estaría a cargo del liquidador Roberto Guzmán.
El proceso, sin embargo, se extendió por 25 años , y estuvo plagado de
polémicas y disputas entre el Estado y las compañías de seguro privadas. Estas
exigían que el Inder se hiciera cargo de una deuda por US$2000 millones, aunque
luego se demostró que ese pasivo era de US$500 millones.
La historia del Inder se cerró este año, cumplidos los 90 días que fijó
la resolución 743 publicada el 19 de diciembre de 2017 por el Ministerio de
Hacienda. En sus más de 25 años, el proceso incluyó a 19 liquidadores. Según
indicaron a LA NACION fuentes de Hacienda, el cierre del Inder
implica al Tesoro un ahorro de $60 millones anuales.
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